El arte y la cultura en la vida del creyente

noviembre 12, 2013

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La mayor parte del arte creado por creyentes en la actualidad es mediocre, en el mejor de los casos. Esta declaración fue válida hace cuarenta años y, lamentablemente, lo sigue siendo en la actualidad. La preeminencia artística de los hijos de Dios en siglos anteriores ha quedado en las páginas de la historia. La literatura escrita por creyentes, en particular la ficción, a menudo carece de calidad, autenticidad y de la rica textura de la vida real. ¿Por qué? Primordialmente, porque sus autores continúan empeñándose en emplear los diversos géneros literarios mayormente como herramienta evangelística para “alcanzar” a aquellas personas que suponen hostiles al evangelio si se valen de otros métodos de acercamiento. En la iglesia y en la vida cotidiana del creyente promedio prevalecen la superficialidad y el sentimentalismo barato, la falta de conocimiento bíblico y de cultura general, y la adicción a la pantalla chica, el actual opio del pueblo. En otros términos, podemos decir sin temor a equivocarnos, que el pueblo de Dios hoy en día es adicto a la mediocridad.

   Por otra parte, la ignorancia a menudo nos impide apreciar, no sólo la importancia, sino también el talento otorgado por Dios y el esfuerzo humano en las artes. Como consecuencia, el creyente se priva de un caudal formidable de enriquecimiento y experiencias culturales.

   El auténtico cristianismo no es una mera subcultura que subsiste aislada en una burbuja eclesiástica.  Se trata de una relación personal con Cristo y a su vez de un sistema total de vida. Jesús es el Señor. ¿Qué significa esto? Significa que es amo de toda nuestra vida y de todo en nuestra vida: cuando nos sentamos a la mesa a comer, cuando practicamos un deporte, cuando escribimos una carta o un relato, cuando leemos; también durante las horas laborales y las de descanso.  Quiere decir, además, que Jesús es Señor del arte y la cultura. Entonces, ¿por qué a menudo cuidamos con esmero y desarrollamos únicamente la vida devocional y eclesiástica y dejamos al garete, como jardín estéril, otros aspectos importantes de la vida, como el intelecto, el lado estético, la cultura? Las artes juegan un papel importante en nuestra comprensión del mundo y no es necesario que sean precisamente tratados evangelísticos, teológicos o devocionales para comunicar o mostrar verdades y seamos enriquecidos como personas. Con demasiada frecuencia el mensaje implícito del cristianismo, incluso de los sermones dominicales, ha sido que un creyente en Cristo no debe convertirse en actor, compositor, pintor o novelista. A menudo nuestro cristianismo fracasa en la capacitación de los creyentes para que jueguen un papel dinámico en la cultura fuera de las puertas de la iglesia. Tenemos propensión a los extremos: o nos aislamos en nuestra burbuja eclesiástica como ascetas posmodernos, o perdemos nuestra identidad permitiendo que la cultura popular se meta en el santuario, dirija nuestros cultos y por ende rija la totalidad de nuestra vida.

   El “consumo” de arte del creyente promedio es casi nulo. Lo peor de todo es que la lectura de ficción, como el consumo de cualquier arte con fines no evangelísticos o devocionales, para muchos creyentes es una pérdida de tiempo. Según los mismos todo lo que necesitamos saber respecto a cualquier asunto de la vida se encuentra en La Biblia. Lo demás es superfluo. Esta lamentable conclusión se basa principalmente en el hecho de que la mayor parte del arte (inclusive el de mejor calidad) lo crean los no creyentes, de manera que exponerse al mismo, deducen, podría perjudicar nuestra salud espiritual.

   El arte tiende a indicar más que a contar. Miguel Hernández, poeta y dramaturgo español, dijo: “El verdadero arte no debe mostrar, sino evocar”. Hay cristianos, inclusive pastores, que creen firmemente que los creyentes deben escribir sólo acerca del cristianismo y principal o exclusivamente para creyentes. Se equivocan los que así piensan. La primordial preocupación del artista no debe ser el pronunciamiento de criterios en torno a la condición humana, ni la elaboración de un comentario acerca de los tiempos. El creyente que desea escribir, no importa cuál sea el género literario que elija, debe hacerlo con percepción divina en lugar de escribir exclusivamente acerca de religión o cristianismo. Además, la lectura de buena literatura no es un simple pasatiempo de mujeres, porque se trata de la historia de la experiencia de la humanidad. La literatura posibilita el acceso a un mundo diferente. El erudito alemán Dietrich Schwanitz, en su excelente libro titulado La cultura, provee una concisa y valiosísima definición de literatura: “La literatura es el arte de escribir la historia en forma de vivencias y experiencias personales”. De manera que si deseamos comprender nuestra propia cultura, no existe mejor herramienta para lograrlo que la literatura. Acerca de la literatura, concretamente sobre la importancia de la novela, Dietrich Schwanitz afirma en el libro antes citado: “En este sentido, la novela es única. Nos ofrece algo imposible en cualquier otro género artístico y en la realidad: ver el mundo desde la perspectiva de otra persona y, al mismo tiempo, observar su experiencia”.

