El ateísmo: peligroso juego de ruleta rusa con el alma

marzo 21, 2009

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                   Abraham e Isaac, Rembrandt van Rijn

 

Nunca he encontrado un hombre verdaderamente pensador que no creyera en Dios.  

Robert A. Millikan, físico norteamericano

 

 En términos sencillos, ¿qué significa la palabra ateo? ¿Qué cree o no cree un ateo?

 Ateo, en el sentido más amplio de la palabra, es aquel que niega a Dios y vive como si Él no existiera. El vocablo ateo proviene del prefijo griego a (sin o no) y el sustantivo Teos (Dios). El ateo cree que hay pruebas de que Dios no existe. De manera que el mundo,  el universo y todo lo que existe puede explicarse mediante el naturalismo y no a través del súpernaturalismo o la creación especial. El ateo acepta el materialismo como filosofía de vida, y está convencido de que toda creencia, evidencia religiosa y la fe son falsas.

Hay ateos que prefieren que se les llame ateístas o no teístas en vez de ateos, puesto que el vocablo ateo ha tenido históricamente un significado peyorativo.

¿Cuáles son las principales diferencias entre el ateo, el agnóstico y el escéptico?

El agnóstico (del griego a (sin o no) y el sustantivo gnosis (conocimiento, generalmente empírico) cree que no existe suficiente evidencia para probar o descartar la existencia de Dios. Y el escéptico ni afirma ni niega la existencia de Dios. Tampoco niega que sea imposible saber, sin embargo, lo cuestiona todo.

 

¿Qué dice la Biblia sobre el ateo?

No mucho. Pero lo que declara es en extremo significativo y devastador: “Dice el necio en su corazón: no hay Dios” (Salmos 14:1; 53:1). El Dios de La Biblia concibe el ateísmo como idolatría, porque en el sitio que debía corresponderle a Dios queda un vacío que luego ocupa un ídolo, ya sea el ego, otra persona, una profesión, la imagen de un ser humano o de un animal, o cualquier otra cosa. Y a la idolatría sí se le dedica considerable espacio en la palabra de Dios. El ateo entonces, como hemos dicho en anterior artículo, no es tanto aquel que no cree en la existencia de Dios, sino la persona que quiere a Dios fuera de su vida para luego entronizar a un ídolo. Y un ídolo es cualquier persona o cosa que desaloja a Dios de la preeminencia en nuestra vida. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Ro. 1:21-23).  

                                                                                                                

Por otra parte, La Biblia enseña que el principio de la sabiduría es el temor de Dios (Salmos 111:10). La sabiduría va mucho más allá de la acumulación de conocimientos: es la capacidad dada por Dios para utilizar correcta y oportunamente nuestros conocimientos y las experiencias de la vida. El verdadero sabio respeta a Dios y tiene siempre presente los principios expuestos en La Biblia, los cuales rigen su vida. Y dije principios divinos, no reglas y mandamientos de hombres, porque los primeros liberan, los últimos esclavizan.

En este punto es necesario señalar que, de todas las libertades, sin duda la más valiosa es la espiritual. El mismo Jesucristo dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. “Así que si el hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:31, 36). Es esencial comprender que el auténtico cristianismo es una relación personal con Cristo y es a su vez un sistema total de vida que nos permite ver el mundo en que vivimos como realmente es, a la vez que nos enseña a vivir según las leyes y los principios morales establecidos por Dios.

 

¿Constituye el ateísmo una muestra de individualidad e inteligencia, o se arriesga innecesariamente todo el que niega la existencia de Dios?

