La virtud del contentamiento

 

 Thanksgiving 2

“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”.  El apóstol Pablo

      

El contentamiento es una virtud cristiana cada día más difícil de encontrar en el hombre moderno. No se trata de resignación, sino de satisfacción y tranquilidad en toda circunstancia, sabiendo que Dios permite ciertas cosas en nuestra vida que nos parecen contradictorias, incompresibles y a veces injustas. No es malo buscar la prosperidad en todo aspecto de la vida, sin embargo cuando vienen pruebas o aparentes reveces, debemos también tener un espíritu de agradecimiento hacia Dios, porque Él es quien nos ha dado tiempo, oportunidades, talentos, inteligencia, abundancia material, salud y la vida misma. Y Dios derrama a diario todos estos inapreciables dones sobre nosotros, aún sin merecerlos.

Por eso el apóstol Pablo pudo decir: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:12-13). Cuando el apóstol Pablo escribió estas palabras, se encontraba preso en Roma. En otra ocasión, lo habían metido en un calabozo donde le tenían asegurados los pies en un cepo. En estas precarias circunstancias, el relato bíblico dice que “a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían” (Hech. 16:25). De manera que estas exhortaciones no eran simples expresiones filosóficas, pues sus palabras estaban respaldadas por su ejemplo, porque Pablo reconocía que todas las bendiciones que de continuo recibía provenían del mismo Dios. Tanto en las buenas como en las malas, mantenía una actitud de agradecimiento que tenía su origen en un espíritu de contentamiento.

La resignación, no obstante, no es una virtud sino un defecto. Resignarse es someterse involuntariamente (estoy sentado por fuera, pero parado por dentro), es debilidad y falsa humildad, que es siempre hipocresía. La persona que dice estar resignada no acepta la frustración de su deseo, de sus planes, ni lo que le ha deparado la vida. La resignación se caracteriza también por el enojo, pues la persona que dice estar resignada está insatisfecha y es infeliz.

Cuando a Sócrates le preguntaron quién era el hombre más rico del mundo, respondió: “Aquél que está contento con poco, porque la autosuficiencia es la riqueza de la naturaleza”.  Los estoicos, pertenecientes a uno de los movimientos filosóficos de mayor importancia durante el período helenístico, proponían la eliminación de toda emoción y sentimiento, de manera que no importa lo que sucediera en sus propias vidas o en las de los demás, no les causaba preocupación alguna. El estoico desarraigaba el amor de la vida y se prohibía toda preocupación, de manera que la indolencia se convertía para ellos en una importante virtud que les prodigaba el fruto del “contentamiento”. Como dijera T.R. Glover, prolífico escritor inglés y autor del libro titulado El Jesús de la historia, “los estoicos hacían del corazón un desierto y llamaban a esto paz”.

Sin embargo, no aprendemos a contentarnos por un acto deliberado de nuestra propia voluntad, mediante el cual nos desligamos de todo y de todos y no sentimos nada por nada ni por nadie. No se trata de un logro humano, sino de un don divino. No consiste en indolencia y autosuficiencia, sino en plena confianza en Dios. El apóstol Pablo nos enseña a encontrar nuestra suficiencia en Dios, al afirmar: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). La insensibilidad y la autosuficiencia humanas siempre fracasarán porque son fruto del ensimismamiento y del egoísmo. El contentamiento de un hijo de Dios triunfa porque proviene del Padre celestial. El apóstol Pablo afirma que él podía hacerle frente a cualquier circunstancia en la vida, no importa cuán desconcertante y difícil fuera la misma, porque tenía a Cristo, quien le proporcionaba la capacidad y la fortaleza para encarar lo que fuera. De igual manera, la persona que camina a diario con Dios y vive de acuerdo a su voluntad, puede hacerle frente a cualquier situación en la vida.

En la celebración del Día de Acción de Gracias no olvidemos agradecerle a Dios todo lo que hemos recibido aún sin merecerlo, principalmente los dones de la familia, los amigos y la preciada libertad. Recordemos que la gratitud es una actitud que proviene de un espíritu de contentamiento que mana del mismo Dios. Y al buscar prosperidad y ganancias, recordemos las palabras pronunciadas hace 2000 años por el gran apóstol de la fe: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar” (I Tim. 6:6-7).

 Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor

Una respuesta a La virtud del contentamiento

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