El arte y la cultura en la vida del creyente

noviembre 12, 2013

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La mayor parte del arte creado por creyentes en la actualidad es mediocre, en el mejor de los casos. Esta declaración fue válida hace cuarenta años y, lamentablemente, lo sigue siendo en la actualidad. La preeminencia artística de los hijos de Dios en siglos anteriores ha quedado en las páginas de la historia. La literatura escrita por creyentes, en particular la ficción, a menudo carece de calidad, autenticidad y de la rica textura de la vida real. ¿Por qué? Primordialmente, porque sus autores continúan empeñándose en emplear los diversos géneros literarios mayormente como herramienta evangelística para “alcanzar” a aquellas personas que suponen hostiles al evangelio si se valen de otros métodos de acercamiento. En la iglesia y en la vida cotidiana del creyente promedio prevalecen la superficialidad y el sentimentalismo barato, la falta de conocimiento bíblico y de cultura general, y la adicción a la pantalla chica, el actual opio del pueblo. En otros términos, podemos decir sin temor a equivocarnos, que el pueblo de Dios hoy en día es adicto a la mediocridad.

   Por otra parte, la ignorancia a menudo nos impide apreciar, no sólo la importancia, sino también el talento otorgado por Dios y el esfuerzo humano en las artes. Como consecuencia, el creyente se priva de un caudal formidable de enriquecimiento y experiencias culturales.

   El auténtico cristianismo no es una mera subcultura que subsiste aislada en una burbuja eclesiástica.  Se trata de una relación personal con Cristo y a su vez de un sistema total de vida. Jesús es el Señor. ¿Qué significa esto? Significa que es amo de toda nuestra vida y de todo en nuestra vida: cuando nos sentamos a la mesa a comer, cuando practicamos un deporte, cuando escribimos una carta o un relato, cuando leemos; también durante las horas laborales y las de descanso.  Quiere decir, además, que Jesús es Señor del arte y la cultura. Entonces, ¿por qué a menudo cuidamos con esmero y desarrollamos únicamente la vida devocional y eclesiástica y dejamos al garete, como jardín estéril, otros aspectos importantes de la vida, como el intelecto, el lado estético, la cultura? Las artes juegan un papel importante en nuestra comprensión del mundo y no es necesario que sean precisamente tratados evangelísticos, teológicos o devocionales para comunicar o mostrar verdades y seamos enriquecidos como personas. Con demasiada frecuencia el mensaje implícito del cristianismo, incluso de los sermones dominicales, ha sido que un creyente en Cristo no debe convertirse en actor, compositor, pintor o novelista. A menudo nuestro cristianismo fracasa en la capacitación de los creyentes para que jueguen un papel dinámico en la cultura fuera de las puertas de la iglesia. Tenemos propensión a los extremos: o nos aislamos en nuestra burbuja eclesiástica como ascetas posmodernos, o perdemos nuestra identidad permitiendo que la cultura popular se meta en el santuario, dirija nuestros cultos y por ende rija la totalidad de nuestra vida.

   El “consumo” de arte del creyente promedio es casi nulo. Lo peor de todo es que la lectura de ficción, como el consumo de cualquier arte con fines no evangelísticos o devocionales, para muchos creyentes es una pérdida de tiempo. Según los mismos todo lo que necesitamos saber respecto a cualquier asunto de la vida se encuentra en La Biblia. Lo demás es superfluo. Esta lamentable conclusión se basa principalmente en el hecho de que la mayor parte del arte (inclusive el de mejor calidad) lo crean los no creyentes, de manera que exponerse al mismo, deducen, podría perjudicar nuestra salud espiritual.

   El arte tiende a indicar más que a contar. Miguel Hernández, poeta y dramaturgo español, dijo: “El verdadero arte no debe mostrar, sino evocar”. Hay cristianos, inclusive pastores, que creen firmemente que los creyentes deben escribir sólo acerca del cristianismo y principal o exclusivamente para creyentes. Se equivocan los que así piensan. La primordial preocupación del artista no debe ser el pronunciamiento de criterios en torno a la condición humana, ni la elaboración de un comentario acerca de los tiempos. El creyente que desea escribir, no importa cuál sea el género literario que elija, debe hacerlo con percepción divina en lugar de escribir exclusivamente acerca de religión o cristianismo. Además, la lectura de buena literatura no es un simple pasatiempo de mujeres, porque se trata de la historia de la experiencia de la humanidad. La literatura posibilita el acceso a un mundo diferente. El erudito alemán Dietrich Schwanitz, en su excelente libro titulado La cultura, provee una concisa y valiosísima definición de literatura: “La literatura es el arte de escribir la historia en forma de vivencias y experiencias personales”. De manera que si deseamos comprender nuestra propia cultura, no existe mejor herramienta para lograrlo que la literatura. Acerca de la literatura, concretamente sobre la importancia de la novela, Dietrich Schwanitz afirma en el libro antes citado: “En este sentido, la novela es única. Nos ofrece algo imposible en cualquier otro género artístico y en la realidad: ver el mundo desde la perspectiva de otra persona y, al mismo tiempo, observar su experiencia”.

  El arte proporciona la oportunidad de conocer otra manera de ver el mundo. Lamentablemente, pocas personas (incluso creyentes y líderes cristianos) están interesadas en enriquecer su cultura. La persona culta invariablemente se distingue por la avidez de instruirse y la sed de saber. Y estas dos cualidades las he visto brillar por su ausencia, tanto en la iglesia como fuera de la misma. La persona culta, además de la Biblia, conoce las grandes obras literarias. Quien no las conoce, no es culto. No obstante, hay quienes piensan que sólo con respirar el aire de una biblioteca, en la que casi nunca entran, o el de una librería, donde entran poco (hoy menos aún, porque las librarías tradicionales están desapareciendo), pero nunca en busca de buena literatura, se les pega el conocimiento que contienen sus libros. Quizá algunos de ellos, como dijera el novelista uruguayo Juan Carlos Onetti, no son cultos pero están enterados. La mayoría, lamentablemente, ni siquiera esto.

   El cine forma parte de la cultura actual. Hay mucho que aprender y disfrutar del buen cine. Y no es necesario convertirse en cinéfilo para apreciar la riqueza filmográfica universal que tenemos a nuestra disposición. La persona culta no tiene por qué ocultarle a nadie sus conocimientos del séptimo arte. Sin embargo, la cultura no se despliega como si fuera una bandera. Por eso la persona verdaderamente culta no hará ostentación de la misma. La cultura es como la humildad: si la tienes no la ostentas; si la ostentas, no la tienes. No se es culto para que los demás nos aplaudan.

   En lo que a la lectura de buena literatura se refiere, la iglesia es con demasiada frecuencia predio desolado e infecundo. En mi artículo titulado Televisión y decadencia, publicado en El Nuevo Herald el 22 de mayo de 2011, dije que “el mundo está dividido en dos grupos: los que leen y los que no leen. Desafortunadamente, los que leen son una minoría”. A continuación cito íntegramente uno de los párrafos de mi referido artículo, porque viene al caso:

    “El mercado de los libros está en crisis. En Estados Unidos, el decreciente número de librerías en este panorama sombrío continúa librando una valiente batalla para impedir, o al menos retardar, su desaparición. El aumento de la venta de libros electrónicos a nivel mundial y el fácil acceso a las librerías en línea, han agudizado esta crisis, pero no la han causado. Según las estadísticas, la verdad incuestionable es que cada día se venden menos libros y periódicos. El público en su mayoría no recurre a los periódicos y a los libros para informarse e ilustrarse, sino a la televisión y a Internet”.

   Los desconcertantes datos provistos por encuestas recientes en torno a la lectura en Estados Unidos, reafirman mis anteriores conclusiones. En Estados Unidos, primer mercado editorial del mundo, el 34 por ciento de las personas conservadoras nunca lee. Sólo el 5 por ciento de los que se consideran lectores afirma haber leído obras exclusivamente de ficción. Para rematar, el 50 por ciento de los adultos no posee siquiera la capacidad fundamental para disfrutar la lectura de un libro con nivel de octavo grado. El 70 por ciento de los adultos hace cinco años que no entra en una librería. El 80 por ciento de las familias estadounidenses no compró ni un solo libro el pasado año. El 42 por ciento de los graduados universitarios jamás volverá a leer un libro. Si este es el desconcertante panorama en Estados Unidos, ¿esperamos que sea mejor en los países hispanohablantes? (Datos provenientes en parte de Read Faster, Reading Stats).

   Finalmente, en nuestras iglesias no debe marginarse el talento artístico (esto es tema para otro artículo), sino concedérsele espacio y canalizarlo, sin forzarlo a convertirse, desnaturalizándolo, únicamente en una herramienta evangelística.

Guido F. Castellanos

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The New Flickr: Success or Failure?

mayo 29, 2013

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On May 20th, 2013, Yahoo’s flickr launched a new User Interface. I was surprised by the unannounced changes, as were the vast majority of my flickr contacts.

For the past week I’ve spent all the time I could spare reading the posts in the Help Forum, every single article and comment I could find online about the new flickr, and talking to my flickr friends, from numerous countries, regarding the changes. Opinions expressed on the articles are divided. However, the overwhelming majority of comments I’ve read from flickr members are against the changes. Most flickr users I’ve talked to don’t like the changes. They don’t think that the new User Interface is an improvement in functionality and aesthetics. I must agree with them. Some, fed up with flickr, have even deleted their accounts with hundreds and even thousands of photos uploaded, tagged and organized in sets and collections through the years. A daunting and time consuming amount of work. It’s no secret that we all have a tendency to reject change, particularly, and rightly so, when it doesn’t work for us.

