¿Qué hay en ese nombre nuevo?

enero 13, 2014

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Los nombres siempre han sido importantes, no sólo en la vida real sino también en la literatura. En más de una ocasión el destino feliz o desdichado de un personaje en una novela o en una obra teatral ha dependido en alto grado del nombre con que el autor lo ha bautizado. Me parece bien cambiar el nombre de una empresa, organización o persona, cuando existe un motivo legítimo para hacerlo o simplemente porque no nos gusta, ya que, como las suelas de los zapatos, los nombres también se gastan con el uso. Por mi parte,  al cabo de medio siglo de uso y maltrato, y por causa de tanta repetición, porque no lo entienden la primera vez que lo pronuncio, y a menudo ni la segunda, en ocasiones he sido tentado a cambiarme el nombre que me pusieron mis padres, con la esperanza de evitar tanta reiteración y que mi personaje en la novela de la vida tenga quizás un final más venturoso. Lo que ocurre es que no acabo de encontrar otro nombre que realmente me guste para mí. Claro, esto lo digo en son de broma, porque lo cierto es que, como la gran mayoría de las personas, estoy irremediablemente ligado psicológica y emocionalmente a ese sonido que he escuchado, no pocas veces mal pronunciado, toda mi vida: Guille, Jido,  Rigo, Ido, Uido, Gudo, Gaido ¡Guido, caramba! Sin embargo, este no parece ser el problema de tantas iglesias bautistas (y no bautistas) en la actualidad, porque se están cambiando, a diestro y siniestro, el nombre que han tenido con frecuencia desde su establecimiento. Lo curioso es que todas estas iglesias tienen en común una palabra “ofensiva” que invariablemente eliminan del antiguo nombre, la cual siempre las ha identificado como iglesia y con su particular denominación (aunque a veces dejen intacta parte del nombre antiguo).

Me divierte hasta cierto punto, por disparatada e inútil, esta tendencia actual de cambiarse el nombre de tantas Iglesias en Estados Unidos, eliminando el término bautista, como si esto fuera una fórmula mágica que les permitirá, en un intento desesperado más, renovar una imagen dañada, en algunos casos irreparablemente, lograr mayor aceptación de los integrantes de sus comunidades y de los creyentes de otras denominaciones, o al menos aparentar alguna medida de relevancia.

El vocablo “bautista” se ha convertido en anatema. Según algunas iglesias, esta palabra evoca imágenes de órganos de tubos, cultos formales y rígidos, y estrechez de criterio. Quizá ya no se utilicen órganos de tubos, ni se celebren cultos formales y rígidos en la mayoría de estas iglesias, no obstante, la estrechez de criterio, la incultura, la falta de vigencia y la mediocridad no se erradican con una mano de pintura y un rótulo nuevo con un nombre diferente.

Por otra parte, es necesario señalar que no existe ningún precepto bíblico que prohíba un cambio de nombre. Cada iglesia, por sí sola, al establecerse, debe determinar cómo ha de llamarse, y en el caso de una iglesia ya establecida, si ha de tener un nombre nuevo de hoy en adelante. Ahora bien, si una persona desea cambiarse el nombre, en la mayoría de los casos, legalmente, no se admiten aquellos que hagan confusa la identificación de la persona. Lo curioso, sin embargo, es que, a juzgar por los nuevos nombres de muchas de estas congregaciones, a menudo insulsos, ambiguos y genéricos como el de medicamentos más baratos, ahora no sabemos a ciencia cierta si se trata de iglesias, clubes sociales, hogares para ancianos, centros de rehabilitación, manicomios, moteles o cementerios; ¿o serán a estas alturas la misma cosa? Veamos algunos ejemplos: Christ Journey, Family of God, Peace Community, Fellowship at Two Rivers, Fellowship of Forest Creek, Living Faith, NorthRidge,  North Hills, North Point Community, Graceway, CrossWinds. ¡El colmo sería que una iglesia bautista (si a estas alturas no lo ha hecho ya más de una) se cambiara el nombre y decidiera llamarse The Fellowship of the Ring o The Return of the King!

En definitivas, ¿qué hay en ese nombre nuevo? A la luz de lo antes dicho, es innegable  que ese nombre nuevo, ese cambio cosmético, es fundamentalmente fruto de una estrategia de transformación de imagen y propagandística, en gran medida por un afán contemporizador, en la que las iglesias en cuestión se dan a la desatinada y fútil tarea de colar el mosquito y tragarse el camello, con tal de sacudirse el lastre del nombre antiguo y a menudo los vínculos denominacionales, tener más amplia aceptación y llevar, como suelen alegar, el mensaje del evangelio a mayor número de personas. Este proceder es parecido al de la persona que se empeña en poner curitas sobre una herida profunda que requiere de un torniquete para detener la hemorragia y de intervención quirúrgica. De todos modos, nos consta que numerosas de estas iglesias, como University Baptist Church en Coral Gables, Florida (actualmente Christ Journey),  hace mucho tiempo ya habían dejado de ser bautistas en doctrina y práctica. De modo que el paso lógico para las mismas era eliminar también el nombre.