  El arte proporciona la oportunidad de conocer otra manera de ver el mundo. Lamentablemente, pocas personas (incluso creyentes y líderes cristianos) están interesadas en enriquecer su cultura. La persona culta invariablemente se distingue por la avidez de instruirse y la sed de saber. Y estas dos cualidades las he visto brillar por su ausencia, tanto en la iglesia como fuera de la misma. La persona culta, además de la Biblia, conoce las grandes obras literarias. Quien no las conoce, no es culto. No obstante, hay quienes piensan que sólo con respirar el aire de una biblioteca, en la que casi nunca entran, o el de una librería, donde entran poco (hoy menos aún, porque las librarías tradicionales están desapareciendo), pero nunca en busca de buena literatura, se les pega el conocimiento que contienen sus libros. Quizá algunos de ellos, como dijera el novelista uruguayo Juan Carlos Onetti, no son cultos pero están enterados. La mayoría, lamentablemente, ni siquiera esto.

   El cine forma parte de la cultura actual. Hay mucho que aprender y disfrutar del buen cine. Y no es necesario convertirse en cinéfilo para apreciar la riqueza filmográfica universal que tenemos a nuestra disposición. La persona culta no tiene por qué ocultarle a nadie sus conocimientos del séptimo arte. Sin embargo, la cultura no se despliega como si fuera una bandera. Por eso la persona verdaderamente culta no hará ostentación de la misma. La cultura es como la humildad: si la tienes no la ostentas; si la ostentas, no la tienes. No se es culto para que los demás nos aplaudan.

   En lo que a la lectura de buena literatura se refiere, la iglesia es con demasiada frecuencia predio desolado e infecundo. En mi artículo titulado Televisión y decadencia, publicado en El Nuevo Herald el 22 de mayo de 2011, dije que “el mundo está dividido en dos grupos: los que leen y los que no leen. Desafortunadamente, los que leen son una minoría”. A continuación cito íntegramente uno de los párrafos de mi referido artículo, porque viene al caso:

    “El mercado de los libros está en crisis. En Estados Unidos, el decreciente número de librerías en este panorama sombrío continúa librando una valiente batalla para impedir, o al menos retardar, su desaparición. El aumento de la venta de libros electrónicos a nivel mundial y el fácil acceso a las librerías en línea, han agudizado esta crisis, pero no la han causado. Según las estadísticas, la verdad incuestionable es que cada día se venden menos libros y periódicos. El público en su mayoría no recurre a los periódicos y a los libros para informarse e ilustrarse, sino a la televisión y a Internet”.

   Los desconcertantes datos provistos por encuestas recientes en torno a la lectura en Estados Unidos, reafirman mis anteriores conclusiones. En Estados Unidos, primer mercado editorial del mundo, el 34 por ciento de las personas conservadoras nunca lee. Sólo el 5 por ciento de los que se consideran lectores afirma haber leído obras exclusivamente de ficción. Para rematar, el 50 por ciento de los adultos no posee siquiera la capacidad fundamental para disfrutar la lectura de un libro con nivel de octavo grado. El 70 por ciento de los adultos hace cinco años que no entra en una librería. El 80 por ciento de las familias estadounidenses no compró ni un solo libro el pasado año. El 42 por ciento de los graduados universitarios jamás volverá a leer un libro. Si este es el desconcertante panorama en Estados Unidos, ¿esperamos que sea mejor en los países hispanohablantes? (Datos provenientes en parte de Read Faster, Reading Stats).

   Finalmente, en nuestras iglesias no debe marginarse el talento artístico (esto es tema para otro artículo), sino concedérsele espacio y canalizarlo, sin forzarlo a convertirse, desnaturalizándolo, únicamente en una herramienta evangelística.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito de autor.

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The New Flickr: Success or Failure?

mayo 29, 2013

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On May 20th, 2013, Yahoo’s flickr launched a new User Interface. I was surprised by the unannounced changes, as were the vast majority of my flickr contacts.

For the past week I’ve spent all the time I could spare reading the posts in the Help Forum, every single article and comment I could find online about the new flickr, and talking to my flickr friends, from numerous countries, regarding the changes. Opinions expressed on the articles are divided. However, the overwhelming majority of comments I’ve read from flickr members are against the changes. Most flickr users I’ve talked to don’t like the changes. They don’t think that the new User Interface is an improvement in functionality and aesthetics. I must agree with them. Some, fed up with flickr, have even deleted their accounts with hundreds and even thousands of photos uploaded, tagged and organized in sets and collections through the years. A daunting and time consuming amount of work. It’s no secret that we all have a tendency to reject change, particularly, and rightly so, when it doesn’t work for us.

 During my perusal  online and through flickr, I noticed that throughout the past week photographer Thomas Hawk has become ubiquitous: he keeps appearing anywhere and everywhere where there’s a discussion about the new flickr, only to praise and defend the changes with unquenched zeal, and in almost every occasion I read his posts or comments, he is attempting to vilify the multitudes that are voicing their dissatisfaction, disappointment and frustration with the overreaching changes, not only to the User Interface, but also to flickr’s core business model and strategy.

Evidently, there’s nothing wrong with civil discourse to get one’s point across and defend what is considered right. What makes me suspicious is the vehemence in defending, all over the web, the business decisions of a company he doesn’t work for, the same one that in the past has even, in his own words, blacklisted him from Explore, and excluded him from the Help Forum. I will give him the benefit of the doubt hoping that this is not simply a self-serving tactic, or a self-promoting scheme. I don’t want to lose respect for the photographer I have as a contact, whose photos I frequently admire and fave. That being said, in all honesty, Thomas Hawk is mistaken when he affirms that “much of the criticism is being rallied by a small group of vicious haters in the help forum who shout down and attack anyone who expresses a positive opinion of the changes.” On the contrary, I have found that most of the criticism is coming from serious and decent flickr members (I know many of them) who not only have the right to dissent but also consider it a responsibility to voice their opinions when they aren’t happy with changes or with anything else about flickr they consider negative, unpleasant, offensive or impractical.

