El Premio Nobel de la Paz y la ideología política

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Al enteraros de que el comité de premiación ha otorgado el Premio Nobel de la Paz 2007 al ex vicepresidente estadounidense Al Gore y el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, nos preguntamos ¿qué relación puede existir entre la paz mundial y el alarmismo de Al Gore tocante al calentamiento global?

Hace un cuarto de siglo el Premio Nobel de la Paz era un galardón prestigioso. Pero cuando revisamos la lista de premios Nóbel de la Paz otorgados durante los últimos treinta años, y encontramos galardonados como el líder terrorista palestino, Yasser Arafat,  la activista indígena guatemalteca y mentirosa patológica, Rigoberta Menchú, y Jimmy Carter, sin duda uno de los peores presidentes estadounidenses, nos damos cuenta de los pocos méritos que tiene este premio en la actualidad.

El comité de premiación informa que “les entregó el galardón en reconocimiento a las acciones que han realizado para fomentar y difundir el conocimiento sobre la incidencia de las actividades humanas en el cambio climático, gestiones que han colocado las bases para enfrentarlo”. A pesar de haber sido redactado por un pequeño grupo de científicos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, la breve reseña de 21 páginas de los puntos principales que utilizaron los medios noticiosos, llamada Resumen para Establecedores de Políticas, fue de hecho editada y aprobada por un comité integrado por políticos, no científicos.

 Al Gore ha sido uno de los principales líderes y exponentes de la ideología ambientalista moderna. Sin embargo, todo parece indicar que el ex vicepresidente estadounidense predica pero no practica. Una empresa investigativa, el Tennessee Center for Policy Research, dio a conocer que al Gore y su familia han gastado $30.000 anualmente en energía en su mansión urbana en Nashville, y que consumieron 221.000 kilovatios-hora de electricidad el año pasado, es decir, 20 veces más que el promedio nacional. Esto no tiene otro nombre que hipocresía.

  La ideología ambientalista propagada por Al Gore y sus seguidores genera subsidios y donaciones        millonarias por parte de gobiernos y  fundaciones, para los grupos que estudian el fenómeno del calentamiento global. Muchos ideólogos ambientalistas viven de estos subsidios y publican revistas e informes pagados con estos dineros. En otros términos, además de política es un negocio muy lucrativo, y lucharán contra viento y marea para conservar estos subsidios millonarios, aunque en aras de la ideología sacrifiquen la verdad.

El cambio climático no es un invento. Lo que sí es un mito moderno es que el ser humano sea el responsable principal del recalentamiento global. El clima del planeta tierra jamás ha sido estable. Los expertos en la materia informan que en la época del Imperio Romano y durante la Edad Media hubo más calor probablemente que en la actualidad. No obstante, los ideólogos ambientalistas aseguran que nosotros, los seres humanos, somos en gran parte responsables del recalentamiento actual.

 Entre otras cosas, la ideología ambientalista procura el control de las emisiones de gases de invernadero, principalmente el CO2, que supuestamente causan recalentamiento global. Las restricciones que puedan imponer los gobiernos de los países desarrollados del mundo sobre estas emisiones pueden llegar a afectar negativamente la economía mundial, sin proveer resultados positivos perceptibles, de manera que la ideología ambientalista propagada por Al Gore se convierte en una poderosa arma política para controlar las economías de los países desarrollados del mundo, principalmente la de EE.UU.

 A pesar de lo antes dicho, Al Gore sigue repitiendo que “no es un asunto político sino una crisis   mundial”, cuando los mejores estudios apuntan hacia una fuente ajena al ser humano como causa principal del calentamiento global. La ideología ambientalista no es más que otro intento por parte de ideólogos extremistas para controlar la conducta humana y limitar la libertad del hombre, lo que a nuestro juicio     constituye una amenaza para la civilización.

En el caso del Premio Nóbel de la Paz otorgado a Al Gore, nuevamente ha prevalecido una ideología política sobre la verdad, pues no existe ninguna relación entre la paz mundial y el alarmismo sobre el calentamiento global proclamado por el ex vicepresidente estadounidense.

 Guido F. Castellanos

12 de octubre, 2007

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor           

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