Libertad económica = prosperidad

febrero 28, 2008

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El exitoso experimento estadounidense demuestra la estrecha relación que existe entre la libertad económica y la prosperidad. Si en lugar de los gobiernos, los ciudadanos de una nación pueden controlar la economía y el curso de sus vidas, no cabe duda de que no hay límite en cuanto a lo que pueden lograr. No obstante, si a un pueblo se le restringe con planificación centralizada, excesivas regulaciones, e impuestos elevados, se destruye su iniciativa y se arruina la economía.  

El Índice de libertad económica 2008, publicado hace poco por The Heritage Foundation y The Wall Street Journal, pone muy en claro lo antes dicho. Este estudio demuestra inequívocamente la estrecha relación que existe entre la libertad y la prosperidad. En términos sencillos, mientras más libre es un pueblo, mayor es su crecimiento económico, y mayor es el beneficio para todos.

Por ejemplo, las economías mundiales más restringidas, reprimidas o “mayormente sin libertad”, tienen ingresos económicos promedio de cerca de $4.000.00 por persona anualmente. En economías “moderadamente libres”, los ingresos se elevan al triple: $12.830. Si una economía es “mayormente libre”, la cifra anterior se duplica: $26.630.00. Y en las economías “libres” asciende a $33.579.00, es decir, más de ocho veces lo que gana una persona promedio en un país donde no hay libertad económica. Mientras más libertad económica, menor tasa de desempleo.

De los 157 países estudiados (sección de Impacto de libertad económica del Índice), la economía cubana es la 156, superada en falta de libertad sólo por la de Corea del Norte. Nada extraño, ¿no es cierto? Para sorpresa de muchos, EE.UU. no es la economía más libre del mundo, pues ocupa el quinto lugar. Las economías más libres del mundo son: Hong Kong, Singapur, Irlanda y Australia, seguidas de EE.UU., Nueva Zelanda y Canadá.

¿Qué significa economía “libre”? Según los expertos, una economía auténticamente libre tiene seis aspectos fundamentales: 1) Bajos impuestos e inflación; 2) El gobierno no gasta mucho y no controla la banca; 3) Protección de derechos de propiedad; 4) Facilidad para establecer un negocio; 5) Los juzgados-libres de casi toda corrupción- hacen cumplir los contratos; 6) Bajas tarifas, mínimas regulaciones e inversiones extranjeras son bienvenidas.

Sólo 7 países recibieron calificación de “libres” por parte de los editores del informe (los que mencionamos arriba). La mayoría de las economías del mundo caen en las categorías de “moderadamente libres” (51 países) o “mayormente sin libertad” (52 países). El resto de las economías son catalogadas como “mayormente libres” (23 países) y “reprimidas” (24 países. Cuba es una de éstas). Todo lo anterior significa que la mayor parte del mundo no es muy libre que digamos, en lo que a economía se refiere.

La estrecha relación entre la libertad y la prosperidad económica, por supuesto, no es nada nuevo. Este índice recién publicado por The Heritage Foundation, no hace otra cosa que probar una antigua verdad. Los editores del informe de 2008 afirman: “Teorías económicas tan antiguas como la de Adam Smith, titulada Las riquezas de las naciones y publicada en 1776, hacen hincapié en el hecho de que las instituciones básicas que protegen la libertad individual para desarrollar sus propios intereses económicos, producen la mayor prosperidad para la sociedad en general”.

No obstante, la economía es mucho más que ganancias económicas. Cuando el ser humano es verdaderamente libre, logra muchísimo más en todo aspecto de la vida.

El citado estudio lo demuestra inequívocamente: la fórmula para una Cuba esclavizada por el comunismo durante medio siglo no puede ser otra que una auténtica democracia: libertad política, religiosa, económica y social, las cuales conducirán a la prosperidad en todo aspecto de la vida.

 Índice de libertad económica 2008

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¿Concuerda la evolución con lo que enseña la Biblia?

febrero 15, 2008

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A menudo me preguntan si existen discrepancias entre la Biblia y la ciencia, si la teoría de la evolución  concuerda con lo que enseña la Biblia, si el relato de la creación de Adán y Eva en Génesis es literal o simbólico y si los años en el Antiguo Testamento son literalmente de 365 días o simbolizan períodos extensos o eras. Aquí van las escuetas respuestas a manera de introito, para picar la curiosidad del lector. Sobre estos asuntos abundaremos pronto en otras entradas.

Cuando me formulan cualquiera de estas preguntas lo primero que hago es averiguar si mi interrogador alguna vez ha leído la Biblia en su totalidad, desde el primer capítulo de Génesis hasta el capítulo final de Apocalipsis. En poquísimas ocasiones tengo que formular la segunda pregunta, a saber, ¿cuántas veces la ha leído?, porque, salvo raras excepciones, nadie me responde que ha leído la Biblia de pasta a pasta ni siquiera una vez.