There are two basic aspects in any discussion about the recent frickr changes; one is practical, the other aesthetic.

Practical aspect

Currently there’s no reason to pay for a flickr account when you can have the same features and advantages of a Pro account with a free one (except for stats and the absence of ads). New users will sign up with a free account. Having stats available and ads removed from their pages is not sufficient incentive to pay $50 annually for an account. Veteran Pro users, like me, will most likely cancel their paid accounts or not renew them when they expire, particularly when you don’t upload high res images and the need for more space is not an issue. (Anyway, I do not trust any image hosting site with my high res images. In my opinion, it’s really astonishing that any serious photographer does, even though it’s none of my business what anyone does with his images.) With the new design, even the Pro symbol is gone! Now it’s practically impossible to tell who has a paid account and who doesn’t. Of course, the ads on your photostream (more aptly, photo collision) will give you away!

This is precisely what Yahoo wanted. Now they expect from flickr an ever growing number of pages with ads to increase revenues. With a totally ad driven flickr, the rapidly diminishing paying members will eventually disappear or be minuscule, and matter even less. Yahoo expects Flickr to be successful because of ad sales, not as a consequence of its paying customers. This is the result of a new business model and a shift in strategy. After all,  it’s a business, and if you think Yahoo really care about you or what you think regarding the new flickr, I have news for you! They want a new and “hip” crowd to increase quickly. With the availability and proliferation of smart phones, “everyone is a photographer now”, according to LA Times columnist Robert Latchman, just like everyone became a writer with the advent of the blog era just a few years ago! Of course, if you believe that, then the new flickr (and what it will become) is for you.

Aesthetic aspect

The cosmetic overhaul has been partial. It will probably be comprehensive in the near future. That being said, it seems to me that the artistically challenged designers at flickr have never attended well curated art galleries or photography exhibitions. Most photos don’t look good with a black background. You don’t frame most photographs, if any, with black mats or lump them together (as flickr has done with the photostream page) as if they were a collage! It’s unpleasant, claustrophobic, distracting and it detracts from the art work, unless that is the effect you set out to achieve in the first place! I’ve framed many works of art and photographs; nevertheless I don’t remember putting a black mat on any of them, or hanging them on black walls. With the new flickr, photos with black backgrounds don’t end where you wanted them to end!

 Space, white breathing space, is of the essence! The black background should be a viewing choice, like before, not a fixed feature imposed on members. The operative word here is choice! Flickr needs to be flexible and provide more options, not less. Yes, innovate and modernize, but stay away from imitating or emulating others at the risk of alienating a significant portion of its users.

Whether we like it or not, flickr’s recent changes are here to stay. Flickr will ultimately fix all the bugs and persevere in making the changes work for them to accomplish their objectives, according to their new business model and strategy. In the end, if we still dislike the look, feel and functionality, we will need to either adapt of move our tent someplace else.

However, calling everyone who disagrees with the changes “haters of change”, as photographer Thomas Hawk keeps doing, is not only ridiculous and unwarranted, but also disrespectful; it diminishes the credibility of the accuser and puts him on the same level with the vitriolic minority that he so fervently is trying to discredit.

Finally, only time will tell if the new flickr business strategy (which can also be considered a business gamble) will succeed. If it backfires, it could be the end of flickr.

Guido F. Castellanos

This article may not be reproduced in its entirety or in part without the written permission of the author.


El auténtico intelectual y la fe en Dios

febrero 24, 2009

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            J. J. Rousseau                                C.S. Lewis

¿Se puede ser un auténtico intelectual y a su vez tener fe en Dios? También cabe la pregunta, ¿se puede ser un verdadero intelectual y al mismo tiempo ser ateo? Aunque la palabra “intelectual” en la actualidad tiene connotaciones peyorativas, es preciso que primero definamos en términos sencillos y al menos en el sentido más amplio del vocablo quién es un intelectual. El diccionario de la Real Academia Española define a un intelectual como aquel que se ha “dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y las letras”. En el antiguo Diccionario Webster Ilustrado leemos que un intelectual es aquel que “posee un elevado grado de inteligencia y entendimiento”. En la actualidad abundan los diccionarios en línea. Uno de los más conocidos, WordReference.com, aporta la siguiente definición de intelectual: “Que realiza actividades que requieren preferentemente el empleo de las facultades del intelecto”.  Según la edición en español (Siglo XXI, México, febrero de 2001), del Diccionario de Política de Bobbio, Matteucci y Pasquino, los intelectuales son “artistas, investigadores, científicos y, en general, los que han adquirido, con el ejercicio de la cultura, una autoridad y un influjo en las discusiones públicas”. Según el escritor cubano Carlos Alberto Montaner, un intelectual es “alguien que se aproxima a la realidad desde el mundo de las ideas”. Otra definición añade que un “intelectual es aquel que está enamorado de la sabiduría y anda siempre en busca de la verdad”.