 

No es muestra de ninguna de las dos. El ateísmo es, en la práctica, un juego de ruleta rusa con el alma. Es necesario señalar que resulta muchísimo menos arriesgado y considerablemente más inteligente tener fe en Dios, en su existencia, que no tenerla. La postura del ateo es una especie de intransigencia, de estulticia (a la que ya dije que la Biblia llama necedad: “Dice el necio en su corazón: no hay Dios”, o más bien: “no, Dios”. Salmos 14:1), la decisión descabellada de jugar a la ruleta rusa con su alma. Sólo los tontos, los faltos de entendimiento, o los desquiciados juegan a la ruleta rusa con un revólver y una bala real. El ateísmo es una necedad, una estupidez, una ruleta rusa infinitamente más peligrosa, porque lo que está en juego es el destino eterno del que la practica. Porque si Dios no existe, el creyente no tiene nada que perder. No obstante, si Dios existe, todo aquel que se ha negado en vida a creen en Él, lo perderá todo. Cristo mismo dijo: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).

 

Viene al caso un corito, sencillo pero con un mensaje muy profundo, que frecuentemente cantamos en la iglesia:

 

Perder los bienes es mucho,

Perder la salud es más.

Perder el alma es pérdida tal

Que no se recobra jamás.

 

 

¿Qué lugar ocupa en la ciencia moderna la creencia en un Dios creador del universo?

 

Ninguno. La ciencia moderna fue concebida para que excluyera a un Diseñador y Creador. Está fundamentada en el ateísmo filosófico, en el naturalismo y en el materialismo, es decir, en las doctrinas que enseñan que la realidad natural y material es la única que existe, que la naturaleza es todo lo que hay y que la realidad material es la única realidad.

 

Sin embargo, ni la realidad material ni la verdad científica constituyen toda la verdad. Hay infinidad de verdades y de realidades que están más allá de la razón. El naturalismo y el materialismo no son conclusiones científicas, sino proposiciones o premisas. En otros términos, son artículos de fe. No obstante, la fe en Dios busca una ruta que ha sido vedada para la razón, y prosigue cuando la razón no encuentra más derroteros. El verdadero creyente en Dios jamás acepta la fe “a ciegas”, como equivocadamente suponen muchos incrédulos, sino con “los ojos bien abiertos”. La fe, a pesar de que pisa sobre el abismo, siempre encuentra la roca debajo. 

En el libro titulado The Creation-Evolution Controversy ((La controversia entre la creación y la evolución), Randy L. Wysong, profesor de anatomía humana y fisiología, afirma: “Se puede concebir la evolución como un tipo de religión mágica. La magia es simplemente un resultado sin causa, al menos sin una causa competente. “La casualidad”, “el tiempo” y “la naturaleza” son los tres dioses venerados en los templos evolucionistas. Sin embargo, estos dioses no pueden explicar el origen de la vida: son dioses impotentes. De este modo, la evolución queda sin causa competente y, por ende, es sólo una explicación mágica de la existencia de la vida”.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor

 

 


El ateísmo y el humanismo secular ante la muerte

marzo 16, 2009

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Las tres cruces,  Rembrandt Van Rijn

 

 

Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón (Jeremías 29:13). 

 

El ateísmo y el humanismo secular no proporcionanni pueden proporcionarrespuestas ni medianamente satisfactorias para las preguntas fundamentales de la vida: ¿De dónde venimos y quiénes somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué ha marchado mal en este mundo? ¿Qué podemos hacer para arreglarlo?

 ¿Por qué? Porque la cruz de Cristo es lo único que nos permite hallarle sentido a nuestra existencia. La obra de Cristo en la cruz provee respuestas inequívocas y concluyentes para las preguntas fundamentales de la vida. Todo aquel que vive como si Dios no existiera rechaza la obra de Cristo en la cruz. La muerte de Cristo en la cruz es la obra consumada, inmejorable, perfecta, que proporciona genuino significado a todo en la vida. En la cruz todo encuentra su resolución. Los sufrimientos y las injusticias en este mundo carecerían de todo sentido sin Dios y sin la existencia de la vida más allá de la muerte. Sólo si existe un Dios misericordioso y justo, quien ha provisto en Cristo la solución para el dilema de la raza humana, es que hay vida eterna y un cielo para todo creyente en Cristo, y un infierno perpetuo para el  incrédulo. Nuestro apóstol, José Martí, al meditar sobre este asunto, dijo: “Las vida humana sería una invención repugnante y bárbara, si estuviera limitada a la vida en la tierra”. Podemos aliviar el hambre, el temor, la injusticia, y hasta las trágicas consecuencias de la guerra en el mundo, sin embargo, en última instancia, los efectos de la muerte de Cristo en la cruz constituyen la única solución para la condición humana.

