Abortion and the Value of Human Life

enero 28, 2009

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Abortion is morally wrong, it’s infanticide, it’s the ugly and fetid stain of our postmodern society, as was slavery for past generations of Americans; it’s our holocaust.

  

I know people (and I’m sure you do too) who are not “living happily ever after” because of handicaps, accidents, pain, etc. However, they are thankful to be alive. They know how precious life is.

This subject goes to the very meaning of human existence. Why are we here? What is the value of human life? The most troublesome cultural issues of our day- abortion, assisted suicide, euthanasia, genetic engineering- all turn on questions about what it means to be human, about the value of human life and how life should be protected.

However, if a person believes that life arouse from the primordial sea through a chance collision of chemicals, and that over billions of years of chance mutations, this biological accident gave rise to the first humans, then that person will believe that we are little more than grown-up germs. This, logically, leads to the conclusion that a person has no greater significance than a baboon.

It all comes down to the question of where life comes from. It determines what we believe about human identity, what we value, and what we believe is our reason for living. IT DETERMINES WHO LIVES AND WHO DIES.

Christians believe that God created humans beings in his own image. And because human life bears this divine stamp, life is sacred, a gift from the Creator. “Then God said, “Let Us make man in Our image, according to Our likeness; let them have dominion over the fish of the sea, over the birds of the air, and over the cattle, over all the earth and over every creeping thing that creeps on the earth” (Genesis 1:26).  He and he alone can set the boundaries of when we live and when we die.

If we believe that we have no more significance than a monkey or a dog, that life has little o no purpose, that this life is all there is and that we will not be accountable to God, then we can come to the conclusion that only the fittest, the pretty, the healthy and the desirable people should live, that we can eliminate the imperfect, the handicapped, the old, the weak and even the ugly. This materialistic and secular worldview is held today by those who believe and promote abortion (infanticide) for any reason, including, of course, the killing of children who will be born with handicaps.

 Do we have value because we are healthy, pretty and young, or because we are human beings, the crown of creation and God says that we are infinitely valuable because we bear his image: intellect, free will, eternal soul, etc.? Do we kill a child after an accident has left him handicapped? Of course not! Then why should we kill a child in the womb because he or she is unwanted, inconvenient or we know he or she will have intellectual limitations, physical limitations, or both?

 

Guido F. Castellanos

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A Couple of Facts About Abortion in America

  •  “A myth NARAL (National Association for Repeal of Abortion Laws and later renamed National Abortion and Reproductive Rights Action League) fed to the public through the media was that legalizing abortion would only mean that the abortions taking place illegally would then be done legally.  In fact, of course, abortion is now being used as a primary method of birth control in the U.S. and the annual number of abortions has increased by 1,500 since legalization.”   David Kupelian, The Marketing of Evil

Indeed, abortion is a very lucrative business in America today.

  • According to Kupelian’s book,  “Another myth fed to and believed by the public was that there were tens of thousands of women being maimed and killed from illegal abortions prior to legalization of abortion law. Not so. It was only a tiny fraction of what the abortion marketers claimed.”
  •  One abortion movement leader and propagandist said: “We aroused enough sympathy to sell our program of permissive abortion by fabricating the number of illegal abortions done annually in the U.S. The actual figure was approaching 100,000, but the figure we gave to the media repeatedly was 1 million. Repeating the lie often enough convinces the public. The number of women dying from illegal abortions was around 200-250 annually. The figure we constantly fed to the media was 10,000. These false figures took root in the consciousness of Americans, convincing many that we needed to crack the abortion law.”   David Kupelian, The Marketing of Evil
  •  Our nation has legalized infanticide and, as Kupelian says in his book, “ through a very well thought out and executed propaganda campaign gets more and more people to believe that killing an infant  is considered “every woman’s right”.

 Watch abortion video. Follow link below:

http://www.abortiontv.com/Movies/viewliveabortions.htm

 


Influencia del ateísmo y el humanismo secular en el arte contemporáneo

enero 21, 2009

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Colorful Glass Reflection, arte digital

Guido F. Castellanos

 

 

 

 

El verdadero artista siempre ha empleado su arte para hallarle sentido al mundo en que le ha tocado vivir. Su arte, ya sea la literatura, la poesía, la pintura, la escultura, la música, o la actuación, es tanto su herramienta para el continuo descubrimiento, como el medio para la transmisión de sus descubrimientos al público, pues la obra artística se destina a los demás. El artista no sólo comparte tales develamientos con el mundo, sino que él mismo se convierte en vehículo de cultura.

 

 

Gabriel García Márquez, galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1982, en su libro de memorias titulado Vivir para contarla, con mucho acierto dice: “La vocación artística es la más misteriosa de todas, a la cual se consagra la vida íntegra sin esperar nada de ella”. Dicho esto, es necesario señalar que, lamentablemente, el arte contemporáneo, regido mayormente por un código humanista secular, ateo, materialista, y políticamente correcto, ha asumido un papel central como medio de autorrealización y de libre expresión. Y digo “autorrealización y libre expresión” porque éstas no son equivalentes de auténtico arte. En la actualidad innumerables “artistas” emplean la pintura, la escultura, la poesía, la literatura, la música, la actuación, como vehículos para exteriorizar un ser íntimo y recóndito que con harta frecuencia, aun después de una reiterada exteriorización, es incomprensible para los demás.

