Resultados de la resurrección de Cristo

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Caravaggio, Tomás el incrédulo

 

 

“Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. El Apóstol Pablo, en 1 Corintios 15:19

 

 

 

Un escéptico francés llamado Renán dijo: “Vosotros los cristianos vivís rodeados de la fragancia de un sepulcro vacío”. Un enemigo de la resurrección afirmó lo siguiente: “Si la resurrección tuvo realmente lugar, tenemos que admitir que el cristianismo es lo que reclama ser, es decir, una revelación directa del mismo Dios”. El apóstol Pablo, habiendo visto al Cristo resucitado y habiendo escuchado su voz, afirmó con gozo y plena certeza: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20).

 

 

Aunque todos vamos a morir un día, jamás he conocido a alguien que afirme que ha venido a este mundo con el propósito de morir. No obstante, Cristo vino al mundo precisamente para morir en sacrificio por los pecados de cada persona: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). Jesucristo murió para resucitar al tercer día. Sin la resurrección, su muerte en la cruz carece de totalmente de valor. La resurrección de Cristo es la piedra angular del cristianismo. Negar este hecho histórico es destruir el fundamento del cristianismo. La fe cristiana tiene como base la resurrección de Cristo. Por eso el verdadero cristianismo es la fe del Resucitado. En otras palabras, no hay cristianismo sin resurrección.

 

Ahora bien, ¿cuáles son los resultados de la resurrección de Cristo? Es decir, ¿qué efectos ha tenido la resurrección de Cristo en este mundo?

 

 

 Resultados de la resurrección en relación con el creyente

Creyente en Cristo es aquel que ha aceptado la palabra, la persona y la obra de Cristo en su favor. Creer no es simple asentimiento intelectual o simpatía, sino plena confianza en lo que Cristo dijo, lo que es y lo que hizo. Cristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Auténtico cristiano es aquel que ha creído o depositado su confianza en el hecho de que Jesucristo es el único camino que conduce a Dios, la única verdad revelada sobre la salvación del hombre, y la única persona capaz de darnos vida eterna, como resultado de su propia resurrección física de entre los muertos.

De manera que la resurrección de Cristo nos da seguridad de que Dios ha aceptado a todo aquel que ha depositado su confianza en lo que Cristo dijo, en lo que es y en lo que hizo. Dios ha declarado justo a todo aquel que ha creído en su Hijo Jesucristo: “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

 

La resurrección de Cristo es, además, el sello de aprobación del Padre sobre el sacrificio del Hijo en la cruz. La resurrección no sólo demuestra que Cristo venció la muerte sino también el pecado. Si Cristo no hubiera resucitado, la fe de todo creyente carecería de valor, seríamos falsos testigos, porque predicamos que Jesús resucitó, y aún estaríamos en nuestros pecados, perdidos irremediablemente. Porque si Cristo murió por nuestros pecados y no pudo levantarse de entre los muertos al tercer día, entonces el pecado lo venció. Y si el pecado venció a Cristo, todavía los creyentes en él son pecadores perdidos. Además, todos los que creyeron en Cristo y murieron, jamás se levantarán de la tumba, si no hay resurrección. Si el cristianismo es sólo para esta vida, no sirve para nada, porque no existe cristianismo ni vida eterna sin la resurrección de Cristo (1 Corintios 15:12-19). Si Cristo no resucitó y los muertos no resucitan, hagamos todo lo que nos venga en gana, porque no habrá que rendirle cuentas a nadie después de la muerte. De manera que la resurrección de Cristo provee a los creyentes seguridad de su propia resurrección e inmortalidad: “Sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús” (2 Corintios 4:14).

 

 

 

Resultados de la resurrección en relación con el resto de la humanidad

 

La resurrección de Cristo proporciona la certeza, la garantía de una resurrección para toda la humanidad: “Y vi a los muertos, grades y pequeños, de pie ante Dios, y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” (Apocalipsis 20:12).

La resurrección de Cristo, finalmente, es la prueba irrefutable de Dios de que habrá un día de juicio para todo ser humano que le rechazó en esta vida: “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20:13). La Biblia afirma que Dios es Dios de vivos, no de muertos (Lucas 20:38), de manera que todo el que no creyó en Cristo ni aceptó el remedio divino para el problema del pecado, no está inscrito en el libro de la vida, pues éste es un libro de vivos espiritualmente, no de muertos.

 Estamos celebrando un año más de la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Hagamos una pausa para hacer memoria de lo que Él hizo por nosotros, porque su muerte y resurrección constituyen el evento más importante en toda la historia de la humanidad. Cristo se humilló por nosotros. En la cruz Él cargó con el peso del pecado de toda la humanidad y venció a Satanás, el enemigo de las almas. Al resucitar, venció a la muerte y ahora está “coronado de gloria y de honra” y está sentado “a la diestra de la Majestad en las alturas”. Cristo se convirtió en el Hijo del Hombre para que nosotros pudiéramos ser hijos de Dios. Él vino a esta tierra para que nosotros pudiéramos ir al cielo. En la cruz, Él murió por nuestros pecados, para que nosotros pudiéramos participar de su justicia. Cristo participó de nuestra naturaleza para que nosotros pudiéramos hacernos partícipes de la suya. Él resucitó, y mediante su resurrección nos da la seguridad de que Dios ha aceptado a todo el que ha creído en Él y nos garantiza nuestra propia resurrección y vida eterna.

Guido F. Castellanos

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