 ¿Qué mensaje de consuelo y esperanza puede proveer un ateo a un familiar suyo o a un amigo en su lecho de muerte, o en un velorio a los familiares del finado, si él no cree en Dios ni en la vida después de la muerte? ¿Diría, por ejemplo, ya fulano no está con nosotros, ha desaparecido para siempre, ya nunca más le veremos, si tuvo fe en Dios y en Cristo no le sirvió de nada, porque Dios no existe y Cristo no fue más que un bohemio soñador; ahora sólo le aguardan  la inconsciencia, la nada y el olvido eternos, como los que nos aguardan a nosotros también cuando muramos? Ante la absoluta ausencia de respuestas satisfactorias, no le queda más remedio que guardar silencio, o sentarse en un rincón a dormitar, como los he visto yo, mientras que el ministro abre la palabra de Dios para proporcionar consuelo y esperanza, mediante la muerte y la resurrección de Cristo, a todo el que quiera recibirlos:

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:1-3, 6).

Es necesario hacer hincapié en que las verdades más importantes y elevadas están disponibles a través de la fe, no de la razón. De otra forma, sólo un grupo de privilegiados a lo largo de la historia de la humanidad, es decir, los más inteligentes-quizás los “brillantes” intelectuales ateos como Rousseau, Shelley, Ibsen, Tolstoi, Hemingway, y otros-, hubiera tenido acceso a la verdad; los demás se quedarían en la ignorancia. La entrada al cielo sería semejante a recibir un premio al mérito de la inteligencia privilegiada. No obstante Dios, en su infinito amor y en su inescrutable sabiduría, ha querido hacer espacio para todo tipo de persona. De manera que el creyente emplea la fe para lograr la entrada al ámbito de la revelación, e ingresa con la esperanza de que la fe saque a la luz verdades que están ocultas para la razón.

 El apóstol Pablo, citando la palabra de Dios en el Antiguo Testamento, dice: Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:19-21, 26-29).

Para concluir, es preciso señalar que Dios no se manifiesta a todo el mundo, sino sólo a aquellos que lo buscan de corazón: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13). De manera que ni el ateo ni el agnóstico, ni ninguna persona que rechace al verdadero Dios y a su Hijo Jesucristo, tendrán acceso a las verdades más importantes del universo mientras persista en su rechazo. De ahí que el propósito de la fe, aún en lo que concierne a la salvación, sea el descubrimiento de verdades de vital importancia para el ser humano, las cuales están fuera de nuestro alcance a través de medios puramente naturales.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor


Los osos polares en peligro de extinción y otras mentiras

marzo 12, 2009

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¿Han visto los comerciales del Fondo Mundial para la Naturaleza sobre la trágica suerte de los osos polares debido a la destrucción de su hábitat por los efectos del calentamiento global producido por el hombre? Bien hechos, conmovedores, efectivos, ¿no es cierto?, sobre todo para recaudar fondos. Pero se trata de una mentira garrafal, de un fraude publicitario (Ver video: Polar Bears WWF).

 

El Fondo Mundial para la Naturaleza es la organización conservacionista más grande del mundo y posiblemente la que dispone de más fondos. Estos comerciales, narrados por diferentes actores conocidos de Hollywood (Sharon Lawrence, Noah Wiley), son una eficaz herramienta para la propagación de su perniciosa ideología ambientalista y para la recaudación de fondos millonarios anualmente.

