El legado del macabro experimento marxista en Cuba

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    “Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan,  los que odian y deshacen”.   José Martí

El fracasado régimen totalitario comunista cubano, durante cerca de cincuenta años, se ha dedicado a la utópica creación de un hombre nuevo, que a fin de cuentas no ha resultado ser precisamente comunista, pero sí humanista secular, sin Dios y con un concepto torcido de la realidad. La inmensa mayoría de los cubanos nacidos bajo el régimen comunista de Cuba está marcada indeleblemente por una sociedad desintegrada y por una cultura destruida y en extremo vulgarizada.

 

En la antigua Unión Soviética y en Cuba, hombres y mujeres con una cosmovisión atea, materialista, y por lo tanto desconectada de la realidad, pusieron en marcha un experimento a gran escala para crear un nuevo hombre y establecer una nueva sociedad. Esta cosmovisión concebía a la fe religiosa como un obstáculo para el desarrollo de su experimento, por lo que en la Unión Soviética cerraron casi todas las iglesias y asesinaron a miles de sacerdotes y clérigos. A varias de las grandes catedrales de la Rusia antigua las convirtieron en museos del ateísmo, y prohibieron la instrucción religiosa en las escuelas. En Cuba, intervinieron todos los centros de instrucción privada, erradicando así la enseñanza religiosa en toda la isla.

 

Durante el gobierno de Stalin (y en Cuba también emularon esta práctica), los maestros de preescolares practicaban un ejercicio despiadado con sus alumnos, como parte del adoctrinamiento marxista y el lavado de cerebro característico del comunismo: pedían a los niños que cerraran los ojos para orar a Dios y pedirle caramelos. Como no aparecían los caramelos después de la plegaria, les pedían a los niños que hicieran el mismo ejercicio, pero que ahora le pidieran los caramelos a Stalin. Mientras que los niños inocentemente pedían los caramelos al nuevo dios soviético, los maestros colocaban bolsas de caramelos sobre los pupitres. La oración a Dios nunca les conseguirá nada, decían los maestros. Debemos aprender a confiar en nuestros líderes para el abastecimiento de nuestras necesidades. Sin embargo, Jesucristo advirtió que sería preferible que un hombre se amarrara una piedra grande y pesada al cuello y se lanzara al fondo del mar, antes que destruir la mente y el espíritu de los pequeñitos que creían en Él.

 

Después de la caída del comunismo, los mismos políticos del nuevo gobierno ruso se quejaban de la falta de honestidad y de la poca caridad del pueblo, por lo que solicitaron a organizaciones extranjeras que vinieran al país a enseñar Los Diez Mandamientos en las escuelas. Al final, las gigantescas estatuas de Lenin, Stalin y de otros ídolos soviéticos, descansaban derribadas en un parque de Moscú, como testimonio silencioso de estos fracasados substitutos de Dios.

 

El famoso personaje humorístico cubano, Tres Patines, solía decir en una de sus famosas frases disparatadas pero simpáticas, que en la vida “todo dependía del punto de vista de la vista del que lo veía”. Ciertamente vemos la vida a través de lentes coloreados por nuestra cosmovisión, por lo que creemos, por nuestra cultura o la falta de la misma, por habernos criado en un país libre y próspero, o por la avasalladora influencia ejercida sobre nosotros por un régimen comunista hermético, donde se han suprimido las libertades más elementales, y donde sus víctimas o ciudadanos están aislados casi totalmente del mundo exterior.

 

Sobre la juventud cubana actual, Adela Soto Álvarez, en su artículo titulado La juventud en Cuba, publicado en Cubalibredigital.com, afirma: “Yo diría que la juventud cubana no es más que un barco a la deriva, sin timonel, ahogada en la rutina callejera, y dedicada por falta de opciones a ser protagonista de las peores desventuras”.

 

Es sorprendente con cuántas lagunas de conocimientos de toda índole llegan a tierras de libertad los cubanos criados bajo el régimen totalitario de Castro. Tienen vacíos enormes de conocimientos sobre asuntos básicos de su propio país y mundiales, de temas culturales, como la música, las artes plásticas, la literatura, la ética en la vida cotidiana y en el trabajo, los buenos modales y, además, traen consigo un vocabulario que es fruto de la cultura destruida en que se han criado, jerga a menudo un tanto ininteligible que se vuelve obsoleta al arribar a tierras de libertad. Pero lo más lamentable es la casi total ignorancia y el cinismo que a menudo manifiestan tocante a Dios, la fe y los asuntos del espíritu. La desesperanza los caracteriza, sobre todo a la juventud, que se ha criado en una sociedad destruida, donde se ha desintegrado la familia, y la cultura y la economía están en ruinas. En el mejor de los casos poseen una cosmovisión defectuosa, una concepción torcida de la realidad.

 

En el artículo ya citado sobre la juventud cubana actual, Adela Soto Álvarez dice que “una encuesta realizada entre jóvenes de 14 a 25 años, sobre la problemática cubana y qué necesitan para ser felices, reveló que solamente el 30 por ciento precisa y valora los componentes espirituales, el resto se inclina con mayor énfasis a lo material, llegándose a la conclusión que para un joven cubano dólares es sinónimo de futuro y la felicidad, es como la línea del horizonte que cuando se trata de alcanzar se hace cada vez más distante y huidiza”. Esto no nos sorprende, porque al “olmo” de un régimen totalitario y ateo no se le pueden pedir las “peras” de la valoración de los componentes espirituales, tan necesarios para la felicidad del ser humano y el bienestar de una sociedad.

 

En la Unión Soviética, una sociedad dominada por un régimen totalitario marxista acabó creando “la monstruosidad más descomunal que el mundo jamás haya visto”, confesó un editor del diario soviético Pravda. La afirmación de Dostoievski de que “sin Dios, todo es permitido” se convirtió en una trágica realidad en la historia de su nación. En Cuba, el fallido experimento marxista de Castro ha destruido la familia, la sociedad, la cultura y la economía. Todo esto, mas la desesperanza y la pobreza de un pueblo en todo aspecto, sobre todo el espiritual, constituye el horrendo legado de este macabro experimento.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor  

Alhambra Publishing Group se complace en anunciar la publicación del libro titulado Mi patria de papel, obra del escritor cubano Guido Félix Castellanos.

El libro consta de dieciséis conmovedores relatos en los que se narran vivencias del autor durante su niñez y adolescencia, en una época sumamente difícil de la historia de Cuba. La obra consta de 230 páginas y contiene más de 30 fotografías de la época (1955-1973), nunca antes mostradas al público, las cuales se convierten en complemento inmejorable de la narrativa.

En esta obra Guido Félix Castellanos nos transporta a su terruño y, como dice Adela Soto Álvarez en el prólogo: “El tiempo va acumulando sobre su corazón una ausencia grande que no cabe en ninguna narración por extensa que fuera, sin embargo en la novela testimonio creada por el escritor cubano Guido Félix Castellanos, Mi patria de Papel, nada se queda por decir y nos atrapa en cada lugar que describe con maestría y tristeza”.

 

Una respuesta a El legado del macabro experimento marxista en Cuba

  1. Adela Soto dice:

    Sr: Guido.

    Gracias por retomar para su artículo mis palabras en el trabajo La Juventud
    Cubana.

    Feliz Año

    Desde Miami-

    Adela Soto

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