 

 

Hace poco leí la entrevista de una poetisa, quien declaró sin el menor reparo que su único dios es la poesía. Supongo que estos “poetas ateos” concuerdan con el bardo inglés Shelley cuando éste afirma que “la poesía, con su servidora la imaginación y su ambiente natural la libertad, constituyen el trípode sobre el que se apoyan la civilización y la ética”. Este renombrado poeta e intelectual inglés fue uno de los fervientes discípulos del trastocado intelectual Juan Jacobo Rousseau, sustentaba principios socialistas y perseguía una transformación política que incluía la destrucción de la religión organizada. Lamentablemente, hay artistas que tienen fe en muchas cosas menos en el verdadero Dios. Ciertamente si Dios no existiera, cualquier dios podría ser bueno, si se entiende por “dios” cualquier persona o cosa que tiene la preeminencia en nuestra vida; el arte sería posiblemente uno de los mejores. Pero como que Dios sí existe, ningún substituto satisface plenamente, ninguno es bueno aparte del Dios verdadero; todos se convierten en simples ídolos con pies de barro, y con harta frecuencia en tiranos. No es de extrañar que el arte contemporáneo haya sustituido en gran medida a la religión organizada.

 

 

La influencia demoledora del ateísmo y el humanismo secular en el arte contemporáneo se pone de manifiesto en la creciente y desafortunada tendencia de empequeñecer al ser humano y despojarlo de su dignidad. Se ha ido colando el concepto humanista secular y ateo de que no somos más que carne, huesos y fluidos corporales, que no tenemos un espíritu que trascenderá a nuestros cuerpos mortales, limitados por la materia, el espacio y el tiempo, por lo que muchos artistas se han obsesionado con la miseria, la degradación, la decadencia y la vulgaridad. Estos temas son ensalzados y recurrentes en sus obras. Y muchos, si no se han adherido de lleno al feísmo, al menos incursionan en el terreno de esta tendencia artística y literaria que se empeña en defender lo antiestético y lo vulgar.

 

 

Como acertadamente ha expresado Pedro Carrero Eras, profesor de literatura de la Universidad de Alcalá de Henares, en España, “el arte, en cualquiera de sus manifestaciones y recursos temáticos, está obligado a distanciarse de la vulgaridad”. La vulgarización de las artes, particularmente de la literatura, es mayormente fruto del relativismo moral, el cual se origina en el ateísmo y el humanismo secular. Hay escritores que ridiculizan la misma noción de la expresión vulgar y desvergonzada y rinden culto al mal gusto, porque para ellos todo lenguaje, por procaz y ofensivo que sea, es válido para expresarse libremente. Porque lo que estos artistas llaman “libertad de expresión” a menudo no es otra cosa que un conveniente pretexto para el egoísmo, la irrespetuosidad y la desvergüenza. Con frecuencia esa “libertad de expresión” que tanto exigen, cacarean y defienden no es más que burdo libertinaje. De manera que el concepto de vulgarización, en lo que a la literatura se refiere, es inaceptable para estos literatos modernos. Sin embargo, la marcada vulgarización de una sociedad, como la cubana bajo el régimen marxista y ateo de La Habana, es innegable síntoma del avanzado grado de relajamiento y decadencia de una cultura que ha sido brutal y sistemáticamente destruida. Los artistas no hacen más que reflejar en su obra esa destrucción. Y si para ellos Dios no existe, si impera el relativismo moral, y lo procaz y degradante es plausible como legítima expresión artística, ¿de dónde provendrá la inspiración para crear un arte de elevado vuelo, ennoblecedor, que realmente inspire y edifique? ¿Del nihilismo, del relativismo moral, del feísmo, del empobrecimiento y la vulgarización cultural?

 

 

Lo antes dicho tiene poco o nada que ver con la creación de “arte religioso”, porque el elemento religioso con harta frecuencia está presente en el arte de los ateos y humanistas seculares, aunque el mismo sea hostil al Dios verdadero y al cristianismo. Por eso es que en tantos museos y galerías de arte contemporáneo, al igual que en librerías, cada día se exhiben y se ponen a la venta mayor número de “obras de arte” y “literarias” en las que se celebra lo chabacano, lo escatológico, lo chocante, lo grotesco y lo vulgar.

 

 

Para concluir, citemos como ejemplo las obras de dos pintores franceses afamados de siglos pasados: George Rouault y Henri de Toulouse-Lautrec. El artista católico Georges Rouault pintó prostitutas, como también lo hicieron numerosos de sus contemporáneos. Sin embargo, vale la pena notar la diferencia entre la obra de Rouault y la de Tolouse-Lautrec. El influyente crítico de arte francés Louis Vauxcelles, a quien se atribuyen los vocablos denominativos de dos estilos artísticos, Fauvismo y Cubismo, notó la diferencia en la obra de Rouault: “A diferencia de Toulouse-Lautrec, cuando Rouault pinta una prostituta no existe el deleite cruel de presenciar la exaltación del vicio por parte de una criatura. Él sufre y además llora”. En esto, precisamente, radica uno de los grandes males que aquejan al arte contemporáneo, fruto primordialmente de la perniciosa influencia del ateísmo y el humanismo secular.

 

 

Guido F. Castellanos

 

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