 

Contrario a lo que afirma el Fondo Mundial para la Naturaleza, que los osos polares están en peligro de extinción, sus poblaciones han aumentado considerablemente. Las estadísticas revelan que el número de osos polares en el mundo es de cuatro a cinco veces mayor de lo que era hace 50 años: de 5.000 ha ascendido a una cifra de cerca de 25.000. De hecho, los habitantes de estas zonas se han visto obligados a cazar osos polares para mantener controlado su crecimiento numérico. El Dr. Michell Taylor, biólogo canadiense, uno de los principales expertos del mundo sobre osos polares, afirma: “Hemos presenciado un aumento sin precedentes en la población de osos polares, y en los lugares donde ha habido una disminución ha sido por la caza, no debido al cambio climático”. El Dr. Taylor explica que “de 13 poblaciones de osos polares, 11 son estables y continúan creciendo” (U.S. Senate Committee on Environment and Public Works). En Canadá habitan dos terceras partes de los osos polares del mundo.

 

¿Por qué es tan importante sacar a la luz estas mentiras del Fondo Mundial para la Naturaleza? Porque el principal objetivo—aparte de la recaudación de fondos para su organización, lo cual es prácticamente imposible sin el alarmismo de su publicidad con el respaldo de la prensa liberal mundial— es detener la campaña de perforación para la extracción de hidrocarburos en Estados Unidos y maniatar a la potencia más grande del mundo con tratados absurdos y perjudiciales como el de Kioto, para combatir el cambio climático. Es decir, que el objetivo final es que los ideólogos ambientalistas controlen la economía estadounidense mediante el control de la producción de energía.
 

La verdad siempre sale a la luz, porque nunca faltan los valientes que salen a defenderla, sin importar lo que les toque afrontar en su defensa. En el presente estas verdades se están dando a conocer con asombrosa rapidez y claridad. El Fondo Mundial para la Naturaleza ha logrado incluir a los osos polares en la lista de especies amenazadas por la extinción (ESA), todo a base de mentiras y propaganda. El calentamiento global provocado por el hombre es un mito. Los osos polares no son una especie amenazada y mucho menos en peligro de extinción. La perforación para la extracción de hidrocarburos no constituye un peligro para el medio ambiente. No obstante lo dicho, el Fondo Mundial para la Naturaleza continúa propagando estas mentiras a lo descarado e infundiendo temor a la población con su irresponsable alarmismo, respaldados por la prensa liberal que les hace el juego en todo el mundo.

 

Es lamentable que la gente se deje engañar por la propaganda de una organización que para promover su agenda y recaudar fondos se vale continuamente de la mentira. ¿Hasta cuando vamos a observar pasivamente la militancia impune de estos ideólogos ambientalistas que dan prioridad a cualquier cosa, incluso a un oso polar, antes que al ser humano y persiguen el control y la destrucción de la economía de la nación más libre y próspera del planeta? ¿Cuánto más vamos a esperar para denunciar sus garrafales mentiras hasta que toda esta descarada e insidiosa propaganda ideológica sea conocida por todos, proscrita y llamada por su verdadero nombre: fraude?
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Guido F. Castellanos
  

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El ateísmo: ¿rebelión intelectual o moral?

marzo 9, 2009

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La creencia popular es que el ateísmo es primordialmente una rebelión intelectual. ¿Será esto cierto, o podremos demostrar, sin lugar a dudas, que el ateísmo no es más que una rebelión moral? Veamos. El mayor problema para el ateo no es la invisibilidad de Dios, sino el hecho de que sus leyes y principios morales le resultan intolerables. Toda manifestación de incredulidad en Dios tiene un origen moral. El ateo vive adaptando la verdad a sus deseos, no viceversa. Es decir, que el carretón para ellos va siempre delante de los bueyes.

