El mito de la separación de la iglesia y el estado

 

La mítica y trillada frase—separación de la iglesia y el estado—ha sido empleada tantas veces en los juzgados estadounidenses y repetida hasta la saciedad por la prensa que hay millones de estadounidenses convencidos de que forma parte de la primera enmienda a la constitución. La frase, sin embargo, no aparece en ninguna parte de la constitución, de sus enmiendas, ni de ningún documento fundacional. La primera enmienda jamás tuvo como objetivo desalojar a Dios del gobierno y sus instituciones. Inequívocamente, la primera enmienda establece que ninguna religión ha de tener carácter estatal. Punto.

La Carta de Derechos, conocida en inglés como Bill of Rights, denomina las diez primeras enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos de América. Estas diez enmiendas tienen una doble finalidad: limitar el poder del gobierno federal y garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos.

La primera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos forma parte de la Carta de Derechos de este país. ¿Cuál es su propósito? Muy sencillo y fundamental: prohibir que la legislatura estadounidense apruebe  cualquier ley relacionada con la adopción de una religión o ratifique cualquier ley que prohíba la libertad de culto, de expresión, de prensa, de reunión o de petición. A continuación citamos íntegramente la primera enmienda a la Constitución de Estados Unidos:

El Congreso no aprobará ley alguna por la que adopte una religión oficial del estado o prohíba el libre ejercicio de la misma, o que restrinja la libertad de expresión o de prensa, o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedir al gobierno la reparación de agravios.

Es decir, que la primera enmienda a la Constitución de Estados Unidos prohíbe el establecimiento de una religión patrocinada por el gobierno federal. Se procuraba impedir a toda costa lo que ocurría en Inglaterra y su iglesia estatal, a saber, que el gobierno manejara los asuntos de la iglesia y que interfiriera con las prácticas religiosas de los ciudadanos.  Sin embargo, no tenía nada que ver con que el gobierno pudiera ayudar equitativamente a todas las denominaciones religiosas.

¿Qué ocurrió el día después de que la Casa de Representantes adoptara la primera enmienda?  El representante Elías Boudinot propuso una resolución mediante la cual se solicitaba al presidente Jorge Washington que promulgara un Día Nacional de Acción de Gracias (Thanksgiving Day). El 25 de septiembre de 1789, se aprobó la resolución propuesta por Boudinot. Ahora bien, si ACLU (siglas en inglés de American Civil Liberties Union, organización pantalla socialista establecida en 1920, brazo jurídico del movimiento humanista secular estadounidense, y la más exitosa en la destrucción de las leyes y los derechos tradicionales de los ciudadanos estadounidenses) hubiera existido en aquel entonces, no cabe duda de que se habría opuesto tenazmente a esta resolución.

 

La institucionalización de la mentira: el mito del “muro de separación entre la iglesia y el estado”

¿Cuál es la procedencia de la frase “muro de separación entre la iglesia y el estado”? La mítica frase se pronunció por primera vez en el caso histórico Everson v. Board of Education (Everson versus la Junta Escolar) de la Corte Suprema. El juez Hugo Black dio a conocer un inaudito principio jurídico: “La Primera Enmienda ha levantado un muro entre la iglesia y el estado. Ese muro debe mantenerse alto e infranqueable. No podríamos aprobar la más mínima violación”.  

Desde entonces, el poder judicial estadounidense, paulatina e implacablemente,  ha ido eliminando de la propiedad pública toda huella de cristianismo, ya sea lenguaje, simbolismo, o imágenes. Durante la década del sesenta se aprobaron leyes que prohibieron la oración y la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Más tarde surgieron los inconcebibles litigios en torno a si los alumnos de las escuelas públicas debían emplear la frase “bajo Dios” en el juramento de fidelidad a la bandera. En la actualidad, el poder judicial interpreta la primera enmienda de manera radicalmente distinta o como lo hicieron sus antecesores durante el primer siglo y medio de la república estadounidense. ¿Por qué, si el significado de la constitución estadounidense y sus enmiendas es extremadamente claro? No se trata de un documento complejo y extenso, cuya interpretación requiere de expertos descifradores, poseedores de claves y secretos de los que el ciudadano promedio no dispone. La constitución estadounidense no es como el libro de Apocalipsis en la Biblia u otros escritos difíciles de descifrar. Se trata de un documento breve, claro y de redacción bastante reciente.  De manera que el problema fundamental radica en la pérdida del compromiso que tenían los jueces de la corte suprema estadounidense con los encumbrados principios  fundacionales de la nación. Cuando la fe en el Dios verdadero se descarta como principio regidor de la  vida y el gobierno del hombre, cuando la cosmovisión cristiana ha sido reemplazada por una cosmovisión humanista secular, que no toma a Dios en cuenta o que en el mejor de los casos lo relega a un plano secundario, entonces no es de extrañar que el compromiso con la constitución y sus enmiendas, y el respeto por las mismas disminuya considerablemente o se pierda por completo.

