La verdad y la cosmovisión cristiana

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Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Juan 8:32).

Vivimos en un mundo postmoderno donde las verdades absolutas no tienen cabida en la vida de un creciente número de personas, incluso de una alarmante cantidad de aquellos que se denominan creyentes en Cristo. Esta peligrosa y lamentable tendencia sólo puede contrarrestarse con la clara exposición de la verdad, tanto desde nuestros púlpitos, como mediante revistas, periódicos, programas televisivos, sitios en la Internet y blogs como éste. Para esto es necesario un conocimiento profundo de la palabra de Dios, el valor para no dejarnos amedrentar por nada ni por nadie y la completa desvinculación de la corrección política, que no es más que una enfermedad paralizante que impide que tengamos el valor de decir lo que realmente creemos y pensamos.

¿Qué es la verdad?, preguntará alguien. La verdad, en términos sencillos, es lo que Dios dice acerca de cualquier asunto.  

El término “cosmovisión” puede parecernos abstracto o filosófico, no obstante la cosmovisión de una persona es sumamente práctica. El Diccionario de la Real Academia Española dice que la cosmovisión “es la manera de ver e interpretar el mundo”. El diccionario en línea WordReference.com la define como la “forma de concebir e interpretar al mundo propia de una persona o época”. De manera que el vocablo cosmovisión significa una orientación filosófica, una perspectiva de la vida, una forma de interpretar el mundo, o una integradora de la vida. Toda persona tiene una cosmovisión. Tal cosmovisión es sencillamente nuestra perspectiva de la realidad. Es el medio por el cual interpretamos las situaciones y circunstancias en nuestro entorno. Se trata de aquello que nos permite integrar todos los aspectos distintos de nuestra vida, fe y experiencia.

 La tarea principal en la vida es descubrir lo que es verdadero y vivir de acuerdo con esa verdad. Jesucristo afirma que él es el camino que todo ser humano debe seguir, la verdad que todo hombre debe creer y aceptar y la vida que toda persona debe recibir, y que nadie puede tener acceso a Dios el Padre sino a través de él (Juan 14:6). El hombre puede conocer la verdad por la revelación de Dios. La verdad de Dios se aplica a todo aspecto de la vida y del conocimiento científico.

La cosmovisión de una persona influye en toda su forma de pensar y en su manera de vivir, en todo aspecto de su vida, aunque la persona no sea consciente de este hecho.  El cristianismo auténtico no puede limitarse sólo a un aspecto de nuestra vida, a una simple práctica u observancia religiosa, o aun a una experiencia de salvación, aunque la salvación es el punto de partida, sin la cual todo lo demás es una imposibilidad.  Es esencial comprender que el auténtico cristianismo es una relación personal con Cristo y es a su vez un sistema total de vida que nos permite ver el mundo en que vivimos como realmente es, y nos enseña a vivir nuestra vida según los principios espirituales y morales establecidos por Dios.

Las locomotoras son máquinas fascinantes, sobre todo los de vapor. Emile Zola, novelista francés, solía decir que las locomotoras de vapor parecían tener alma.  Los trenes han sido diseñados y fabricados para rodar libremente sobre raíles de acero. Los trenes modernos se trasladan de ciudad a ciudad y de país en país, transportando pasajeros y mercancía, a velocidades extraordinarias. Sin embargo, esos trenes que se mueven con impresionante libertad y velocidad sobre los caminos de hierro, si se descarrilan, causan estragos formidables. El tren no puede moverse libremente sobre una calle asfaltada o por una autopista, como lo hace un automóvil. No fue creado para eso. Sólo cuando transita sobre los raíles es que el tren es verdaderamente libre. De igual manera, el ser humano fue creado por Dios para ser verdaderamente libre cuando conoce a Dios y vive de acuerdo a las enseñanzas de su Palabra. El hombre se mueve con auténtica libertad cuando su vida transita sobre “los raíles” de la verdad de Dios.

Lo que hacemos, decimos y callamos

Una cosmovisión, sea cristiana o no, se transmite tanto por ejemplo y palabra, como por lo que uno calla. Si en la escuela, por ejemplo, como en el caso de la enseñanza en la Cuba comunista durante 50 años, nunca se menciona que Dios es el creador del universo y el Señor de la historia, entonces se transmite una cosmovisión humanista secular y por lo tanto falsa. Esto es precisamente lo que ha ocurrido, no sólo en Cuba, sino en todos los países donde se ha instaurado el comunismo y el materialismo ateo, el humanismo secular, y es desafortunadamente lo que ha estado sucediendo con la enseñanza pública o gubernamental en Estados Unidos durante varias décadas.  En la Cuba marxista, desgobernada por los hermanos Castro, no se han producido muchos comunistas, pero sí millones de humanistas seculares, que fundamentalmente no creen en Dios, ni en la Biblia como verdad revelada por Él para guiar nuestra vida y conocer a Dios personalmente, ni en un mundo invisible hacia el cual nos dirigimos todos, tan real como el mundo visible en el que nos desenvolvemos, creamos en el mismo o no, ni en que la vida tiene un propósito, y que un día tendremos que rendir cuentas al Dios y Señor del universo, Juez de todos.

De manera que un concepto miope de la vida, una cosmovisión torcida o falsa de nuestra existencia y nuestro destino eterno, un mapa equivocado de la realidad, sólo se pueden corregir mediante el conocimiento de la Biblia, que es la Palabra de Dios, donde encontramos todas las verdades y principios fundamentales para vivir nuestra vida según el propósito para el que Dios la ha creado. Todo esto comienza con el reconocimiento de que necesitamos a Dios y que Él ha provisto un remedio para el problema del pecado en nuestra vida, a saber: su Hijo Jesucristo, quien fue enviado por el Padre a este mundo para que muriera en sacrificio por nuestros pecados. Cristo vino para ser nuestro substituto en la cruz, para morir en nuestro lugar, para pagar la deuda que teníamos con Dios y no podíamos costear por esfuerzo propio.

Cuando creemos esto y lo aceptamos de corazón, entonces principia una nueva vida: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Aquí comienza el cambio de nuestra perspectiva de la vida. En este punto se inicia la clara comprensión de la cosmovisión cristiana, y empezamos a ver la vida y el mundo que nos rodea tal y como Dios los ve. Entonces sabremos a ciencia cierta de dónde hemos venido, qué ha ido mal en el mundo, cuál es el remedio, y el propósito por el cual Dios nos ha puesto en esta tierra. No existe nada más importante que esto en la vida.  

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor  

 

 

 

 

Una respuesta a La verdad y la cosmovisión cristiana

  1. Guido:
    Volví a leer tu artículo y me volvió a gustar. Gracias por el aporte que estas haciendo.
    Bendiciones,
    Julio Fuentes

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