No cabe duda de que el atractivo perenne del ateísmo radica en que éste da al traste con Dios—al menos el Dios “inflexible” y “severo” del cristianismo—, y libera al ser humano para que el mismo pueda disfrutar irrestrictamente los placeres del pecado y el desenfreno. Es decir que, al deshacerse del juez, el ateo está convencido de que no estará sujeto a un juicio moral, ni en esta vida, ni después de la muerte. Como dice el conocido refrán: muerto el perro, se acabó la rabia.

 La libertad—más bien el libertinaje—sexual es, sin lugar a dudas, el motivo más poderoso para el ateísmo. Una cosmovisión materialista no puede producir otra cosa que una moralidad materialista. De manera que el darwinismo se ha convertido para un sinnúmero de personas en el fundamento de su moralidad. Si el ser humano desciende de los animales y es una mera continuación de los mismos, y no es fruto de una creación especial, como afirman las Escrituras, “a imagen y semejanza de Dios”, entonces, al igual que ellos, carecemos de conciencia moral. De manera que el darwinismo se convierte en un vehículo conveniente y eficaz para liberar al hombre de la restrictiva y asfixiante moralidad tradicional. El ateo puede entonces desentenderse, de una vez y para siempre, de las antiguas ataduras morales y vivir de acuerdo a sus deseos y pasiones naturales.

Todo el que conoce la historia del ateísmo sabe que Julian Huxley, nieto de Tomás H. Huxley, amigo y socio de Darwin, afirmó: “La sensación de alivio espiritual que resulta del rechazo del concepto de Dios como ser sobrenatural es enorme”. Su propio hermano, Aldous Huxley, conocido ateo, dijo: “Yo tenía motivos para no querer que el mundo tuviera significado, por lo que di por sentado que no lo tenía, y pude fácilmente encontrar motivos satisfactorios para apoyar esta suposición. Para mí, sin duda al igual que para la mayoría de mis contemporáneos, la filosofía de la absurdidad era fundamentalmente un instrumento de liberación. Deseábamos liberación de determinado sistema de moralidad, el cual interfería con nuestra libertad sexual” (itálicas del autor).

En el libro titulado Por qué no soy cristiano, Bertran Russell afirmó: “La peor característica de la religión cristiana es su actitud tocante al sexo”. Por eso precisamente es que la mayoría de los ateos contemporáneos han decidido romper con el cristianismo. Denish D’Souza, en su libro titulado What´s  So Great About Chirstianity (Lo grandioso del cristianismo), afirma que “cuando un ateo provee justificaciones detalladas de por qué Dios no existe y por qué la moralidad tradicional es una ilusión, lo más probable es que esté pensando en sus órganos sexuales”.

Éste es precisamente el motivo por el cual muchas personas niegan la existencia de Dios, muy en particular el Dios del cristianismo: para evadir la responsabilidad de rendir cuentas a Dios en la vida venidera. En Romanos 2:6-8 dice: El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,  pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia”.

Y en Apocalipsis 21:8 leemos: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

 El ateísmo: un falso refugio

Por lo tanto, el ateísmo es un falso refugio. La Biblia enseña que la muerte no es el fin: nos conduce a la presencia del Señor y Juez del universo, a quien rendiremos cuentas. Muchos procuran evitar a toda costa esta irrevocable comparecencia ante el Juez supremo y, procurando tapar el sol con un dedo, es decir, pretendiendo que Dios no existe, suponen que han anulado su existencia. Es algo así como la promulgación de una ordenanza en una ciudad para abolir la ley de gravedad todos los días entre el medio día y la una de la tarde. ¿Quién será el tonto que se atreverá a lanzarse desde el décimo piso de un edificio hacia la calle a las doce y treinta de la tarde para comprobar la efectividad de la nueva ley? En Juan 3:20 dice: “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas”.

El ateísmo proporciona un falso refugio para aquellos que se niegan a reconocer que son pecadores y necesitan el perdón de Dios. Porque si Dios no existe, los principios y mandatos suyos en la Biblia, sobre todo cualquier índole de relación sexual fuera del matrimonio, no se convierten en pecados que deben evitarse, sino en incitaciones a las que debemos sucumbir. La reacción de todo el que rechaza a Dios y sus principios morales debe ser, como dice una popular canción de Joan Manuel Serrat, “vencer la tentación sucumbiendo en sus brazos”.