Aunque las definiciones anteriores son incompletas –en particular las de los diccionarios, que son tan generales que ayudan poco–, y el intelectual escapa a una definición concreta y restrictiva, las mismas arrojan alguna luz sobre el significado del vocablo. Tomándolas en conjunto, podemos afirmar que un intelectual es la persona que consagra una porción substancial de su vida al estudio y la reflexión crítica y equilibrada sobre la realidad y el mundo en que la ha tocado vivir. Por eso estimamos que ningún ateo puede ser un auténtico intelectual; en el mejor de los casos se trata de un intelectual incompleto o truncado, porque aparte de Dios no hay verdadero conocimiento ni reflexión crítica y equilibrada sobre la realidad ni sobre nada.

Cuando se descarta a Dios, la sabiduría humana no sólo es incompleta sino en extremo engañosa. A la persona que busca sabiduría prescindiendo de Dios, puede ocurrirle lo que dice la Biblia: que siempre está aprendiendo, pero nunca llega al conocimiento de la verdad; o se envanece en sus propios razonamientos, y profesando ser sabio, no hace otra cosa que convertirse en necio. Porque es imposible ser sabio prescindiendo de Dios. El que desecha a Dios tiene, en el mejor de los casos, una perspectiva muy limitada y defectuosa de la realidad, de la vida en general y del ser humano en particular. Y al desechar a Dios, desprecia la sabiduría por excelencia y eterna, se pierde en el laberinto de los conocimientos humanos y se convierte en sabio según su propia opinión.

Antiguamente el intelectual era el sacerdote o el ministro religioso. A partir del siglo dieciocho, con Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), considerado uno de los escritores más influyentes de todos los tiempos, quien a su vez era un desequilibrado mental con delirio de persecución, y un mentiroso patológico, convencido de su absoluta rectitud moral, comenzaron a surgir los intelectuales modernos y laicos, entre los que ha habido creyentes en el Dios verdadero, agnósticos y ateos. Según el historiador británico Paul Johnson, en su libro titulado Intelectuales,  “por primera vez en la historia humana, y con confianza y audacia creciente, estos hombres afirmaban que podían diagnosticar los males de la sociedad, y curarlos, usando sólo sus propios intelectos”. Estos “nuevos intelectuales laicos”, afirma Johnson, desde entonces “han sometido con deleite a la religión y a sus protagonistas al escrutinio crítico”. (Es incomprensible cómo los intelectuales le han prestado tanta atención durante más de dos siglos a las ideas incongruentes y contradictorias del sagaz e infame de Rousseau. Sólo la credulidad y la ceguera humanas pueden explicar al menos en parte este fenómeno.  En el libro ya citado, Johnson señala que “todo esto es muy desconcertante y sugiere que los intelectuales son tan poco razonables, tan ilógicos y tan supersticiosos como cualquiera. La verdad parece ser que Rousseau fue un escritor de genio, pero irremediablemente desequilibrado tanto en su vida como en sus ideas”.) Además de lo antes dicho, debe tenerse presente que la intransigencia y el extremismo fueron características distintivas de casi todos los intelectuales más influyentes de las dos últimas centurias, como Rousseau, Shelley, Marx, Ibsen, Tolstoi, Brecht, Russell, Sartre,  Gollancz y Hemingway, para mencionar sólo a algunos de los más conocidos.

 

A pesar de que hay diversidad de ideologías entre la intelectualidad y no existen criterios de objetividad absoluta para reconocer a una persona como intelectual, consideramos que un “intelectual ateo” es en gran medida un oxímoron, una contradictio in terminis, aun teniendo en cuenta el alto grado de secularización y hostilidad hacia el cristianismo del mundo actual. El auténtico intelectual busca la verdad sobre todas las cosas, aunque el descubrimiento de la misma le obligue a menudo a cambiar de parecer. Ciertamente, como en una de las definiciones ya citadas, el intelectual está enamorado de la sabiduría: una sabiduría que incluye sin lugar a dudas la palabra de Dios. Esta búsqueda invariablemente conducirá de regreso a Dios, porque el principio de la auténtica sabiduría “es el temor de Jehová” (Proverbios 1:7). Además, el auténtico intelectual, aunque casi siempre es opinionado y crítico, no es sabio en su propia opinión ni soberbio, pues esto es característico del ignorante, no del genuino intelectual, del necio, no del sabio.

 

El auténtico intelectual tiene una mente abierta ante las distintas interpretaciones de la realidad, sin embargo posee discernimiento y sabiduría desarrollados y refinados por un profundo conocimiento de la palabra de Dios, los cuales le permiten con convicción y denuedo, en base a los principios expuestos en la palabra de Dios y a una percepción correcta de la realidad, intentar guiar a la sociedad y por ende contribuir de alguna manera a la transformación del mundo para bien. Aunque, a decir verdad, en el mundo actual este papel tradicional y un tanto mesiánico del intelectual ya ha pasado a la historia. Su rol actual no es tan determinante como quizás lo fue en otras épocas. Además, el auténtico intelectual jamás pierde de vista que Dios existe, está presente y se mantiene muy al tanto de todo lo que ocurre en este mundo que Él creó, a pesar de que los falsos intelectuales modernos quieran de un plumazo hacerlo desaparecer.

 

El verdadero intelectual es tolerante con las ideas ajenas, aunque discrepe de las mismas. El escritor cubano Jorge Mañach, en su ensayo titulado La crisis de la cultura en Cuba, con mucho acierto afirma: “El intelectual que se pique definitivamente con un juicio adverso al punto de acibarar su antigua simpatía, no tiene de “intelectual” sino el ribete, pues aun estará por florecer en él la devoción esencial de todo espíritu culto, que es el amor a la verdad, y en todo caso, al respeto de la civil opinión ajena”. Sin embargo, pese a que el auténtico intelectual debe ser tolerante con las ideas ajenas y a su vez ser consciente de sus flaquezas y tener presente sus limitaciones y lagunas de conocimientos, existe una debilidad humana universal y perenne que los amenaza constantemente, no sólo a ellos, sino también al resto de la humanidad, a saber: no creer la verdad y darle crédito a la mentira. Y la mentira a menudo es difícil de descubrir, porque cabalga sobre los lomos de la verdad.

