La agresión anual a la Navidad

 

 

 

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“Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11).

 

  La política de convertir la Navidad en una simple “Época Festiva” secular es un lamentable ejemplo más de la agresión a la Navidad y al cristianismo. Estos ataques se manifiestan cada año en los EE.UU. con diversos matices, tanto en el ámbito público de nuestras ciudades, como en el privado de negocios locales y nacionales, los cuales declaran en sus  filosofías y objetivos corporativos  que “aceptan cualquier manifestación de diversidad cultural, religiosa, secular y étnica”, sin embargo, se ofenden casi por cualquier representación del cristianismo.

 

  Sabemos de sobra que Jesús, María, José, los magos, los ángeles y los animales del establo, han sido substituidos por el desfile lucrativo y espectacular de renos, duendes y Santa Claus. El mensaje de salvación y vida eterna mediante el Hijo de Dios, quien descendió del cielo y se hizo Hombre, se ha perdido. No había espacio en el mesón para María, José y el niño Jesús. Hoy no hay espacio para Él en infinidad corazones, mas los estacionamientos de los grandes centros comerciales están repletos. La verdadera Navidad ha sido reemplazada por una vertiginosa  “Época Festiva” de carácter comercial y carente de significado.

 

  Muchos negocios a lo ancho de la nación han optado por la corrección política, eliminando así la palabra Navidad de su vocabulario y sus entornos y dando instrucciones precisas para que sus empleados saluden a sus clientes con un simple “Happy Holidays” o “Felices Fiestas”, en vez de desearles Feliz Navidad. Estos grandes comercios y tiendas por departamentos se han convertido en censores y aguafiestas seculares del público que mayormente les provee sus ganancias, al unirse a las filas de la corrección política de nuestro país.

Poco importa cuán diversas sean nuestras comunidades culturalmente en EE.UU. Estas empresas afirman que los clientes son de primordial importancia para ellos, sin embargo, hacen caso omiso al deseo y la voluntad de la mayoría para no ofender, según ellos, a otros grupos, etnias y culturas. No obstante, la mayoría de los clientes que compran en sus comercios celebran la Navidad, el nacimiento de Jesucristo. Además, en esta época, eso es precisamente lo que celebramos, la Navidad, no una simple “Fiesta de la Época”. Tales expresiones son frases huecas que no tienen nada que ver con la celebración y el verdadero significado de la Navidad.

Somos una nación establecida en base a principios judeocristianos, no a enseñanzas humanistas seculares, las cuales han producido los horrendos regímenes socialistas y marxista-leninistas, entre otros. Si otros grupos no celebran la Navidad o desean celebrar sus propios días festivos, no nos oponemos en modo alguno y los respetamos. No obstante, aquí, en los EE.UU., ofender y castigar a la mayoría, en nombre de la “diversidad cultural”, y eliminar todo vestigio de cristianismo, para no ofender a otros grupos quienes, de todos modos no se sienten ofendidos porque nosotros celebremos la Navidad, no sólo es absurdo sino también injusto para la mayoría de los clientes, quienes de hecho forman parte de una sociedad multicultural pero mayormente cristiana, al menos por tradición y nombre.

No habría “Época Festiva” sin Navidad. ¿Qué celebraríamos en estos días del año sin la Navidad? ¿Cuál sería el motivo del tiempo festivo sin Cristo? Jesús nació en Belén de Judea hace ya más de 2000 años: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11). Esta es la historia bíblica, la auténtica “Celebración”, con Cristo como figura central. ¿No es precisamente el nacimiento del Salvador lo que debemos estar celebrando en esta época anualmente, con su mensaje de esperanza, salvación y genuina paz? 

El verdadero significado de la Navidad se resume probablemente en uno de los versículos más conocidos y amados de toda la Biblia, Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. De hecho, por eso es que intercambiamos regalos en la Navidad, porque Dios dio primero. Y no nos dio un simple regalo material, sino a su propio Hijo, lo mejor del cielo, para salvación de todo aquel que cree en Él. 

¡Feliz Navidad!   

Guido F. Castellanos 

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