La Biblia se terminó de escribir hace muchos siglos (hace cerca de 2000 años, para ser más exactos). Sin embargo, a pesar de su antigüedad, no ha perdido ni un ápice de veracidad ni de vigencia. La Biblia no es un libro científico, no obstante cada vez que trata sobre cualquier asunto relacionado con la ciencia, lo hace con exactitud inequívoca. Por ejemplo, mucho antes de que el hombre descubriera la redondez de la tierra, ya la Biblia, en el libro de Isaías, setecientos años antes de Cristo, la declaraba como globo terráqueo (Isaías 40:22). Alguien ha dicho que a la Biblia, al igual que a los leones, no hace falta defenderla: sólo basta con abrirle la jaula.

En la Biblia abunda el leguaje figurado, las alegorías y los simbolismos, pero la mayor parte de su contenido no es simbólico, sino claro, directo y perfectamente comprensible. La palabra de Dios no se escribió para que el lector individual la interpretara caprichosamente. Es necesario aplicar principios fundamentales de hermenéutica o interpretación bíblica para lograr su correcta interpretación. Y la correcta interpretación de cualquier texto bíblico tomará en cuenta su contexto (el texto que lo precede y que le sigue), la historia, el asunto en cuestión, a quiénes se escribió originalmente y otros elementos que arrojarán luz sobre su preciso significado.

De manera que sí es fácil confirmar que los años que la Biblia cita son literalmente de 365 días. Y el relato de Génesis sobre Adán y Eva no es simbólico sino literal, según los principios de hermenéutica correctamente aplicados. Las parábolas de Cristo son historias utilizadas por Jesús para comunicar a sus oyentes una verdad espiritual. Y cuando digo una, es porque las parábolas comunican una sola verdad espiritual, por eso se llaman parábolas. 

Es inútil revolver las cosas para encontrar diferencias entre la fe y la verdadera ciencia, pues no las hay. Sin embargo, la teoría de la evolución no es verdadera ciencia comprobada ni comprobable, sino simplemente una hipótesis imposible de probar científicamente, pues la esencia misma del método científico se basa en la observación y la experimentación, por lo que es imposible observar el origen del universo y realizar experimentos al respecto. ¿En qué hechos está basada la evolución? En convicción religiosa tal vez, más no en hechos científicos, pues es necesario tener muchísima más fe para creer en la teoría de la evolución que en la declaración bíblica de que Dios creo el universo y todo lo que existe en seis días literales. Si creemos que Dios es Dios, ¿por qué pensamos que hay algo imposible para Él? De manera que la teoría de la evolución, enseñada como verdad indiscutible, es totalmente contraria a lo que claramente enseña la Biblia. Sus diferencias son irreconciliables, pues la evolución es una religión atea que entroniza al hombre como dios y lo convierte en la medida de todas las cosas. No obstante la Biblia afirma que “los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos”, y enseña que el hombre, a pesar de ser la corona de la creación, no es la medida de nada.  El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, característica fundamental que no comparte con ninguna otra criatura en la tierra.

A continuación cito al biólogo británico L. Harrison Matthews, en el prefacio de El Origen de las Especies de Darwin, edición de 1971:

“La evolución es la columna fundamental de la biología; por esa razón la biología está en la particular posición de ser una ciencia fundamentada en una teoría no probada- ¿es entonces ciencia o fe? En este sentido, creer en la teoría de la evolución es exactamente paralelo a creer en la creación- ambos son conceptos cuyos seguidores saben que son verdad, pero ninguno, hasta el momento, ha podido ser probado”.

La teoría de la evolución, después de 37 años de haberse escrito lo anterior, sigue sin ser probada. Por lo tanto, la evolución sólo puede ser clasificada como creencia, como filosofía subjetiva de orígenes, y como la verdadera religión de muchos científicos (entronizada en el actual sistema de enseñanza pública o gubernamental en EE.UU., cada día más parecido al de los socialistas y comunistas del mundo), pero jamás como hecho comprobado. De manera que dejemos de tratar de reconciliarla con la Biblia, pues dos enseñanzas tan diametralmente opuestas no pueden ser reconciliadas jamás.

Guido F. Castellanos

 Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor  


El Profeta habla de los cubanos

febrero 4, 2008

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  Luis Aguilar León

 El doctor Luis Aguilar León, historiador, ensayista político y profesor cubano, nacido en Manzanillo (Oriente), aunque de niño también vivió en Cárdenas y Remedios, enseñó en Columbia University, en Georgetown University y en Cornell University, y fue columnista semanal de El Nuevo Herald. Fue director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami. El doctor Luis Aguilar León falleció el pasado 5 de enero, en su casa en Key Biscayne, Florida. El siguiente artículo, escrito por él, lo publicamos para rendirle homenaje póstumo a una figura tan trascendente de la cultura cubana, latinoamericana y universal.