No cabe duda de que muchas personas convenientemente aceptan la declaración nietzscheana de que Dios está muerto. Mas el que está muerto hace más de un siglo es Nietzsche, no Dios. Dinesh D’Souza, en el libro ya citado, tiene razón cuando afirma que “en el plan de Nietzsche, no es enteramente correcto afirmar que Dios ha muerto. Más bien, el ser humano ha matado a Dios con el propósito de obtener la libertad que le permite inventar su propia moralidad”.

Y como que Dios es el origen de la ley moral, su muerte o inexistencia significa que nos hemos quedado sin fundamento ético. Esta falta de fundamento ético permite que el ateo  y todo el que desecha a Dios, evada la culpabilidad, porque su moral es relativa y se define según su conveniencia. Todo el que no cree en Dios buscará explicaciones que concuerden con sus preconceptos. Cada quien se convierte en la autoridad final en lo que a sus principios se refiere. Por eso hemos concluido, sin lugar a dudas, que el ateísmo es fundamentalmente una rebelión moral, no intelectual.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor 

 


La verdad y la cosmovisión cristiana

marzo 2, 2009

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Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Juan 8:32).

Vivimos en un mundo postmoderno donde las verdades absolutas no tienen cabida en la vida de un creciente número de personas, incluso de una alarmante cantidad de aquellos que se denominan creyentes en Cristo. Esta peligrosa y lamentable tendencia sólo puede contrarrestarse con la clara exposición de la verdad, tanto desde nuestros púlpitos, como mediante revistas, periódicos, programas televisivos, sitios en la Internet y blogs como éste. Para esto es necesario un conocimiento profundo de la palabra de Dios, el valor para no dejarnos amedrentar por nada ni por nadie y la completa desvinculación de la corrección política, que no es más que una enfermedad paralizante que impide que tengamos el valor de decir lo que realmente creemos y pensamos.

¿Qué es la verdad?, preguntará alguien. La verdad, en términos sencillos, es lo que Dios dice acerca de cualquier asunto.  

El término “cosmovisión” puede parecernos abstracto o filosófico, no obstante la cosmovisión de una persona es sumamente práctica. El Diccionario de la Real Academia Española dice que la cosmovisión “es la manera de ver e interpretar el mundo”. El diccionario en línea WordReference.com la define como la “forma de concebir e interpretar al mundo propia de una persona o época”. De manera que el vocablo cosmovisión significa una orientación filosófica, una perspectiva de la vida, una forma de interpretar el mundo, o una integradora de la vida. Toda persona tiene una cosmovisión. Tal cosmovisión es sencillamente nuestra perspectiva de la realidad. Es el medio por el cual interpretamos las situaciones y circunstancias en nuestro entorno. Se trata de aquello que nos permite integrar todos los aspectos distintos de nuestra vida, fe y experiencia.

 La tarea principal en la vida es descubrir lo que es verdadero y vivir de acuerdo con esa verdad. Jesucristo afirma que él es el camino que todo ser humano debe seguir, la verdad que todo hombre debe creer y aceptar y la vida que toda persona debe recibir, y que nadie puede tener acceso a Dios el Padre sino a través de él (Juan 14:6). El hombre puede conocer la verdad por la revelación de Dios. La verdad de Dios se aplica a todo aspecto de la vida y del conocimiento científico.

La cosmovisión de una persona influye en toda su forma de pensar y en su manera de vivir, en todo aspecto de su vida, aunque la persona no sea consciente de este hecho.  El cristianismo auténtico no puede limitarse sólo a un aspecto de nuestra vida, a una simple práctica u observancia religiosa, o aun a una experiencia de salvación, aunque la salvación es el punto de partida, sin la cual todo lo demás es una imposibilidad.  Es esencial comprender que el auténtico cristianismo es una relación personal con Cristo y es a su vez un sistema total de vida que nos permite ver el mundo en que vivimos como realmente es, y nos enseña a vivir nuestra vida según los principios espirituales y morales establecidos por Dios.