En resumidas cuentas, el cambio de nombre con la resultante eliminación de la identidad denominacional, es una tendencia postmoderna generalizada en Estados Unidos, en la espiral descendente rumbo al ecumenismo y la descafeinización del cristianismo de los últimos tiempos, porque los bautistas no son el único grupo que ha estado lidiando hace tiempo con el asunto del nombre denominacional.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.


El arte y la cultura en la vida del creyente

noviembre 12, 2013

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La mayor parte del arte creado por creyentes en la actualidad es mediocre, en el mejor de los casos. Esta declaración fue válida hace cuarenta años y, lamentablemente, lo sigue siendo en la actualidad. La preeminencia artística de los hijos de Dios en siglos anteriores ha quedado en las páginas de la historia. La literatura escrita por creyentes, en particular la ficción, a menudo carece de calidad, autenticidad y de la rica textura de la vida real. ¿Por qué? Primordialmente, porque sus autores continúan empeñándose en emplear los diversos géneros literarios mayormente como herramienta evangelística para “alcanzar” a aquellas personas que suponen hostiles al evangelio si se valen de otros métodos de acercamiento. En la iglesia y en la vida cotidiana del creyente promedio prevalecen la superficialidad y el sentimentalismo barato, la falta de conocimiento bíblico y de cultura general, y la adicción a la pantalla chica, el actual opio del pueblo. En otros términos, podemos decir sin temor a equivocarnos, que el pueblo de Dios hoy en día es adicto a la mediocridad.

   Por otra parte, la ignorancia a menudo nos impide apreciar, no sólo la importancia, sino también el talento otorgado por Dios y el esfuerzo humano en las artes. Como consecuencia, el creyente se priva de un caudal formidable de enriquecimiento y experiencias culturales.

   El auténtico cristianismo no es una mera subcultura que subsiste aislada en una burbuja eclesiástica.  Se trata de una relación personal con Cristo y a su vez de un sistema total de vida. Jesús es el Señor. ¿Qué significa esto? Significa que es amo de toda nuestra vida y de todo en nuestra vida: cuando nos sentamos a la mesa a comer, cuando practicamos un deporte, cuando escribimos una carta o un relato, cuando leemos; también durante las horas laborales y las de descanso.  Quiere decir, además, que Jesús es Señor del arte y la cultura. Entonces, ¿por qué a menudo cuidamos con esmero y desarrollamos únicamente la vida devocional y eclesiástica y dejamos al garete, como jardín estéril, otros aspectos importantes de la vida, como el intelecto, el lado estético, la cultura? Las artes juegan un papel importante en nuestra comprensión del mundo y no es necesario que sean precisamente tratados evangelísticos, teológicos o devocionales para comunicar o mostrar verdades y seamos enriquecidos como personas. Con demasiada frecuencia el mensaje implícito del cristianismo, incluso de los sermones dominicales, ha sido que un creyente en Cristo no debe convertirse en actor, compositor, pintor o novelista. A menudo nuestro cristianismo fracasa en la capacitación de los creyentes para que jueguen un papel dinámico en la cultura fuera de las puertas de la iglesia. Tenemos propensión a los extremos: o nos aislamos en nuestra burbuja eclesiástica como ascetas posmodernos, o perdemos nuestra identidad permitiendo que la cultura popular se meta en el santuario, dirija nuestros cultos y por ende rija la totalidad de nuestra vida.

   El “consumo” de arte del creyente promedio es casi nulo. Lo peor de todo es que la lectura de ficción, como el consumo de cualquier arte con fines no evangelísticos o devocionales, para muchos creyentes es una pérdida de tiempo. Según los mismos todo lo que necesitamos saber respecto a cualquier asunto de la vida se encuentra en La Biblia. Lo demás es superfluo. Esta lamentable conclusión se basa principalmente en el hecho de que la mayor parte del arte (inclusive el de mejor calidad) lo crean los no creyentes, de manera que exponerse al mismo, deducen, podría perjudicar nuestra salud espiritual.

   El arte tiende a indicar más que a contar. Miguel Hernández, poeta y dramaturgo español, dijo: “El verdadero arte no debe mostrar, sino evocar”. Hay cristianos, inclusive pastores, que creen firmemente que los creyentes deben escribir sólo acerca del cristianismo y principal o exclusivamente para creyentes. Se equivocan los que así piensan. La primordial preocupación del artista no debe ser el pronunciamiento de criterios en torno a la condición humana, ni la elaboración de un comentario acerca de los tiempos. El creyente que desea escribir, no importa cuál sea el género literario que elija, debe hacerlo con percepción divina en lugar de escribir exclusivamente acerca de religión o cristianismo. Además, la lectura de buena literatura no es un simple pasatiempo de mujeres, porque se trata de la historia de la experiencia de la humanidad. La literatura posibilita el acceso a un mundo diferente. El erudito alemán Dietrich Schwanitz, en su excelente libro titulado La cultura, provee una concisa y valiosísima definición de literatura: “La literatura es el arte de escribir la historia en forma de vivencias y experiencias personales”. De manera que si deseamos comprender nuestra propia cultura, no existe mejor herramienta para lograrlo que la literatura. Acerca de la literatura, concretamente sobre la importancia de la novela, Dietrich Schwanitz afirma en el libro antes citado: “En este sentido, la novela es única. Nos ofrece algo imposible en cualquier otro género artístico y en la realidad: ver el mundo desde la perspectiva de otra persona y, al mismo tiempo, observar su experiencia”.