Desde una roca en el puerto, El Profeta contemplaba la blanca vela de la nave que a su tierra había de llevarlo. Una mezcla de tristeza y alegría inundaba su alma. Por nueve años sus sabias y amorosas palabras se habían derramado sobre la población. Su amor lo ataba a esa gente. Pero el deber lo llamaba a su patria. Había llegado la hora de partir. Atenuaba su melancolía pensando que sus perdurables consejos llenarían el vació de su ausencia.

Entonces un político de Elmira se le acercó y le dijo: Maestro, háblanos de los cubanos.

 

El Profeta recogió en un puño su alba túnica y dijo:

“Los cubanos están entre vosotros, pero no son de vosotros. No intentéis conocerlos porque su alma vive en el mundo impenetrable del dualismo. Los cubanos beben de una misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen con su música. Los cubanos toman en serio los chistes y hacen de todo lo serio un chiste. Y ellos mismos no se conocen”.

“Nunca subestiméis a los cubanos. El brazo derecho de San Pedro es cubano, y el mejor consejero del Diablo es también cubano. Cuba no ha dado ni un santo ni un hereje. Pero los cubanos santifican entre los heréticos y heretizan entre los santos. Su espíritu es universal e irreverente. Los cubanos creen simultáneamente en el Dios de los católicos, en Changó, en la charada y en los horóscopos. Tratan a los dioses de tú y se burlan de los ritos religiosos. Dicen que no creen en nadie, y creen en todo. Y ni renuncian a sus ilusiones, ni aprenden de las desilusiones”.

“No discutáis con ellos jamás. Los cubanos nacen con sabiduría inmanente. No necesitan leer, todo lo saben. No necesitan viajar, todo lo han visto. Los cubanos son el pueblo elegido … de ellos mismos. Y se pasean entre los demás pueblos como el espíritu se pasea sobre las aguas”.

“Los cubanos se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia, y en grupo por su gritería y apasionamiento. Cada uno de ellos lleva la chispa del genio, y los genios no se llevan bien entre sí. De ahí que reunir a los cubanos es fácil, unirlos imposible. Un cubano es capaz de lograr todo en este mundo menos el aplauso de otro cubano”.

“No les habléis de lógica. La lógica implica razonamiento y mesura, y los cubanos son hiperbólicos y desmesurados. Si os invitan a un restaurante, os invitan a comer no al mejor restaurante del pueblo, sino “al mejor restaurante del mundo”. Cuando discuten, no dicen “no estoy de acuerdo con usted”, dicen “usted está completa y totalmente equivocado”.

“Tienen una tendencia antropofágica. “Se la comió”, es una expresión de admiración, “comerse un cable”, señal de situación crítica y llamarle a alguien “comedor de excrementos”, es su mas usual y lacerante insulto. Tienen voluntad piromaniaca, “ser la candela” es ser cumbre. Y aman tanto la contradicción que llaman a las mujeres hermosas “monstruos” y a los eruditos “bárbaros”; y cuando se les pide un favor no dicen “si” o “no”, sino que dicen “sí, como que no”.

“Los cubanos intuyen las soluciones aún antes de conocer los problemas. De ahí que para ellos “nunca hay problema”. Y se sienten tan grandes que a todo el mundo le dicen “chico”. Pero ellos no se achican ante nadie. Si se les lleva al estudio de un famoso pintor, se limitan a comentar “a mí no me dio por pintar”. Y van a los médicos, no a preguntarles, sino a decirles lo que tienen”.

“Usan los diminutivos con ternura, pero también con voluntad de reducir al prójimo. Piden “un favorcito”, ofrecen “una tacita de café”, visitan “por un ratico”, y de los postres solo aceptan “un pedacitico”. Pero también a quien se compra una mansión le celebran “la casita” que adquirió, o “el carrito” que tiene a quien se compró un coche de lujo”.

“Cuando visité su isla me admiraba su sabiduría instantánea y colectiva. Cualquier cubano se consideraba capaz de liquidar al comunismo o al capitalismo, enderezar a la América Latina, erradicar el hambre en África y enseñar a los Estados Unidos a ser potencial mundial. Y se asombran de que las demás gentes no comprendan cuan sencillas y evidentes son sus fórmulas. Así, viven entre ustedes, y no acaban de entender por qué ustedes no hablan como ellos”.

Había llegado la nave al muelle. Alrededor del Profeta se arremolinaba la multitud transida de dolor. El Profeta tornose hacia ella como queriendo hablar, pero la emoción le ahogaba la voz. Hubo un largo minuto de conmovido silencio. Entonces se oyó la imprecación del timonel de la nave: “Decídase, mi hermano, dése un sabanaso y súbase ya, que ando con el schedul retrasao”.

El Profeta se volvió hacia la multitud, hizo un gesto de resignación y lentamente abordó la cubierta. Acto seguido, el timonel cubano puso proa al horizonte.

Alhambra Publishing Group se complace en anunciar la publicación del libro titulado Mi patria de papel, obra del escritor cubano Guido Félix Castellanos.