Mi patria en ruinas

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“Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia nada construyen, porque sus simientes son de odio”.  José Martí

El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y el evangelio de la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”.  Winston Churchill

La Habana actual está desconocida. La capital de “La Perla de las Antillas” no es ni la sombra de lo que antaño fue: está en ruinas. Su gloria, su majestad y su incomparable belleza pertenecen a una época perdida hace medio siglo que jamás volverá. Esta realidad se palpa en el documental de 86 minutos titulado Habana: arte nuevo de hacer ruinas, dirigido por los alemanes Florian Borchmeyer y Matthias Hentschler y filmado en La Habana, ganador del Premio Especial del Festival de Cine Latino de Los Angeles, California, en 2007. El documental es producción de Rarosmedia, http://www.ruinas.de.

Florian Borchmeyer, nacido en Alemania, estudió Lenguas Románticas y Literatura en Berlín, París y La Habana.  Es crítico literario para el periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung y colaborador del Festival Internacional de Cine de Munich. Ha sido premiado en la categoría de mejor documental de Premios de Baviera 2006 por la obra en cuestión: Habana: arte nuevo de hacer ruinas.

Sobre este documental, su propio creador,  Florian Borchmeyer,  afirma: “La belleza de la ciudad está impregnada por la poesía de las ruinas.  Algo menos poéticas son para sus habitantes las ruinas de La Habana. Los derrumbes que en ocasiones dejan como estela algunos muertos es un escenario que se repite con cierta frecuencia. Para los habitantes la decadencia de la ciudad y de sus edificios habitados es una fuente constante de dolor y deja un sentimiento de culpabilidad”.

 El cineasta alemán continúa diciendo que “el documental retrata cinco personas que viven en la Habana, en edificios con diferentes estados de deterioro. Todos ellos intentan escapar de su propia existencia pues en la convivencia con estas ruinas se sienten amenazados de convertirse ellos mismos en ruina. El plomero Totico escapa de su ruidoso vecindario en Cetro Habana para encontrar refugio junto a sus palomas en la azotea del edificio donde vive.  El “sin techo” Reinaldo encuentra cobija entre los escombros del teatro donde una vez Caruso cantara para la alta sociedad. Misleidys, ex esposa de un millonario, deja detrás de sí su jaula de oro y a su esposo y sueña bajo los destrozos de lo que fuera en otros tiempos un hotel de lujo. El latifundista expropiado Nicanor lucha contra la decadencia de la casa construida por sus padres, para vivir, al menos en el marco de lo privado, como si la revolución socialista nunca hubiera tenido lugar. El escritor Ponte se construye una filosofía de las ruinas para hacerse explicable y tolerable el paulatino deterioro de la ciudad y del sistema político”.

“Habana: arte nuevo de hacer ruinas cuenta la historia de personas que esperan a que el techo caiga sobre sus cabezas y sin embargo no quieren salir de ahí. En otros lugares sus casas quedarían renovadas, transformadas en museos o completamente demolidas. En La Habana, por el contrario, las ruinas están habitadas pero al mismo tiempo, tal y como sus habitantes se resignan a percibir, las vidas se les arruinan dentro de ellas”, agrega Borchmeyer.

”Se llama arte nuevo de hacer ruinas”, explica Borchmeyer, ”porque se trata de la paradoja de construir una capital en ruinas a partir de una capital que antes estaba entera”. Arte nuevo porque, como el tratado de Lope de Vega sobre la comedia española, la ruinología habanera se reduce a un tratado de ‘descomposición’”.

La desconcertante realidad de la destrucción que inevitablemente ocasiona un régimen totalitario comunista, como el que ha esclavizado a Cuba durante cerca de cincuenta años, para el que sin Dios y sin absolutos morales y espirituales ha valido todo, se manifiesta con una crudeza ineludible en este documental: la destrucción de la cultura, de la sociedad, de la economía, del espíritu de un pueblo y aun de su infraestructura y sus ciudades, como la gran capital habanera.

