El caso de Elián González: profanación de la memoria de una madre

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Hace ya ocho años que el pequeño Elián González fue arrebatado violentamente del hogar de sus familiares en la Pequeña Habana, por parte de agentes del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS), quienes, bajo las órdenes de Janet Reno, portaban armas de fuego automáticas. Estas armas, según miembros de la administración y los medios de comunicaciones liberales de izquierda, en manos de agentes federales, se convertían en un símbolo de benevolencia y preocupación por el bienestar de un niño. Irónicamente, esto ocurrió bajo el mandato de Bill Clinton, quien sin dudas ha sido el presidente estadounidense que con más vehemencia se ha opuesto a la posesión de armas por parte de civiles en toda la historia de los Estados Unidos.

 Y todo este espectáculo abusivo, cobarde y vergonzoso, ¿para qué? ¿Para capturar criminales peligrosos o terroristas? No. Para retornar a un niño indefenso a las garras del rojo fantoche, a un régimen que jamás ha respetado los valores familiares de las sociedades libres, como la estadounidense, y que ha violado sistemáticamente los derechos humanos de sus ciudadanos durante casi medio siglo. Es lamentable que,  al cabo de 49 años de tiranía castrocomunista en Cuba, existan tantos estadounidenses y latinoamericanos, inclusive aquí en Miami, que aún no tienen ni la más remota idea de la esclavitud y los horrores que se padecen bajo un régimen totalitario marxista que subsiste por la represión y el terror, aun bajo el mando del hermano del tirano.

El secuestro perpetrado por INS fue sorpresivo y brutal. Los agentes entraron a la casa, a las 5:15 de la madrugada, armados hasta los dientes y se llevaron a Elián González por la fuerza, dejando atrás una estela de puertas rotas, varios cubanos maltratados y dos camarógrafos de NBC magullados y adoloridos por los culatazos que les propinaron. Pero gracias a  las cámaras afuera de la casa y a la famosa foto de Alan Díaz, de Associated Press, quien se encontraba dentro de la casa en el momento de los hechos, la verdad de lo ocurrido se difundió por todo el mundo.

En los Estados Unidos y en Cuba, ¿quiénes exigían la devolución del niño a la esclavitud  de una Cuba marxista-leninista?: Janet Reno, Fiscal General, ACLU (brazo legal de la izquierda liberal), Gregory Craig, abogado oportunista de $800 la hora de Bill Clinton, el Concilio Nacional de Iglesias, el Concilio Mundial de Iglesias (guarida de izquierdistas radicales que nunca han pronunciado una palabra negativa contra la Unión Soviética y Cuba y que se han identificado con  la “lucha de clases” contra la “esclavitud económica” y el “imperialismo occidental”, para quienes la pobreza del mundo es culpa del imperialismo yanqui), Fidel Castro y los cubanos que fueron obligados a participar en  manifestaciones políticas en Cuba en protesta para exigir el retorno de Elián, y la jauría de izquierdistas de este país (entre ellos periodistas locales, quienes reclamaban el respeto de los derechos paternos de Juan González y cerraban los ojos ante el hecho de que en la Cuba de Fidel Castro nunca han existido los derechos paternos).

Janet Reno debió haberse regido por su posición originalmente declarada de permitir que los juzgados familiares de la Florida decidieran la suerte de Elián, pero tanto ella como el INS se negaron a hacerlo.  A ninguno de los que abogaban por el retorno de Elián a la isla esclavizada, por sus simpatías con el tirano marxista y por su desprecio hacia el exilio cubano, le importó que el niño fuera devuelto a un régimen donde los padres no tienen derechos paternos, los niños son propiedad del estado y el núcleo familiar ha sido abolido, en aras del bienestar y la supremacía del estado. La frialdad y el cinismo con que Janet Reno y sus secuaces se consagraron a defender el jueguito político de Castro y a participar en el mismo, me siguen causando hoy la misma indignación, como si todo lo sucedido hace ya ocho años acabara de acontecer.

No cabe duda de que el 22 de abril del 2000 perdurará en la historia de esta gran nación y en la de Cuba,  como un día de cobardía e infamia, de detestable complicidad de una administración de innobles personajes con el tirano criminal que destruyó nuestra patria.  La madre de Elián, Elisabet, arriesgó y perdió su vida para que su hijo tuviera la oportunidad de vivir en un país libre. El retorno de su hijo a una Cuba sin libertad, esclava de una tiranía marxista implacable, no ha sido sólo una tragedia que nos sigue doliendo como una herida que no acaba de sanar, sino que también es símbolo del padecimiento de un pueblo, dentro y fuera de la isla, durante casi medio siglo. La devolución de Elián fue y seguirá siendo un acto de suprema cobardía y traición,  una bofetada al exilio libre y una burla cruel contra los cubanos sin libertad y, tristemente, la profanación de la memoria de una madre, cuyos deseos y sacrificio ni siquiera se tomaron en cuenta. ¡Esto no podremos olvidarlo jamás!

Guido F. Castellanos

 

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor

Alhambra Publishing Group se complace en anunciar la publicación del libro titulado Mi patria de papel, obra del escritor cubano Guido Félix Castellanos.

 

 

 

 

 

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