 

Para concluir, citamos como ejemplo de auténtico intelectual a Clive Staples Lewis, nacido en Belfast, Irlanda en 1898. C.S. Lewis fue profesor de Literatura Medieval y Renacentista en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, y ha sido uno de los grandes intelectuales de todos los tiempos. El maestro apologista fue autor de Las Crónicas de Narnia, Cartas del diablo a su sobrino, Trilogía cósmica, Mero cristianismo, La abolición del hombre, El problema del dolor, Los cuatro amores y muchas otras conocidas e influyentes obras literarias a nivel mundial. Se convirtió al cristianismo en 1931 y se hizo miembro de la Iglesia de Inglaterra (Anglicana). El propio Lewis señala su amistad con el escritor británico J.R.R. Tolkien (El señor de los anillos) y los escritos de G.K. Chesterton como influencias definitivas en su conversión.

 

Por supuesto, estamos hablando de “auténticos intelectuales”, y de estos, desafortunadamente, ha habido muy pocos en el mundo.

 

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor

 


Influencia del ateísmo y el humanismo secular en el arte contemporáneo

enero 21, 2009

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Colorful Glass Reflection, arte digital

Guido F. Castellanos

 

 

 

 

El verdadero artista siempre ha empleado su arte para hallarle sentido al mundo en que le ha tocado vivir. Su arte, ya sea la literatura, la poesía, la pintura, la escultura, la música, o la actuación, es tanto su herramienta para el continuo descubrimiento, como el medio para la transmisión de sus descubrimientos al público, pues la obra artística se destina a los demás. El artista no sólo comparte tales develamientos con el mundo, sino que él mismo se convierte en vehículo de cultura.

 

 

Gabriel García Márquez, galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1982, en su libro de memorias titulado Vivir para contarla, con mucho acierto dice: “La vocación artística es la más misteriosa de todas, a la cual se consagra la vida íntegra sin esperar nada de ella”. Dicho esto, es necesario señalar que, lamentablemente, el arte contemporáneo, regido mayormente por un código humanista secular, ateo, materialista, y políticamente correcto, ha asumido un papel central como medio de autorrealización y de libre expresión. Y digo “autorrealización y libre expresión” porque éstas no son equivalentes de auténtico arte. En la actualidad innumerables “artistas” emplean la pintura, la escultura, la poesía, la literatura, la música, la actuación, como vehículos para exteriorizar un ser íntimo y recóndito que con harta frecuencia, aun después de una reiterada exteriorización, es incomprensible para los demás.

 

 

Hace poco leí la entrevista de una poetisa, quien declaró sin el menor reparo que su único dios es la poesía. Supongo que estos “poetas ateos” concuerdan con el bardo inglés Shelley cuando éste afirma que “la poesía, con su servidora la imaginación y su ambiente natural la libertad, constituyen el trípode sobre el que se apoyan la civilización y la ética”. Este renombrado poeta e intelectual inglés fue uno de los fervientes discípulos del trastocado intelectual Juan Jacobo Rousseau, sustentaba principios socialistas y perseguía una transformación política que incluía la destrucción de la religión organizada. Lamentablemente, hay artistas que tienen fe en muchas cosas menos en el verdadero Dios. Ciertamente si Dios no existiera, cualquier dios podría ser bueno, si se entiende por “dios” cualquier persona o cosa que tiene la preeminencia en nuestra vida; el arte sería posiblemente uno de los mejores. Pero como que Dios sí existe, ningún substituto satisface plenamente, ninguno es bueno aparte del Dios verdadero; todos se convierten en simples ídolos con pies de barro, y con harta frecuencia en tiranos. No es de extrañar que el arte contemporáneo haya sustituido en gran medida a la religión organizada.

 

 

La influencia demoledora del ateísmo y el humanismo secular en el arte contemporáneo se pone de manifiesto en la creciente y desafortunada tendencia de empequeñecer al ser humano y despojarlo de su dignidad. Se ha ido colando el concepto humanista secular y ateo de que no somos más que carne, huesos y fluidos corporales, que no tenemos un espíritu que trascenderá a nuestros cuerpos mortales, limitados por la materia, el espacio y el tiempo, por lo que muchos artistas se han obsesionado con la miseria, la degradación, la decadencia y la vulgaridad. Estos temas son ensalzados y recurrentes en sus obras. Y muchos, si no se han adherido de lleno al feísmo, al menos incursionan en el terreno de esta tendencia artística y literaria que se empeña en defender lo antiestético y lo vulgar.