Las locomotoras son máquinas fascinantes, sobre todo los de vapor. Emile Zola, novelista francés, solía decir que las locomotoras de vapor parecían tener alma.  Los trenes han sido diseñados y fabricados para rodar libremente sobre raíles de acero. Los trenes modernos se trasladan de ciudad a ciudad y de país en país, transportando pasajeros y mercancía, a velocidades extraordinarias. Sin embargo, esos trenes que se mueven con impresionante libertad y velocidad sobre los caminos de hierro, si se descarrilan, causan estragos formidables. El tren no puede moverse libremente sobre una calle asfaltada o por una autopista, como lo hace un automóvil. No fue creado para eso. Sólo cuando transita sobre los raíles es que el tren es verdaderamente libre. De igual manera, el ser humano fue creado por Dios para ser verdaderamente libre cuando conoce a Dios y vive de acuerdo a las enseñanzas de su Palabra. El hombre se mueve con auténtica libertad cuando su vida transita sobre “los raíles” de la verdad de Dios.

Lo que hacemos, decimos y callamos

Una cosmovisión, sea cristiana o no, se transmite tanto por ejemplo y palabra, como por lo que uno calla. Si en la escuela, por ejemplo, como en el caso de la enseñanza en la Cuba comunista durante 50 años, nunca se menciona que Dios es el creador del universo y el Señor de la historia, entonces se transmite una cosmovisión humanista secular y por lo tanto falsa. Esto es precisamente lo que ha ocurrido, no sólo en Cuba, sino en todos los países donde se ha instaurado el comunismo y el materialismo ateo, el humanismo secular, y es desafortunadamente lo que ha estado sucediendo con la enseñanza pública o gubernamental en Estados Unidos durante varias décadas.  En la Cuba marxista, desgobernada por los hermanos Castro, no se han producido muchos comunistas, pero sí millones de humanistas seculares, que fundamentalmente no creen en Dios, ni en la Biblia como verdad revelada por Él para guiar nuestra vida y conocer a Dios personalmente, ni en un mundo invisible hacia el cual nos dirigimos todos, tan real como el mundo visible en el que nos desenvolvemos, creamos en el mismo o no, ni en que la vida tiene un propósito, y que un día tendremos que rendir cuentas al Dios y Señor del universo, Juez de todos.

De manera que un concepto miope de la vida, una cosmovisión torcida o falsa de nuestra existencia y nuestro destino eterno, un mapa equivocado de la realidad, sólo se pueden corregir mediante el conocimiento de la Biblia, que es la Palabra de Dios, donde encontramos todas las verdades y principios fundamentales para vivir nuestra vida según el propósito para el que Dios la ha creado. Todo esto comienza con el reconocimiento de que necesitamos a Dios y que Él ha provisto un remedio para el problema del pecado en nuestra vida, a saber: su Hijo Jesucristo, quien fue enviado por el Padre a este mundo para que muriera en sacrificio por nuestros pecados. Cristo vino para ser nuestro substituto en la cruz, para morir en nuestro lugar, para pagar la deuda que teníamos con Dios y no podíamos costear por esfuerzo propio.

Cuando creemos esto y lo aceptamos de corazón, entonces principia una nueva vida: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Aquí comienza el cambio de nuestra perspectiva de la vida. En este punto se inicia la clara comprensión de la cosmovisión cristiana, y empezamos a ver la vida y el mundo que nos rodea tal y como Dios los ve. Entonces sabremos a ciencia cierta de dónde hemos venido, qué ha ido mal en el mundo, cuál es el remedio, y el propósito por el cual Dios nos ha puesto en esta tierra. No existe nada más importante que esto en la vida.  

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor