
El ser humano es la única criatura que devuelve muchísimo más de lo que toma de la naturaleza (salvo los parásitos comunistas).
Cuando se aproxima la celebración del Día del Planeta Tierra, los liberales, izquierdistas y políticamente correctos medios noticiosos (por desdicha, casi todos) exhortan a los ciudadanos a usar menos el automóvil y a montar más bicicleta, para contribuir menos al recalentamiento global y más a la preservación del planeta. ¿De manera que en Estados Unidos vamos a comenzar a abandonar nuestros automóviles y el transporte público, por inadecuado que éste sea, para ir al trabajo y a otros sitios en bicicleta, o sea, regresar a la época de las volantas? ¡Qué proposición tan infantil y absurda, por no decir risible! La Cuba actual, entonces, debía ser un ejemplo para todo el mundo, pues el uso de las bicicletas se ha proliferado a todo lo ancho de la isla, porque el país ha retrocedido hasta convertirse en una de las naciones más pobres del mundo. ¿A quién se le ocurriría imitar a los chinos, quienes se están convirtiendo a pasos gigantescos, a pesar de sus millones de usuarios de bicicletas, es uno de los mayores contaminadores ambientales del mundo? ¿Qué otras absurdas ideas proponen los ideólogos ambientalistas para los países desarrollados, las cuales ellos mismos no están dispuestos a cumplir? ¿De veras pensamos que podemos afectar el clima y causar una reducción significativa de temperatura mundial disminuyendo las emisiones de CO2?
Es necesario enfrentar con la verdad el alarmismo de los ideólogos ambientalistas y la risible idea de que el calentamiento del planeta es producido por el hombre, especialmente por las emisiones de CO2. El CO2 no es un contaminante, sino un gas esencial para la vida del planeta tierra. Las plantas no podrían subsistir sin CO2 y nosotros tampoco. El clima mundial jamás ha sido estable, sino que siempre ha cambiado por diversos motivos, y ha habido períodos, mucho antes de que el ser humano produjera CO2 mediante la combustión de hidrocarburos, en que el clima ha sido más cálido que ahora, como durante el Imperio Romano y en la Edad Media.
Ya se sabe con casi total certeza cuánto va a cambiar el clima durante el próximo siglo (y será bastante poco), pero decir algo así no es noticia sensacionalista de primera plana, ni consigue subsidios millonarios. Además, el que estudie a fondo este tema, llegará a la conclusión de que en la actualidad las aguas (mares, ríos y lagos) están mucho más limpios que en el siglo pasado, la reforestación del planeta continúa, y se plantan más árboles de los que se cortan, las ciudades que típicamente se han caracterizado por la contaminación o el “smog”, cada vez están menos contaminadas (no que no les falte mucho camino por andar), y la población del planeta, aunque ha seguido aumentando, cuenta con la mayor producción de alimentos de toda la historia, en mucha menor cantidad de terrenos cultivables, debido a los adelantos científicos, técnicos y al advenimiento de la era de las computadoras. Hoy en día hay más abundancia de recursos naturales que hace 100 años, pues el ser humano, con el recurso más valioso que existe, su intelecto, ha podido adaptarse a todos los cambios y salir adelante, desmintiendo así a los pesimistas y alarmistas de la ideología ambientalista moderna, que siempre predican destrucción para la humanidad. La historia del hombre siempre ha echado por tierra todas estas predicciones cataclísmicas y teorías falsas de las ideologías ecopolíticas.
El ser humano siempre es más importante que todo lo demás
En África, por ejemplo, por la influencia de los ambientalistas, en muchísimas comunidades de las más pobres no hay electricidad, pues no se permite la fabricación de nuevas plantas eléctricas que usan carbón o petróleo. Esta gente se está muriendo no sólo de hambre, pero de contaminación por quemar madera y estiércol para producir calor dentro de la casa. Los niños se mueren envenenados por las emisiones de la medara y el estiércol dentro de las casas. Sin electricidad, estas comunidades jamás podrán aspirar a salir de la miseria, y seguirán cortando árboles y quemando estiércol para cocinar y calentarse.
El ser humano siempre es más importante que todo lo demás. Tratar de preservar el medio ambiente perjudicando al ser humano, es tener los valores invertidos. Pero esto no debe extrañarnos, pues el medio ambiente perfecto para los ideólogos ambientalistas es la naturaleza sin el hombre, no afectada por él. Dios nos puso en esta tierra como corona de la creación, para que administráramos la tierra y sus recursos para bien del hombre y de los animales, y para que la hiciéramos fructificar. El abuso y la destrucción son totalmente inaceptables y deben ser condenados y evitados por todos los medios. El aumento y el uso sabio de todos los recursos deben procurarse siempre, pero jamás en perjuicio del ser humano, especialmente de aquellos que menos tienen en el mundo, que siempre son los que más sufren cuando las ideologías extremistas y falsas se llevan al terreno de la práctica en cualquier parte del mundo.
No nos dejemos engañar por estos profesionales del alarmismo y la intimidación, que lo único que persiguen son los subsidios millonarios y el control de la economía estadounidense y por ende mundial, mediante el control de la producción de energía. Si a estos sujetos realmente les interesara la producción más limpia de energía, y les importara el bienestar del ser humano, no vacilarían en respaldar la construcción de plantas nucleares (Francia produce cerca del 80 por ciento de su energía eléctrica con plantas nucleares). Pero como no les interesa, se oponen.
En fin, hagamos caso omiso a las perniciosas doctrinas alarmistas de la ideología ambientalista, que al igual que tantos otros mitos que se propagan por ahí, el del recalentamiento global sigue sumando adeptos en gran medida debido al enorme aparato propagandístico que lo respalda, del que forman parte un número considerable de los medios de comunicaciones del mundo. Y si decidimos montar bicicleta, no lo hagamos por amor al planeta sino a nuestra salud, que probablemente será la única que se beneficiará con esa actividad.
Guido F. Castellanos
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Escrito por gfcastellanos 