Esta mágica ciudad que hace cincuenta años era el orgullo de sus habitantes, en la actualidad está repleta de edificios a punto de desplomarse y de escombros. Y esta realidad le consta a los cubanos habitantes de estas ruinas, moradores del antiguo Hotel Regina o del teatro Campoamor, uno de los más prestigiosos de toda Latinoamérica en sus buenos tiempos. Estos edificios destruidos, estas ruinas habaneras, ya no son ni la sombra de lo que fueron hace casi medio siglo.

Sin embargo, estas ruinas que Florian Borchmyer y Matthias Hentschler muestran en su premiado documental, son también el símbolo de las luchas cotidianas, sin recursos, y con pocas esperanzas, de la gran mayoría de la población para impedir que sus propias vidas y sus viviendas se derrumben. En estas investigaciones sobre la decadencia de la capital cubana, los autores del documental establecen una metáfora que, casi sin palabras, pone en relieve la situación política, económica, social y aun espiritual de la nación. En esta ciudad, al igual que en el resto del país, nada avanza, nada prospera, todo se deteriora y se derrumba; todo, incluso el propio régimen inservible y parasítico que tiene a la capital cubana y a todo el país, Fidelandia, en las deplorables condiciones en que se encuentra.

En el documental aparece el escritor y ruinólogo cubano Antonio José Ponte quien, según Borchmeyer, “está excluido de la sociedad de escritores y no puede publicar más en Cuba. Él ya no existe, al menos ante los ojos de la oficialidad”. Antonio José Ponte habla sobre estos edificios, que han sido testigos durante muchos años de la magia de la ciudad de ayer y que en el presente lo son de la tragedia de esa urbe convertida en ruinas. Ponte explica que “de alguna manera, los habitantes de las ruinas también son ruinas”.  Borchmeyer afirma que la imaginación se convierte en “una especie de refugio, porque uno tiene que refugiarse en un pasado más saludable si el presente está en ruinas”.  Todo este drama real, lamentable, desgarrador, se revela con el trasfondo de la música de Gustav Mahler, La muerte de Venecia, que sirve para recalcar la destrucción de la ciudad capitalina y de toda la nación.

Para aquellos que siguen creyendo a estas alturas, contra toda verdad, en el insostenible mito de la revolución cubana, este documental es una enérgica sacudida, un doloroso pellizco en el costado que obliga a despertar del inconcebible letargo en que por casi medio siglo han estado sumidos tantos ciudadanos del mundo, particularmente de Latinoamérica. A pesar de esto, los realizadores de Habana: arte nuevo de hacer ruinas, tuvieron el valor de presentar el documental en el festival de Río de Janeiro, donde fueron abucheados como “agentes del imperialismo yanqui”. No cabe duda de que no existe peor ciego que el que no quiere ver. Y esta frasecita conminatoria y gastada, lanzada a Borchmeyer y su equipo ha sido, por supuesto, una de las consignas favoritas de la vacía retórica del régimen comunista cubano desde sus inicios, el que ha culpado a EE.UU., durante medio siglo, de casi todos sus fracasos y miserias. Alguien ha dicho acertadamente que si EE.UU. no existiera, Fidel Castro lo hubiera inventado. Sin embargo, el escritor Antonio José Ponte, marginado por el régimen y, según tenemos entendido, quizá uno de los mejores escritores que quedan en la isla, al analizar la decadencia de La Habana demuestra una extraordinaria valentía y se convierte, como concuerdan otros analistas, en la conciencia de Cuba. La teoría de Antonio José Ponte, según los autores del documental, va más allá de las ruinas habaneras y “espera a que Fidel Castro, la mayor ruina de Cuba, se derrumbe”. 

La que una vez fuera una ciudad impresionante, mágica, singular, especial, hermosa, inolvidable, primordialmente por su gente y su vitalidad, pero también por su arquitectura, hoy por hoy no es más que un predio empercudido de aspecto cadavérico, muriendo lentamente como su “máximo líder”, con un régimen incongruente y putrefacto que chapotea ahogándose en el fango sangriento y los escombros de la destrucción, humana y material, que durante casi medio siglo se ha ido acumulando. 

 ¡Mi patria, mi pobre patria en ruinas! 

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor 

Habana: arte nuevo de hacer ruinas 

Mi Habana en ruinas

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