  El arte proporciona la oportunidad de conocer otra manera de ver el mundo. Lamentablemente, pocas personas (incluso creyentes y líderes cristianos) están interesadas en enriquecer su cultura. La persona culta invariablemente se distingue por la avidez de instruirse y la sed de saber. Y estas dos cualidades las he visto brillar por su ausencia, tanto en la iglesia como fuera de la misma. La persona culta, además de la Biblia, conoce las grandes obras literarias. Quien no las conoce, no es culto. No obstante, hay quienes piensan que sólo con respirar el aire de una biblioteca, en la que casi nunca entran, o el de una librería, donde entran poco (hoy menos aún, porque las librarías tradicionales están desapareciendo), pero nunca en busca de buena literatura, se les pega el conocimiento que contienen sus libros. Quizá algunos de ellos, como dijera el novelista uruguayo Juan Carlos Onetti, no son cultos pero están enterados. La mayoría, lamentablemente, ni siquiera esto.

   El cine forma parte de la cultura actual. Hay mucho que aprender y disfrutar del buen cine. Y no es necesario convertirse en cinéfilo para apreciar la riqueza filmográfica universal que tenemos a nuestra disposición. La persona culta no tiene por qué ocultarle a nadie sus conocimientos del séptimo arte. Sin embargo, la cultura no se despliega como si fuera una bandera. Por eso la persona verdaderamente culta no hará ostentación de la misma. La cultura es como la humildad: si la tienes no la ostentas; si la ostentas, no la tienes. No se es culto para que los demás nos aplaudan.

   En lo que a la lectura de buena literatura se refiere, la iglesia es con demasiada frecuencia predio desolado e infecundo. En mi artículo titulado Televisión y decadencia, publicado en El Nuevo Herald el 22 de mayo de 2011, dije que “el mundo está dividido en dos grupos: los que leen y los que no leen. Desafortunadamente, los que leen son una minoría”. A continuación cito íntegramente uno de los párrafos de mi referido artículo, porque viene al caso:

    “El mercado de los libros está en crisis. En Estados Unidos, el decreciente número de librerías en este panorama sombrío continúa librando una valiente batalla para impedir, o al menos retardar, su desaparición. El aumento de la venta de libros electrónicos a nivel mundial y el fácil acceso a las librerías en línea, han agudizado esta crisis, pero no la han causado. Según las estadísticas, la verdad incuestionable es que cada día se venden menos libros y periódicos. El público en su mayoría no recurre a los periódicos y a los libros para informarse e ilustrarse, sino a la televisión y a Internet”.

   Los desconcertantes datos provistos por encuestas recientes en torno a la lectura en Estados Unidos, reafirman mis anteriores conclusiones. En Estados Unidos, primer mercado editorial del mundo, el 34 por ciento de las personas conservadoras nunca lee. Sólo el 5 por ciento de los que se consideran lectores afirma haber leído obras exclusivamente de ficción. Para rematar, el 50 por ciento de los adultos no posee siquiera la capacidad fundamental para disfrutar la lectura de un libro con nivel de octavo grado. El 70 por ciento de los adultos hace cinco años que no entra en una librería. El 80 por ciento de las familias estadounidenses no compró ni un solo libro el pasado año. El 42 por ciento de los graduados universitarios jamás volverá a leer un libro. Si este es el desconcertante panorama en Estados Unidos, ¿esperamos que sea mejor en los países hispanohablantes? (Datos provenientes en parte de Read Faster, Reading Stats).

   Finalmente, en nuestras iglesias no debe marginarse el talento artístico (esto es tema para otro artículo), sino concedérsele espacio y canalizarlo, sin forzarlo a convertirse, desnaturalizándolo, únicamente en una herramienta evangelística.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito de autor.

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The New Flickr: Success or Failure?

mayo 29, 2013

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On May 20th, 2013, Yahoo’s flickr launched a new User Interface. I was surprised by the unannounced changes, as were the vast majority of my flickr contacts.

For the past week I’ve spent all the time I could spare reading the posts in the Help Forum, every single article and comment I could find online about the new flickr, and talking to my flickr friends, from numerous countries, regarding the changes. Opinions expressed on the articles are divided. However, the overwhelming majority of comments I’ve read from flickr members are against the changes. Most flickr users I’ve talked to don’t like the changes. They don’t think that the new User Interface is an improvement in functionality and aesthetics. I must agree with them. Some, fed up with flickr, have even deleted their accounts with hundreds and even thousands of photos uploaded, tagged and organized in sets and collections through the years. A daunting and time consuming amount of work. It’s no secret that we all have a tendency to reject change, particularly, and rightly so, when it doesn’t work for us.

