El ateísmo: peligroso juego de ruleta rusa con el alma

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                   Abraham e Isaac, Rembrandt van Rijn

 

Nunca he encontrado un hombre verdaderamente pensador que no creyera en Dios.  

Robert A. Millikan, físico norteamericano

 

 En términos sencillos, ¿qué significa la palabra ateo? ¿Qué cree o no cree un ateo?

 Ateo, en el sentido más amplio de la palabra, es aquel que niega a Dios y vive como si Él no existiera. El vocablo ateo proviene del prefijo griego a (sin o no) y el sustantivo Teos (Dios). El ateo cree que hay pruebas de que Dios no existe. De manera que el mundo,  el universo y todo lo que existe puede explicarse mediante el naturalismo y no a través del súpernaturalismo o la creación especial. El ateo acepta el materialismo como filosofía de vida, y está convencido de que toda creencia, evidencia religiosa y la fe son falsas.

Hay ateos que prefieren que se les llame ateístas o no teístas en vez de ateos, puesto que el vocablo ateo ha tenido históricamente un significado peyorativo.

¿Cuáles son las principales diferencias entre el ateo, el agnóstico y el escéptico?

El agnóstico (del griego a (sin o no) y el sustantivo gnosis (conocimiento, generalmente empírico) cree que no existe suficiente evidencia para probar o descartar la existencia de Dios. Y el escéptico ni afirma ni niega la existencia de Dios. Tampoco niega que sea imposible saber, sin embargo, lo cuestiona todo.

 

¿Qué dice la Biblia sobre el ateo?

No mucho. Pero lo que declara es en extremo significativo y devastador: “Dice el necio en su corazón: no hay Dios” (Salmos 14:1; 53:1). El Dios de La Biblia concibe el ateísmo como idolatría, porque en el sitio que debía corresponderle a Dios queda un vacío que luego ocupa un ídolo, ya sea el ego, otra persona, una profesión, la imagen de un ser humano o de un animal, o cualquier otra cosa. Y a la idolatría sí se le dedica considerable espacio en la palabra de Dios. El ateo entonces, como hemos dicho en anterior artículo, no es tanto aquel que no cree en la existencia de Dios, sino la persona que quiere a Dios fuera de su vida para luego entronizar a un ídolo. Y un ídolo es cualquier persona o cosa que desaloja a Dios de la preeminencia en nuestra vida. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Ro. 1:21-23).  

                                                                                                                

Por otra parte, La Biblia enseña que el principio de la sabiduría es el temor de Dios (Salmos 111:10). La sabiduría va mucho más allá de la acumulación de conocimientos: es la capacidad dada por Dios para utilizar correcta y oportunamente nuestros conocimientos y las experiencias de la vida. El verdadero sabio respeta a Dios y tiene siempre presente los principios expuestos en La Biblia, los cuales rigen su vida. Y dije principios divinos, no reglas y mandamientos de hombres, porque los primeros liberan, los últimos esclavizan.

En este punto es necesario señalar que, de todas las libertades, sin duda la más valiosa es la espiritual. El mismo Jesucristo dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. “Así que si el hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:31, 36). Es esencial comprender que el auténtico cristianismo es una relación personal con Cristo y es a su vez un sistema total de vida que nos permite ver el mundo en que vivimos como realmente es, a la vez que nos enseña a vivir según las leyes y los principios morales establecidos por Dios.

 

¿Constituye el ateísmo una muestra de individualidad e inteligencia, o se arriesga innecesariamente todo el que niega la existencia de Dios?

 

No es muestra de ninguna de las dos. El ateísmo es, en la práctica, un juego de ruleta rusa con el alma. Es necesario señalar que resulta muchísimo menos arriesgado y considerablemente más inteligente tener fe en Dios, en su existencia, que no tenerla. La postura del ateo es una especie de intransigencia, de estulticia (a la que ya dije que la Biblia llama necedad: “Dice el necio en su corazón: no hay Dios”, o más bien: “no, Dios”. Salmos 14:1), la decisión descabellada de jugar a la ruleta rusa con su alma. Sólo los tontos, los faltos de entendimiento, o los desquiciados juegan a la ruleta rusa con un revólver y una bala real. El ateísmo es una necedad, una estupidez, una ruleta rusa infinitamente más peligrosa, porque lo que está en juego es el destino eterno del que la practica. Porque si Dios no existe, el creyente no tiene nada que perder. No obstante, si Dios existe, todo aquel que se ha negado en vida a creen en Él, lo perderá todo. Cristo mismo dijo: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).

 

Viene al caso un corito, sencillo pero con un mensaje muy profundo, que frecuentemente cantamos en la iglesia:

 

Perder los bienes es mucho,

Perder la salud es más.

Perder el alma es pérdida tal

Que no se recobra jamás.

 

 

¿Qué lugar ocupa en la ciencia moderna la creencia en un Dios creador del universo?

 

Ninguno. La ciencia moderna fue concebida para que excluyera a un Diseñador y Creador. Está fundamentada en el ateísmo filosófico, en el naturalismo y en el materialismo, es decir, en las doctrinas que enseñan que la realidad natural y material es la única que existe, que la naturaleza es todo lo que hay y que la realidad material es la única realidad.

 

Sin embargo, ni la realidad material ni la verdad científica constituyen toda la verdad. Hay infinidad de verdades y de realidades que están más allá de la razón. El naturalismo y el materialismo no son conclusiones científicas, sino proposiciones o premisas. En otros términos, son artículos de fe. No obstante, la fe en Dios busca una ruta que ha sido vedada para la razón, y prosigue cuando la razón no encuentra más derroteros. El verdadero creyente en Dios jamás acepta la fe “a ciegas”, como equivocadamente suponen muchos incrédulos, sino con “los ojos bien abiertos”. La fe, a pesar de que pisa sobre el abismo, siempre encuentra la roca debajo. 

En el libro titulado The Creation-Evolution Controversy ((La controversia entre la creación y la evolución), Randy L. Wysong, profesor de anatomía humana y fisiología, afirma: “Se puede concebir la evolución como un tipo de religión mágica. La magia es simplemente un resultado sin causa, al menos sin una causa competente. “La casualidad”, “el tiempo” y “la naturaleza” son los tres dioses venerados en los templos evolucionistas. Sin embargo, estos dioses no pueden explicar el origen de la vida: son dioses impotentes. De este modo, la evolución queda sin causa competente y, por ende, es sólo una explicación mágica de la existencia de la vida”.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor

 

 

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