 

 

Como acertadamente ha expresado Pedro Carrero Eras, profesor de literatura de la Universidad de Alcalá de Henares, en España, “el arte, en cualquiera de sus manifestaciones y recursos temáticos, está obligado a distanciarse de la vulgaridad”. La vulgarización de las artes, particularmente de la literatura, es mayormente fruto del relativismo moral, el cual se origina en el ateísmo y el humanismo secular. Hay escritores que ridiculizan la misma noción de la expresión vulgar y desvergonzada y rinden culto al mal gusto, porque para ellos todo lenguaje, por procaz y ofensivo que sea, es válido para expresarse libremente. Porque lo que estos artistas llaman “libertad de expresión” a menudo no es otra cosa que un conveniente pretexto para el egoísmo, la irrespetuosidad y la desvergüenza. Con frecuencia esa “libertad de expresión” que tanto exigen, cacarean y defienden no es más que burdo libertinaje. De manera que el concepto de vulgarización, en lo que a la literatura se refiere, es inaceptable para estos literatos modernos. Sin embargo, la marcada vulgarización de una sociedad, como la cubana bajo el régimen marxista y ateo de La Habana, es innegable síntoma del avanzado grado de relajamiento y decadencia de una cultura que ha sido brutal y sistemáticamente destruida. Los artistas no hacen más que reflejar en su obra esa destrucción. Y si para ellos Dios no existe, si impera el relativismo moral, y lo procaz y degradante es plausible como legítima expresión artística, ¿de dónde provendrá la inspiración para crear un arte de elevado vuelo, ennoblecedor, que realmente inspire y edifique? ¿Del nihilismo, del relativismo moral, del feísmo, del empobrecimiento y la vulgarización cultural?

 

 

Lo antes dicho tiene poco o nada que ver con la creación de “arte religioso”, porque el elemento religioso con harta frecuencia está presente en el arte de los ateos y humanistas seculares, aunque el mismo sea hostil al Dios verdadero y al cristianismo. Por eso es que en tantos museos y galerías de arte contemporáneo, al igual que en librerías, cada día se exhiben y se ponen a la venta mayor número de “obras de arte” y “literarias” en las que se celebra lo chabacano, lo escatológico, lo chocante, lo grotesco y lo vulgar.

 

 

Para concluir, citemos como ejemplo las obras de dos pintores franceses afamados de siglos pasados: George Rouault y Henri de Toulouse-Lautrec. El artista católico Georges Rouault pintó prostitutas, como también lo hicieron numerosos de sus contemporáneos. Sin embargo, vale la pena notar la diferencia entre la obra de Rouault y la de Tolouse-Lautrec. El influyente crítico de arte francés Louis Vauxcelles, a quien se atribuyen los vocablos denominativos de dos estilos artísticos, Fauvismo y Cubismo, notó la diferencia en la obra de Rouault: “A diferencia de Toulouse-Lautrec, cuando Rouault pinta una prostituta no existe el deleite cruel de presenciar la exaltación del vicio por parte de una criatura. Él sufre y además llora”. En esto, precisamente, radica uno de los grandes males que aquejan al arte contemporáneo, fruto primordialmente de la perniciosa influencia del ateísmo y el humanismo secular.

 

 

Guido F. Castellanos

 

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor


Are You an Art Snob?

octubre 22, 2008

Free Blown Floor Decanters (28″ to 37″ tall) from 1958-74, made by Blenko Glass Company and designed by Wayne Husted and John Nickerson.

Blue Dream, Guido F. Castellanos, Abstract digital art

The art snob should always remember the medium does not create the art, the artist does.                                                                    

 Are You an Art Snob?

Snobs are everywhere. They have always existed. Some are more easily identified than others. However, in today’s post we want to concentrate on the Art Snob (or the Snobbish Artist). We will be concerned with two questions: 1) Can you identify an Art Snob if you came face to face with one? 2) Are you an Art Snob? Dictionary.com defines a snob as “a person who believes himself or herself an expert or connoisseur in a given field and is condescending toward or disdainful of those who hold other opinions or have different tastes regarding this field: a musical snob.”   

“A snob, guilty of snobbery or snobbism, is a person who imitates the manners, adopts the world-view and apes the lifestyle of a social class of people to which that person does not by right belong. A snob is perceived by those being imitated as an “arriviste”, perhaps nouveau riche, and the elite group closes ranks to exclude such outsiders, often by developing elaborate social codes, symbolic status and recognizable marks of language. The snobs in response refine their behavior model.” Wikipedia.org

A more concise definition of a Snob would be “one who affects an offensive air of self-satisfied superiority in matters of taste or intellect.” 

Artists, as Caroline Ferdinandsen says, “are often strange, pretentious and hyperbolic people”. She goes on to say that “superiority—or even the flimsy illusion of it—is a nasty thing when it keeps us from dealing gently with our fellow man.”  

From all the information I’ve gathered, and from my own experience, Snobs are insecure people. When someone is genuinely an authority, that person does not treat others with disdain nor has a patronizing or condescending attitude.

Are you an Art Snob? Here’s how you can tell if you are. 

1) You are an Art Snob if you are not gracious and tolerant of creativity in whatever form it takes. According to Derek R. Audette, “the entire ‘my art is better than your art’ thing really gets under my skin. The fact of matter is: Your art IS better than my art…at being what it is. So what? If just so happens that my art is better than your art, at being what it is.”

I have a free blown glass collection from four important American glass designers from the Blenko Historic Period (1947-74): Winslow Anderson, Wayne Husted, Joel Philip Myers and John Nickerson.  The pioneering work of these four exceptional glass designers is extremely important to American culture. The work of the first two designers (Anderson and Husted) basically paved the way for the Studio Glass Movement, and Joel Philip Myers was a founding member of the Studio Glass Movement.

One particular artist told me, with an arrogant and disdainful attitude, that he did not like glass, meaning that he did not consider glass as a legitimate medium for creating beautiful art. If this is not art snobbism at its worst, I don’t know what is. 