 During my perusal  online and through flickr, I noticed that throughout the past week photographer Thomas Hawk has become ubiquitous: he keeps appearing anywhere and everywhere where there’s a discussion about the new flickr, only to praise and defend the changes with unquenched zeal, and in almost every occasion I read his posts or comments, he is attempting to vilify the multitudes that are voicing their dissatisfaction, disappointment and frustration with the overreaching changes, not only to the User Interface, but also to flickr’s core business model and strategy.

Evidently, there’s nothing wrong with civil discourse to get one’s point across and defend what is considered right. What makes me suspicious is the vehemence in defending, all over the web, the business decisions of a company he doesn’t work for, the same one that in the past has even, in his own words, blacklisted him from Explore, and excluded him from the Help Forum. I will give him the benefit of the doubt hoping that this is not simply a self-serving tactic, or a self-promoting scheme. I don’t want to lose respect for the photographer I have as a contact, whose photos I frequently admire and fave. That being said, in all honesty, Thomas Hawk is mistaken when he affirms that “much of the criticism is being rallied by a small group of vicious haters in the help forum who shout down and attack anyone who expresses a positive opinion of the changes.” On the contrary, I have found that most of the criticism is coming from serious and decent flickr members (I know many of them) who not only have the right to dissent but also consider it a responsibility to voice their opinions when they aren’t happy with changes or with anything else about flickr they consider negative, unpleasant, offensive or impractical.

There are two basic aspects in any discussion about the recent frickr changes; one is practical, the other aesthetic.

Practical aspect

Currently there’s no reason to pay for a flickr account when you can have the same features and advantages of a Pro account with a free one (except for stats and the absence of ads). New users will sign up with a free account. Having stats available and ads removed from their pages is not sufficient incentive to pay $50 annually for an account. Veteran Pro users, like me, will most likely cancel their paid accounts or not renew them when they expire, particularly when you don’t upload high res images and the need for more space is not an issue. (Anyway, I do not trust any image hosting site with my high res images. In my opinion, it’s really astonishing that any serious photographer does, even though it’s none of my business what anyone does with his images.) With the new design, even the Pro symbol is gone! Now it’s practically impossible to tell who has a paid account and who doesn’t. Of course, the ads on your photostream (more aptly, photo collision) will give you away!

This is precisely what Yahoo wanted. Now they expect from flickr an ever growing number of pages with ads to increase revenues. With a totally ad driven flickr, the rapidly diminishing paying members will eventually disappear or be minuscule, and matter even less. Yahoo expects Flickr to be successful because of ad sales, not as a consequence of its paying customers. This is the result of a new business model and a shift in strategy. After all,  it’s a business, and if you think Yahoo really care about you or what you think regarding the new flickr, I have news for you! They want a new and “hip” crowd to increase quickly. With the availability and proliferation of smart phones, “everyone is a photographer now”, according to LA Times columnist Robert Latchman, just like everyone became a writer with the advent of the blog era just a few years ago! Of course, if you believe that, then the new flickr (and what it will become) is for you.

Aesthetic aspect

The cosmetic overhaul has been partial. It will probably be comprehensive in the near future. That being said, it seems to me that the artistically challenged designers at flickr have never attended well curated art galleries or photography exhibitions. Most photos don’t look good with a black background. You don’t frame most photographs, if any, with black mats or lump them together (as flickr has done with the photostream page) as if they were a collage! It’s unpleasant, claustrophobic, distracting and it detracts from the art work, unless that is the effect you set out to achieve in the first place! I’ve framed many works of art and photographs; nevertheless I don’t remember putting a black mat on any of them, or hanging them on black walls. With the new flickr, photos with black backgrounds don’t end where you wanted them to end!

 Space, white breathing space, is of the essence! The black background should be a viewing choice, like before, not a fixed feature imposed on members. The operative word here is choice! Flickr needs to be flexible and provide more options, not less. Yes, innovate and modernize, but stay away from imitating or emulating others at the risk of alienating a significant portion of its users.

Whether we like it or not, flickr’s recent changes are here to stay. Flickr will ultimately fix all the bugs and persevere in making the changes work for them to accomplish their objectives, according to their new business model and strategy. In the end, if we still dislike the look, feel and functionality, we will need to either adapt of move our tent someplace else.

However, calling everyone who disagrees with the changes “haters of change”, as photographer Thomas Hawk keeps doing, is not only ridiculous and unwarranted, but also disrespectful; it diminishes the credibility of the accuser and puts him on the same level with the vitriolic minority that he so fervently is trying to discredit.

Finally, only time will tell if the new flickr business strategy (which can also be considered a business gamble) will succeed. If it backfires, it could be the end of flickr.

Guido F. Castellanos

This article may not be reproduced in its entirety or in part without the written permission of the author.