Lo que a menudo se repite, aunque sea una garrafal mentira, llega a creerse como verdad inapelable. Y el mito de la “separación de la iglesia y el estado” es una de esas mentiras que muchos se han tragado, como carnada con anzuelo, sin por lo menos haberse tomado el trabajo de leer la constitución y las enmiendas. La primera enmienda es, clara e indiscutiblemente, una prohibición dirigida al gobierno federal estadounidense. De hecho, si cuando se ratificó la enmienda los trece estados originales de la Unión hubiesen interpretado (por su claridad, sencillez y brevedad, no había nada que interpretar) que la prohibición incluía a los gobiernos estales, la hubieran rechazado. ¿Por qué? Porque cerca de la mitad de los  trece estados originales habían establecido religiones estatales. De manera que, durante el primer siglo y medio de la república estadounidense, tomando en cuenta el contexto del la primera enmienda, la frase, “por la que adopte una religión oficial del estado”, significaba, simple y llanamente, que el gobierno federal no apoyaría ni impondría una iglesia nacional o denominación en particular. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? Debido a debilitamiento del cristianismo en Estados Unidos y a la creciente hostilidad hacia éste, el significado de la primera enmienda ha sido radicalmente alterado. En la actualidad, adoptar “una religión oficial del estado”, inconcebiblemente, incluye pronunciar en público el nombre de Dios y de Cristo, y citar la Biblia y los Diez Mandamientos. Sin embargo, los fundadores de esta gran nación jamás tuvieron la intención de que el gobierno estuviera aislado de Dios o que dejara de reconocer su existencia. Mas debido a la prevaleciente y errónea interpretación de la primera enmienda y el consiguiente levantamiento de un  anticonstitucional “muro de separación entre la iglesia y el estado”, el gobierno estadounidense se ha tornado tan secular como los regímenes comunistas  de Cuba, China y de la antigua Unión Soviética (ver capítulo titulado Estados Unidos:  la rana en la olla).

En conclusión, según la carta escrita por Thomas Jefferson en 1802, poco después de convertirse en presidente de la nación (quien utilizó esta expresión, tomada de una metáfora empleada e un conocido sermón de la época, titulado  The Garden and the Wilderness [El jardín y la jungla]), y dirigida a la Asociación Bautista de Danbury, Connecticut, el “muro de separación” de la metáfora  era para proteger “el jardín” de la iglesia de la invasión de “la jungla” del gobierno, no viceversa. Además, la constitución de Estados Unidos no es un documento viviente que cambia de significado—como algunos pretenden hacernos creer— según la época, las circunstancias y sus intérpretes, sino un contrato íntegro de naturaleza inalterable. En esto, precisamente, radica su verdadero valor y vitalidad. De manera que los continuos e implacables intentos por cambiar, tergiversar o reinterpretar su significado, no son más que atentados contra su auténtico valor y su vida real, que es su inalterabilidad. Así que una constitución cambiada (excepto por enmienda), tergiversada o reinterpretada, como de hecho no pocos jueces nos quieren entregar hoy caprichosa y arbitrariamente,  es una constitución anulada e inservible. Logrado esto, quedan destruidos los fundamentos jurídicos de la nación. No obstante, la constitución estadounidense y sus enmiendas, interpretadas según los designios originales, posee auténticos valor y vida.

El juez de la corte suprema estadounidense, William Renquist, dijo: “La metáfora del “muro de separación” constituye pésima historia y peor ley. Ha caotizado totalmente los fallos judiciales. Debería abandonarse definitivamente”.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso del autor.

Una respuesta a El mito de la separación de la iglesia y el estado

  1. Elioenay Rey dice:

    Magnifico este escrito,lastima que han echo con la constitucion de este pais lo mismo que muchos han hecho con la Biblia,interpretarla a su conveniencia,que Dios te bendiga Guido,saludos

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