2) You are an Art Snob if you paint in oils and believe you are better than or disdain the artist who paints in watercolor, acrylics or uses the computer to create digital art. Digital art began in the 90s with the accessibility and proliferation of the personal computer. It will take time for its acceptance as a legitimate medium. History teaches us that it will take years, sometimes centuries, for new mediums to become accepted. Watercolor, used by Albrecht Durer in the XV century, was not accepted in England until the 1700s. In the USA, watercolor was viewed as a sketching tool until Winslow Homer came along, used it and popularized it as an authentic medium in the XIX century. What about acrylics? Acrylics came along in the early 50s, with the emergence of plastics. Today digital art is fighting for its place as a legitimate art medium.  Early digital prints were not of high quality. However, today that is no longer the case. The use of six colors in Giclee printing produces much better results than four color lithographs. When printed in acid free paper, giclee’s will last for many decades.
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3) You are an Art Snob if in a home, as Russell Lynes says in Snobs (1950), “you take a quick look at the pictures on the walls, quick but penetrating, as though you were undressing them. This is followed either by complete and pained silence or a comment such as ‘That’s really a very pleasant little water color you have there.’”

4) You are an Art Snob if you consider that other people’s opinions about art are not valid because they don’t have your skills, knowledge or expertise on the subject.  There are snobs that even consider themselves infallible when discussing certain art subjects. The art snob believes he or she possesses additional senses or insights that “ordinary” people don’t posses, which allow for exclusive appreciation of a work of art.

5) You are an Art Snob if it bothers you when people use the term “style” when referring to the work of an artist or to your own work (a fine artist, in the words of the snob), instead of “approach”. The art snob, or the snobbish artist, will inmediately correct you and tell you that an illustrator has a specific style; however “a ‘fine artist’ reacts and approches subject matter”.  Wow! Want to meet a self-righteous and  opinionated jerk? Let me introduce you to the Art Snob! 

Dick Van Vector, in his article titled Top 10 Characteristics of an Art Snob, writes that an Art Snob, among other things, wears a black turtle neck and tight jeans to the gallery, loves or hates French Art, is a wine expert, is a Kandisky expert, and gazes critically and unimpressively at any comtemporary work of art in a gallery.  

Guido F. Castellanos

 


Publicación de nuevo libro escrito por Guido Félix Castellanos

junio 24, 2008

  

Alhambra Publishing Group se complace en anunciar la publicación del libro titulado Mi patria de papel, obra del escritor cubano Guido Félix Castellanos.

El libro consta de dieciséis conmovedores relatos en los que se narran vivencias del autor durante su niñez y adolescencia, en una época sumamente difícil de la historia de Cuba. La obra consta de 230 páginas y contiene más de 30 fotografías de la época (1955-1973), nunca antes mostradas al público, las cuales se convierten en complemento inmejorable de la narrativa.

En esta obra Guido Félix Castellanos nos transporta a su terruño y, como dice Adela Soto Álvarez en el prólogo: “El tiempo va acumulando sobre su corazón una ausencia grande que no cabe en ninguna narración por extensa que fuera, sin embargo en la novela testimonio creada por el escritor cubano Guido Félix Castellanos, Mi patria de Papel, nada se queda por decir y nos atrapa en cada lugar que describe con maestría y tristeza”.

A continuación citamos lo que otros autores, académicos y periodistas conocidos dicen acerca de Mi patria de papel.

 

“Con la precisión y ternura que otorga el saber de ausencia, Mi patria de papel evoca parajes y paisajes que todos los que nos criamos en Cuba reconocemos como nuestros. Si recordar es volver a vivir, escribir con la maestría de Guido Castellanos es perpetuar en la memoria de la comunidad lo revivido en el recuerdo. Es el suyo un libro edificante y conmovedor.”

Dr. Gustavo Pérez Firmat,

 Escritor, poeta y académico, ex Profesor de la Universidad de Duke y actual Profesor de Humanidades David Feinson de la Universidad de Columbia

 

“Recomendamos la lectura de Mi patria de papel, advirtiendo que quizá alguno de sus lectores se pueda reconocer él mismo en el entorno que tan bien nos describe el autor. Independientemente de que se lo haya propuesto o no, Castellanos nos entrega otra crónica de nuestro tiempo”.

                                                Dr. Marcos Antonio Ramos,

Académico correspondiente de la Real Academia Española de Madrid

 

 “Situada en la corriente de literatura testimonial, esta obra es una de las más logradas, pues la prosa es fluida, adjetivada con habilidad, sin grandes aventuras. Páginas escritas con naturalidad, dejando que la memoria sea la protagonista, permitiendo que la nostalgia ocupe su lugar, pero sin resentimiento o frustración. Es un libro que dice: esta es mi vida, tal vez también pudo haber sido la tuya”. 

 Revista del Diario, Diario Las Américas

 

“El carácter popular del exilio cubano ha desarrollado un género literario, entre la memoria personal y el testimonio. El libro de Guido Félix Castellanos, Mi patria de papel, es un libro feliz, aunque lo desborde la nostalgia. En él retrata un tiempo que permanece congelado en la añoranza de sus protagonistas, y logra conmovernos precisamente con su modestia. El título alude al último capítulo del libro. La patria de papel es la colección de sellos del autor, que es también el protagonista. Las vicisitudes de esa colección de sellos y el empeño en reconstruirla coronan perfectamente la vida que explican”.