Newtown Massacre and Gun Control

diciembre 27, 2012

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Stricter gun control laws or even the banning of all guns wouldn’t have stopped the Newtown Massacre or prevent other tragic events like it from happening. Why? Because guns are not the problem. You don’t ban cars just because people are killed in car accidents or by drunk drivers. The 911 al Qaeda terrorists used small box cutter knives instead of guns to hijack the airplanes they boarded, and later used the aircrafts as weapons to kill three thousand people, without firing a single shot. You don’t ban knives and airplanes just because criminals decide to use them as mass murder weapons. Unfortunately, criminals will always find a way to get guns, even if responsible and law abiding citizens are denied the right to own them.

Gun control doesn’t translate into safer states and cities and it doesn’t prevent mass murders. Economist John Lott cited a sobering statistic: “With just one single exception, the attack on congresswoman Gabrielle Giffords in Tucson in 2011, every public shooting since at least 1950 in the U.S. in which more than three people have been killed has taken place where citizens are not allowed to carry guns.” The facts do not lie: Mass shootings in the U.S. today are no more common than they have been in past decades. Furthermore, mass murders declined from 42 in the 1990s to 26 in the first decade of the 21st century. Statistics show that guns were responsible for only 52 percent of the 25 deadliest mass murders in the 20th century. Fires ranked first as murder weapons and knives a close third to fire arms.

Remember the “Batman Murders” in an Aurora, Colorado movie theater on July 20th, 2012? Did you know that law abiding citizens (even with permits) were not allowed to carry their weapons into the theater? The Cinemark Theater was the only one that banned concealed handguns carried by law abiding citizens. That was the theater the killer chose. The shooter knew he didn’t have to worry about encountering others with guns to resist him. Everyone knew that guns weren’t allowed in that theater. Do you really believe that if the shooter knew that others in the theater had guns he would have done what he did without encountering any resistance? Things would probably have turned out differently if just one citizen carrying a gun would have been in that theater. Once again, the law abiding citizens obeyed the law and the criminal did not. The result: 12 people died and 58 were injured. No gun control legislation would have prevented this tragedy from happening.

These cowards almost invariably go after people who cannot defend themselves, like school children, in “gun free zones”. You don’t see them going face to face against police officers or armed guards. They go for the easy prey in places where they know they will encounter little or no resistance. Richard Mack, a former Arizona sheriff says that “preventing any adult at a school from having access to a firearm eliminates any chance the killer can be stopped in time to prevent a rampage.” If criminals know you have no weapons for self defense, it’s much easier for them to decide to break into your home or work place, rob you, hurt you and even kill you. We cannot allow our government to take away our Second Amendment right to own and carry arms. The right to “keep and bear arms” is as important as our right to free speech and of religion. However, that is exactly what left wing politicians intend to do if we let them, including our present administration. Barack Obama and Michael Bloomberg are gun control advocates; however, they have armed guards protecting them round the clock. So, gun protection for the political elite and not for the people?

Finally, because criminals will always manage to get guns, we should not be defenseless against them. That is why we need to send them a strong message that we have guns, know how to use them, and will use them to protect ourselves and our families from them. Gun control would only make it easier for criminals and cowards like Adam Lanza to hurt and kill innocent people. We need to identify these criminals and deal with them before they are able to commit these atrocities, because gun control will never stop them.

Guido F. Castellanos

© Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso escrito del autor.


El enemigo dentro de las puertas

noviembre 14, 2012

La mayoría de las comunidades cerradas no son más seguras que las abiertas.

A pesar de que la mayoría de las personas quiere vivir en comunidades seguras y los propietarios de viviendas desean  proteger su propiedad y aumentar el valor de las mismas, lo cierto es que la instalación de puertas automáticas de seguridad sólo proporciona una falsa sensación de seguridad, ya que la mayoría de los vandalismos, allanamientos de moradas y robos los cometen individuos en sus propias comunidades. Los ladrones suelen introducirse en casas  que, o bien ya han visitado, o donde conocen a sus ocupantes y su rutina diaria. El malhechor a menudo vive muy cerca de usted. El enemigo contra el cual se supone que las puertas provean protección,  con mayor frecuencia de lo que nos imaginamos, vive dentro de esas puertas. Las estadísticas lo demuestran. Los registros policiales lo confirman. La experiencia de las personas que viven dentro de las puertas lo corrobora.

Muchas personas creen erróneamente que la instalación de puertas de seguridad  incrementará el valor de su propiedad. De hecho, en algunos casos lo contrario puede ser cierto: las puertas disminuyen el valor de las viviendas más cercanas a las mismas. La ubicación, el tamaño del lote, los metros cuadrados de una vivienda y la calidad de la construcción determinan su valor y la medida en que la misma aumenta de precio, pero sobre todo la ubicación. Por ejemplo, si usted vive en una comunidad suburbana donde las viviendas están vendiéndose por un promedio de 120.000 dólares, las puertas de seguridad pueden atraer a algunos compradores, ya que proporcionan una sensación de exclusividad y privacidad, sin embargo, lo más probable es que no contribuyan a aumentar el valor de la propiedad, especialmente si la comunidad no está bien mantenida y en la misma hay varias casas con ejecución hipotecaria.

