La sociedad estadounidense y la rana en la olla

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El día que desaparezca la libertad religiosa del panorama estadounidense, acto seguido se desvanecerán las demás libertades de que disfrutamos.

 

La inmensa mayoría de los cubanos nacidos bajo el régimen comunista de Cuba no es comunista, sin embargo, lleva las huellas indelebles de una sociedad despojada de libertades, desintegrada, empobrecida espiritualmente y de una cultura destruida y agudamente vulgarizada. En la antigua Unión Soviética y en Cuba los regímenes comunistas pusieron en marcha un experimento a gran escala para crear un nuevo hombre y establecer una nueva sociedad. Este experimento estaba primordialmente impulsado por la supresión de libertades, la represión, el adoctrinamiento político y el lavado de cerebro en las escuelas, bajo el control absoluto del gobierno. Como era de esperarse, estos regímenes ateos concebían a la fe religiosa como un obstáculo peligroso para el exitoso desarrollo de su experimento, por lo que cerraron la mayoría de las iglesias y en la Unión Soviética asesinaron a más de cuarenta mil clérigos. El régimen comunista soviético, además, prohibió la instrucción religiosa en las escuelas. En Cuba, intervinieron todos los centros de instrucción privada y los nacionalizaron, erradicando así por completo la instrucción religiosa privada en toda la isla.

 

Después del desplome del comunismo soviético en 1991, se difundió por el mundo la noticia de que los políticos del nuevo gobierno ruso lamentaban la falta de honestidad y caridad del pueblo, por lo que contrataron a organizaciones extranjeras para que vinieran al país a enseñar Los Diez Mandamientos y sus implicaciones para la vida cotidiana, en escuelas públicas repletas de analfabetos bíblicos.

 

Una sociedad libre y próspera como la de Estados Unidos, encara hoy en día un desafío formidable. A pesar de la libertad para disfrutar la vida a plenitud y las innumerables oportunidades que hasta la fecha ha brindado este país en todo aspecto, no pocos de los que llegamos como exiliados a esta gran nación, que nos recibió con brazos abiertos y nos proporcionó la oportunidad de comenzar una nueva vida, observamos con preocupación lo que ya hace años acontece en este país, a saber, que muchos de los cambios que se dieron en Rusia y en Cuba con la instauración de regímenes marxistas, están aconteciendo aquí, en la nación más libre del mundo, sin necesidad de que se establezca un régimen totalitario marxista o socialista.

 

Cuando en Estados Unidos, además de las asignaturas básicas, se impartían principios morales y se permitía la formación del carácter en el aula, se enseñaba el creacionismo bíblico, no se prohibía hablar de Dios y de Jesucristo y se permitía la lectura irrestricta de la Biblia, las escuelas públicas no eran sitios peligrosos, como en la actualidad. ¿Qué ocurrió? La influencia de John Dewey, quizá el educador más influyente del siglo veinte en Estados Unidos, logró erradicar de la educación pública estadounidense los últimos vestigios del mensaje cristiano y su propósito, y los reemplazó con la teoría de la evolución, el socialismo, la ciencia secular y la ausencia de valores absolutos. Dewey creía que la religión era fundamentalmente un intento de ajuste a las dificultades de la vida, y por tal motivo el ser humano debía librarse de las ideas y creencias anticuadas, como el cristianismo. La ciencia debe ser la guía para cualquier fe moderna, pues sólo ella abre la puerta que conduce al conocimiento confiable, explicaba Dewey. Él sabía que la enseñanza pública en todos los niveles era el campo de batalla para el derrocamiento definitivo del cristianismo y la libertad religiosa, porque el día que desaparezca la libertad religiosa del panorama estadounidense, acto seguido se desvanecerán las demás libertades de que disfrutamos. Que no quepa la menor duda que el cristianismo constituye el mayor impedimento para la dominación absoluta, no sólo de Estados Unidos sino del mundo entero, por parte del humanismo secular. La asistencia federal a la educación, que comenzó en alta escala en 1957, inició el control secularista de las escuelas públicas. Desde entonces, el dominio filosófico de las escuelas públicas (gubernamentales) ha pasado mayormente de las comunidades locales a manos del gobierno federal. Cal Thomas, conocido periodista estadounidense, en un artículo titulado Republicans Can Help Kids with Choice,  publicado en 1999 en el número del 21 de agosto del Colorado Spring Gazette, dijo que “la izquierda humanista sabe que la única forma de crear enormes cantidades de robots ideológicos y sociales, deseosos de continuar en sus fallidos pasos, es encarcelar a multitudes de niños en escuelas gubernamentales en donde se les obliga a aprender la ideología liberal y se les miente tocante al sexo, la historia y sobre muchos otros asuntos, a expensas de los contribuyentes”.

 

Si el sistema escolar público estadounidense es supuestamente el de un gobierno libre y democrático, ¿por qué entonces se prohíbe hablar de Dios y de Cristo en el aula, la lectura de la Biblia en clases, la oración pública, y la enseñanza del creacionismo bíblico, como en los países comunistas; y por otro lado, impera el revisionismo histórico, se enseñan la teoría de la evolución como hecho científico comprobado e indiscutible, el multiculturalismo y la corrección política; se condena la cultura occidental, la cual ha provisto la mayor parte del conocimiento, el progreso, la medicina, la tecnología, los alimentos, la calidad de vida y la libertar del mundo; se enseña el antiamericanismo, y se reparten condones a los estudiantes? ¿No se está pareciendo demasiado el actual sistema escolar público estadounidense, controlado por el gobierno federal, al que establecieron los comunistas en Rusia, y al que aún impera en la Cuba marxista? Y si algún padre osado, que realmente valore la libertad y la patria potestad sobre sus retoños desea comprobar el grado de libertad que disfrutan los padres para tomar decisiones respecto a la educación de sus hijos en este país, que se atreva a sacar a un hijo de la escuela pública y le comunique a la dirección que no lo enviará más a la escuela. No dude que pronto recibirá una desagradable sorpresa por parte de las autoridades docentes, y comprobará que los largos tentáculos del gobierno estadounidense cada día se adentran más en la vida privada del ciudadano y van dejando gradualmente menos espacio para las decisiones que debían corresponderles exclusivamente a las familias y no a los burócratas gubernamentales.

 

El socialismo ateo, hasta la fecha, no ha logrado entrar por la puerta frontal y manifiesta de la política estadounidense. Sin embargo, se ha estado colando paulatinamente y con paso firme durante décadas por la puerta solapada de la educación pública en todos los niveles. ¿Le estará ocurriendo a nuestra sociedad estadounidense lo que a la proverbial rana metida en la olla, que muere cocida por no haber percibido el gradual aumento de la temperatura del agua hasta el punto de ebullición?

 

Guido F. Castellanos

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