 During my perusal  online and through flickr, I noticed that throughout the past week photographer Thomas Hawk has become ubiquitous: he keeps appearing anywhere and everywhere where there’s a discussion about the new flickr, only to praise and defend the changes with unquenched zeal, and in almost every occasion I read his posts or comments, he is attempting to vilify the multitudes that are voicing their dissatisfaction, disappointment and frustration with the overreaching changes, not only to the User Interface, but also to flickr’s core business model and strategy.

Evidently, there’s nothing wrong with civil discourse to get one’s point across and defend what is considered right. What makes me suspicious is the vehemence in defending, all over the web, the business decisions of a company he doesn’t work for, the same one that in the past has even, in his own words, blacklisted him from Explore, and excluded him from the Help Forum. I will give him the benefit of the doubt hoping that this is not simply a self-serving tactic, or a self-promoting scheme. I don’t want to lose respect for the photographer I have as a contact, whose photos I frequently admire and fave. That being said, in all honesty, Thomas Hawk is mistaken when he affirms that “much of the criticism is being rallied by a small group of vicious haters in the help forum who shout down and attack anyone who expresses a positive opinion of the changes.” On the contrary, I have found that most of the criticism is coming from serious and decent flickr members (I know many of them) who not only have the right to dissent but also consider it a responsibility to voice their opinions when they aren’t happy with changes or with anything else about flickr they consider negative, unpleasant, offensive or impractical.

There are two basic aspects in any discussion about the recent frickr changes; one is practical, the other aesthetic.

Practical aspect

Currently there’s no reason to pay for a flickr account when you can have the same features and advantages of a Pro account with a free one (except for stats and the absence of ads). New users will sign up with a free account. Having stats available and ads removed from their pages is not sufficient incentive to pay $50 annually for an account. Veteran Pro users, like me, will most likely cancel their paid accounts or not renew them when they expire, particularly when you don’t upload high res images and the need for more space is not an issue. (Anyway, I do not trust any image hosting site with my high res images. In my opinion, it’s really astonishing that any serious photographer does, even though it’s none of my business what anyone does with his images.) With the new design, even the Pro symbol is gone! Now it’s practically impossible to tell who has a paid account and who doesn’t. Of course, the ads on your photostream (more aptly, photo collision) will give you away!

This is precisely what Yahoo wanted. Now they expect from flickr an ever growing number of pages with ads to increase revenues. With a totally ad driven flickr, the rapidly diminishing paying members will eventually disappear or be minuscule, and matter even less. Yahoo expects Flickr to be successful because of ad sales, not as a consequence of its paying customers. This is the result of a new business model and a shift in strategy. After all,  it’s a business, and if you think Yahoo really care about you or what you think regarding the new flickr, I have news for you! They want a new and “hip” crowd to increase quickly. With the availability and proliferation of smart phones, “everyone is a photographer now”, according to LA Times columnist Robert Latchman, just like everyone became a writer with the advent of the blog era just a few years ago! Of course, if you believe that, then the new flickr (and what it will become) is for you.

Aesthetic aspect

The cosmetic overhaul has been partial. It will probably be comprehensive in the near future. That being said, it seems to me that the artistically challenged designers at flickr have never attended well curated art galleries or photography exhibitions. Most photos don’t look good with a black background. You don’t frame most photographs, if any, with black mats or lump them together (as flickr has done with the photostream page) as if they were a collage! It’s unpleasant, claustrophobic, distracting and it detracts from the art work, unless that is the effect you set out to achieve in the first place! I’ve framed many works of art and photographs; nevertheless I don’t remember putting a black mat on any of them, or hanging them on black walls. With the new flickr, photos with black backgrounds don’t end where you wanted them to end!

 Space, white breathing space, is of the essence! The black background should be a viewing choice, like before, not a fixed feature imposed on members. The operative word here is choice! Flickr needs to be flexible and provide more options, not less. Yes, innovate and modernize, but stay away from imitating or emulating others at the risk of alienating a significant portion of its users.

Whether we like it or not, flickr’s recent changes are here to stay. Flickr will ultimately fix all the bugs and persevere in making the changes work for them to accomplish their objectives, according to their new business model and strategy. In the end, if we still dislike the look, feel and functionality, we will need to either adapt of move our tent someplace else.

However, calling everyone who disagrees with the changes “haters of change”, as photographer Thomas Hawk keeps doing, is not only ridiculous and unwarranted, but also disrespectful; it diminishes the credibility of the accuser and puts him on the same level with the vitriolic minority that he so fervently is trying to discredit.

Finally, only time will tell if the new flickr business strategy (which can also be considered a business gamble) will succeed. If it backfires, it could be the end of flickr.

Guido F. Castellanos

This article may not be reproduced in its entirety or in part without the written permission of the author.