Lo cierto es que la mayoría de las comunidades cerradas no son más seguras que las abiertas. El acceso restringido provisto por las puertas automáticas puede constituir una barrera psicológica y un elemento disuasorio para algunos, pero el criminal perseverante e innovador encontrará una manera de entrar. Por eso es que instalar una garita con un guardia  24 / 7, a pesar de ser la opción de seguridad más costosa para una comunidad, ofrecerá la mejor protección, ya que las puertas automáticas no son difíciles de franquear, y el criminal puede colarse siguiendo a un residente. Y si el delincuente no vive dentro de esa comunidad, es posible que conozca a algún inquilino de la misma. Puede ser que usted se sorprenda al enterarse de que algunos en su comunidad incluso han vivido durante algún tiempo en un tipo muy exclusivo de comunidad cerrada: la cárcel. Asimismo, los guardias que hacen las rondas en el interior de una comunidad a menudo no proporcionan la protección que la comunidad requiere, porque no están bien entrenados (o no lo están en lo absoluto) y se les paga poco. Una cosa es cierta: la seguridad de una comunidad es tan efectiva como las personas que la proporcionan. Según la policía, la vigilancia vecinal ha demostrado ser uno de los modos más eficaces para disminuir la delincuencia y unir a la comunidad.

Hoy en día muchas personas están hartas de tantas restricciones (las puertas automáticas son sinónimo de restricciones e  inconvenientes principalmente para los residentes, no para los criminales) y cada día hay más compradores que evitan a toda costa adquirir viviendas en comunidades regidas por asociaciones y con puertas automáticas. Las ventajas de vivir en muchas de estas comunidades, donde las viviendas son relativamente baratas y las puertas no pueden interpretarse como un signo de lujo y de estatus social, no son suficientes como para justificar los costos. Con el tiempo, los costos de mantenimiento de las puertas automáticas por sí solos pueden convertirse en una carga financiera demasiado pesada para una comunidad. Por otra parte, las comunidades cerradas de clase alta y media alta proporcionan distinción y constituyen un símbolo de estatus para sus residentes. Como beneficio agregado, las puertas y los guardias pueden proveer cierta protección y una mayor sensación de seguridad, y es probable que aumenten en cierta medida el valor de las viviendas. No ocurre lo mismo con las propiedades de inferior valor de la mayoría de los residentes de una ciudad.

No obstante, en cualquier comunidad cerrada una falsa sensación de seguridad puede convertirse en uno de los peores enemigos de sus residentes. En resumidas cuentas, siempre conviene tener presente que es probable que el criminal viva dentro de las puertas, e incluso que sea su vecino de al lado. Las puertas automáticas y las murallas no ofrecen ninguna protección contra los delitos cometidos por los propios residentes.

Guido F. Castellanos

© Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso escrito del autor.

 

 


La nueva tolerancia

mayo 9, 2012

La nueva tolerancia

El diccionario de la Real Academia Española define la tolerancia como “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. La definición tradicional de tolerancia nunca incluyó la noción de aceptación. El concepto de tolerancia en Estados Unidos proviene de las creencias judeo-cristianas de sus fundadores. Se trata de una tolerancia que promueve el respeto y la protección de los auténticos derechos de los demás, inclusive los de aquellos con quienes estamos en desacuerdo o que son evidentemente diferentes a nosotros. Esta tolerancia tradicional, en la práctica, fue la que permitió que los cristianos, junto con personas que no lo eran, lucharan por la abolición de la trata de esclavos en Inglaterra y Estados Unidos. La puesta en práctica de esta concepción tradicional de tolerancia en la vida cotidiana nos permite vivir en paz con los demás, aceptar a familiares, vecinos, y compañeros de estudio y laborales, a pesar de su raza, creencias, nacionalidad o sexo; y nos permite, además, aprender de otras culturas y de personas de distinto trasfondo religioso y cultural.

En la actualidad, no obstante, la tolerancia ya no es sólo el respeto de las ideas, las opiniones y las prácticas de los demás, sino también la aceptación de las mismas. De manera que la nueva tolerancia trasciende el respeto de los derechos ajenos y exige la alabanza y la aprobación de las  creencias, los valores y el estilo de vida de la otra persona— con la excepción del cristianismo tradicional, al cual se le considera la fuente principal de intolerancia en el mundo. ¿Por qué? Porque se niega a aceptar y a concederles el mismo valor a conceptos, creencias y estilos de vida que no concuerdan con sus enseñanzas. De modo que cualquier persona que se niega a aceptar los conceptos, las creencias y el estilo de vida de otras personas, es señalada como intolerante, prejuiciosa, de mentalidad estrecha, extremista y fanática. Pero hay más: cualquier persona que sencillamente cree que existen verdades absolutas y que hay creencias y comportamientos correctos y otros que no lo son, será  tachada de intolerante. En una cultura donde predomine la nueva tolerancia, se perseguirá la expulsión de la fe cristiana de la vida pública y el confinamiento de la misma a la vida privada del ciudadano.

Debemos respetar y aceptar a nuestros semejantes. Mas esto no significa en modo alguno la aprobación de sus creencias, opiniones y estilo de vida.  Sin embargo, esta aprobación, para sus adeptos, es el distintivo de la “auténtica” tolerancia. Y para que las nuevas generaciones la practiquen sin el menor estorbo, es preciso enseñarles que las verdades absolutas no existen. Lo lamentable es que la persona que no cree en verdades absolutas carece de habilidad para discernir entre el bien y el mal, y por ende termina aceptando la falacia de que cualquier creencia, conducta o actitud, sea de quien sea y venga de donde venga, posee el mismo valor y merece el mismo respeto y aceptación que la de los demás.

En el actual sistema educacional público estadounidense parece que el único concepto religioso que vale la pena recordar es la nueva tolerancia. Por eso no debe sorprendernos que  la misma sea el tema dominante del currículo. La alarmante afirmación de un alto funcionario del capítulo de la Asociación Nacional Educativa de New Hampshire, deja bien en claro el papel que debe jugar la nueva tolerancia en la enseñanza escolar: Si los niños vienen a la escuela con valores diferentes a los que se les enseña en la escuela, los maestros deben alentarlos a descartar las enseñanzas que reciben de sus padres.

¿Qué les parece? No es de extrañar que haya tantos niños confundidos y que estén aprendiendo poco y mal en esta atmósfera enrarecida por la nueva tolerancia. Los maestros ya no son pedagogos sino trabajadores sociales a quienes no se les permite enseñar ninguna asignatura sin pasarla antes por el filtro descafeinante de la corrección política y la nueva tolerancia.  La historia ya no es historia, porque el revisionismo y la corrección política la han convertido en propaganda. La historia se reescribe con una agenda ideológica bien defina de antemano que sirve de pauta, según el momento y las necesidades de un grupo determinado. La verdad no tiene preeminencia en este proceso revisionista y cuando se convierte en un obstáculo de cualquier índole,  se  hace a un lado. Y en este punto preguntamos, ¿en qué país del mundo se enseña una historia nacional que produce un sentimiento negativo en los alumnos acerca de su propia nación? En Estados Unidos. La fallida filosofía educacional imperante en las escuelas públicas estadounidenses, regida por la nueva tolerancia, está causando la frustración y el desencanto de  muchos maestros con vocación, capacidad y experiencia que laboran en el sistema escolar público, lo que trae como lamentable consecuencia la deserción de no pocos de ellos, resultando en mayor perjuicio de la ya empobrecida calidad de la enseñanza escolar.

Una de las consecuencias nefastas de la nueva tolerancia es la pérdida de las convicciones. Para que una persona posea convicciones, es necesario que esté convencida (y valga la redundancia) de que lo que cree es verdad. Pero si esa persona considera que todas las creencias y estilos de vida de los demás son tan válidos como los suyos, ¿qué convicciones podrá tener respecto a sus propias creencias? Por otra parte, aceptar la nueva tolerancia como filosofía de vida significa admitir que lo que uno cree no tiene mayor valor que cualquier otra “verdad”, entonces no existe verdad alguna que valga la pena defender, y ni hablar de morir por la misma. De manera que uno queda a merced de las opiniones personales. Por eso es que, según la nueva tolerancia, todo el que es inflexible en sus creencias y da a conocer sus convicciones es un fanático. Esto pone de manifiesto el problema fundamental de la nueva tolerancia: su propia intolerancia.

En un mundo postmoderno donde cada día hay menos personas que creen en las verdades absolutas y en el que la ambigüedad lingüística y el relativismo moral campean por su respeto, no es de extrañar que se adopte, no sólo una nueva y más conveniente definición de tolerancia, según las nuevas y siempre cambiantes normas morales y éticas, sino que impere el revisionismo histórico, y que a lo bueno se le llame malo y viceversa. Ese es el torcido, políticamente correcto, “tolerante” y peligroso mundo en que nos ha tocado vivir.

Guido F. Castellanos

El Nuevo Herald (Miami, Florida) se negó a publicar este artículo. De más está explicar por qué.

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.


Televisión y decadencia

agosto 11, 2011

Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.      Groucho Marx 

 La prosperidad material y el avance tecnológico constituyen armas de doble filo que es imperativo saber manejar, de lo contrario pueden arrastrarnos a la decadencia espiritual y cultural, y por ende dar pie al anquilosamiento creativo. Lamentablemente, esta decadencia o desculturización de la sociedad es una realidad actual, gracias, no en pequeña medida, al narcótico más adictivo y de más amplio consumo en Estados Unidos y en todo el mundo: la televisión. La cultura audiovisual de la televisión representa todo lo que la auténtica cultura no es. La persona que busca estímulo intelectual y enriquecimiento cultural, no los hallará en la televisión sino en la buena literatura.

La televisión nos entretiene—y esta es una función válida—y a veces puede hasta instruirnos. Sin embargo, ¿cuánto tiempo pasamos idiotizados por las superfluas y a menudo degradantes tramas televisivas ideadas para nuestro consumo? ¿Somos conscientes de todo el tiempo que hemos perdido hablando de lo que sucede en la televisión, en la mayoría de los casos inconsecuente? ¿Cuántas horas hemos malgastado embobados por una retahíla de culebrones, telenovelas a menudo genéricas,  siempre políticamente correctas y descafeinadas? No en balde al televisor se le llama acertadamente la “caja del idiota”.

La decadencia de la sociedad en todo aspecto y la corrección política han contaminado a la televisión quizá más que a ningún otro medio. Los antihéroes se multiplican como los conejos. La claridad moral ha sido reemplazada por la ambigüedad. En la guerra sin cuartel de los ratings, se apunta a lo más bajo para llegar a mayor número de televidentes. Así, la hedionda marea de vulgaridad continúa su ascenso. Y es que la virtud por excelencia en este espléndido mundo posmoderno— donde las verdades absolutas no tienen cabida, el revisionismo histórico es norma y el razonamiento lógico y el discernimiento fundamentado en el bien y el mal han sido tirados por la borda— es la bendita “tolerancia” de todos y de todo.

Es cierto que no todo lo que nos llega a través de la pantalla chica es nocivo. Sin embargo, quizá uno de los mayores peligros de la televisión es la pasividad de la televidencia, la cual daña la capacidad de abstracción, porque mediante el continuo bombardeo de imágenes, nos lo entrega todo masticado y semidigerido. La televisión es, además, enemiga a muerte de la lectura y la reflexión, ya que nos convierte en espectadores pasivos y nos va formando una coraza de indolencia cada vez más gruesa e impenetrable.

La cultura que debe concernirnos y formarnos es la del libro. La cultura popular de la pantalla chica, superflua y  vulgar, es una agresión continua e inmisericorde contra el pensamiento y contra el conocimiento que verdaderamente enriquece. Aun en el actual mundo en que priman las imágenes televisivas, la cultura está primordialmente ligada a los libros, puesto que las imágenes televisivas no pueden transmitir cultura ya que el sentido de lo comunicado está íntimamente ligado al medio de la comunicación. Esto se debe a que la comunicación de la televisión es parecida a la de la realidad, en la que la voz, los gestos, el lenguaje corporal y las emociones,  junto con otros factores, hacen posible la transmisión del sentido. Sin las imágenes (el medio) la comunicación del significado se hace imposible. De ahí la capital importancia del hábito de la lectura.

El insustituible hábito de la lectura

El mundo está dividido en dos grupos: los que leen y los que no leen. Desafortunadamente, los que leen son una minoría. Las estadísticas recientes sobre la lectura en Estados Unidos, el primer mercado editorial del mundo, no son alentadoras: El 50 por ciento de los adultos carece de la capacidad para leer un libro con nivel de lectura de octavo grado; El 42 por ciento de los graduados universitarios nunca más leyó un libro después de su graduación; Sólo el 5 por ciento de aquellos que se consideran lectores dice haber leído obras exclusivamente de ficción. No en balde en Estados Unidos se han debilitado los vínculos y referencias culturales comunes, y es evidente el empobrecimiento del acervo cultural de la sociedad.

En un hogar donde los adultos no acostumbran a leer, es sumamente difícil que un niño adquiera este insustituible hábito. De manera que quienes no leen o leen sólo cuando están obligados a hacerlo, puestos a escoger, siempre optarán por la pantalla chica. Por eso quien no logra superar su aversión a la lectura jamás podrá ser un buen estudiante, y mucho menos una persona culta, ya que las riquezas de la cultura estarán siempre fuera de su alcance.

Para empeorar aún más las cosas, hoy tenemos el lenguaje escrito en la modalidad del “texteo” telefónico, casi carente de gramática, que no es más que una desintegración del idioma en el que lo único que subsiste es el vocabulario, y para colmo abreviado, en detrimento de la buena ortografía.

El mercado de los libros está en crisis. En Estados Unidos, el decreciente número de librerías en este panorama sombrío continúa librando una valiente batalla para impedir, o al menos retardar, su desaparición. El aumento de la venta de libros electrónicos a nivel mundial y el fácil acceso a las librerías en línea, han agudizado esta crisis, pero no la han causado. Según las estadísticas, la verdad incuestionable es que cada día se venden menos libros y periódicos. El público en su mayoría no recurre a los periódicos y a los libros para informarse e ilustrarse, sino a la televisión y a Internet.

No obstante, la buena literatura nunca pasa de moda, ni es, como algunos piensan, un frívolo pasatiempo de mujeres. La buena literatura ha sido y seguirá siendo la fuente primaria de la verdadera cultura. Por eso es que los libros, cuando hemos aprendido a escogerlos,  a valorarlos y a invertir tiempo y esfuerzo en su lectura, son amigos fieles, pacientes y sabios que enriquecen nuestras vidas como tal vez ninguna otra cosa puede hacerlo.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.

Publicado en El Nuevo Herald el 22 de mayo de 2011,  Televisión y decadencia


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