El Nuevo Herald

 

 Prólogo

La soledad y la invocación de lo añorado cruza sin limites los más puros sentimientos de los hombres, que de una forma u otra van por la vida sin poder sentir el calor de su patria. Por lo que para Guido Félix Castellanos no fue fácil narrar desde el exilio parte de la historia de su generación, y especialmente conseguir que el toque de cubanía no dejara de fluir en cada línea.

Pero aún así, a pesar del distanciamiento y la nostalgia, el enfoque es preciso, lográndose que la devoción no faltara dentro de lo abrupto, y que lo ideal y lo real resaltaran en su excelente historia.

Mi patria de papel aborda, entre otros perfiles, lo social, también lo histórico y tras una aproximación genérica preliminar, se nos revela que ante todo está su deseo de expresarse en absoluta libertad.

Cada cita expuesta en el encabezamiento de los capítulos nos muestra un contenido estético y ético de su filosofía personal, por lo que el cuerpo temático de esta detallada obra, con tantos componentes ligados a la savia ancestral, demuestra a las claras que es escrita en un enfrentamiento con la distancia.

Además, el texto toca importantes sucesos de nuestra historia, los cuales van  como eslabones dialécticos,  sin dejar de pasar por románticas épocas y  en cada línea refleja una realidad estremecedora de la Cuba de hoy, desgarrada y sumida en el cautiverio que desangra el espíritu y la voz.

El tiempo va acumulando sobre su corazón una ausencia grande que no cabe en ninguna narración por extensa que fuera, sin embargo en la novela testimonio creada por el escritor cubano Guido Félix Castellanos, Mi patria de Papel, nada se queda por decir y nos atrapa en cada lugar que describe con maestría y tristeza.

Los recuerdos familiares, el abuelo, las calles de Matanzas, La Víbora, 10 de Octubre, van evocando esa cubanía que no se separa por distante que se encuentre en cuerpo.

Mi patria de papel, es un finísimo relato donde su autor plasma con palabras sencillas su infancia y juventud, además del inevitable momento en que tuvo que partir al exilio.

“Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces”, dijo Marcos Valerio en una de sus citas, pero Guido Castellanos lo ha llevado a la práctica con la ternura y destreza de un pintor que deja en cada rasgo todo un efecto acumulado que fue recopilado en su vocación filatélica.

Mi patria de papel, más que una narrativa es un diario de combate donde cada palabra describe el dolor del destierro, y va calando muy hondo en cada lector que se identifica con ese terruño que dejamos detrás pero que no se aparta de nuestros recuerdos a pesar de que no sea lo mismo como bien expresa el autor.

Dejemos pues que cada lector se adentre en esta magnífica narrativa donde cada cual va a encontrar su propia vida y que en honor a este escritor cubano diga la última palabra”.

Lic Adela Soto Álvarez

Escritora y Periodista cubana

 

·            230 páginas

·            Tamaño: 5.5″ x 8.5″

·            Idioma: español

·            Encuadernación: Perfect Bound (Paperback)

·            ISBN: 978-0-9818355-0-1

·            Copyright: APG, Guido F. Castellanos

·            Publicado en EE.UU. por Alhambra Publishing Group

·            Fecha de publicación: otoño de 2008

·            Precio: $15.95 (más $4.00 de envío en EE.UU.)

·            Precio fuera de EE.UU.: $15.95, más $10.00 de envío por el correo de Estados Unidos

Para comprar a través de la Internet, siga el siguiente enlace:

 Mi patria de papel (Comprar)

 También puede enviar un cheque o un giro postal a nombre de:

Guido F. Castellanos

Alhambra Publishing Group

Email: alhambrapublishinggroup@gmail.com


Blenko: colorida historia de un gigante del vidrio

noviembre 23, 2007

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El creciente interés en lo moderno, particularmente en todo lo referente a las décadas de los 50  y los 60 en EE.UU, ha desatado un interés particular por la producción de vidrio soplado de este período de Blenko Glass Company.  

Blenko Glass Company es uno de los pocos fabricantes de vidrio soplado que quedan en EE.UU. La empresa fue establecida por un inmigrante inglés llamado William J. Blenko en 1921, en el pequeño pueblo de Milton, West Virginia. Al principio la compañía fabricaba láminas de vidrio teñido para ventanas. La empresa, no obstante, llegó a conocerse por su producción de vajillas y artículos de vidrio para el hogar, llegando a producir cientos de diseños originales y atractivos, en una amplísima gama de vívidos colores. 

El creciente interés en lo moderno, particularmente en todo lo referente a las décadas de los 50  y los 60 en EE.UU, ha desatado un interés particular por la producción de vidrio soplado de este período de Blenko Glass Company. 

Al finalizar la segunda guerra mundial, después que la gente podía nuevamente ocuparse del placer estético, Blenko tomó quizás la decisión más importante de su historia, cuando William Blenko, hijo del fundador, ahora al frente de la empresa, contrató al  primer director de diseño a tiempo completo que tuvo la empresa. Winslow Anderson, ceramista graduado de Alfred University en 1946 en Nueva York, se encargó de todos los diseños de las líneas de artículos de vidrio soplado hasta el 1953. Como ceramista, Winslow Anderson no tenía experiencia alguna en el diseño de piezas de vidrio soplado. Sin embargo, bajo su dirección y con la confianza que William Blenko tenía en él, los diseños para los catálogos de Blenko Glass adquirieron cualidades más experimentales, esculturales y artísticas. Sus diseños marcaron la pauta para los diseñadores siguientes. Anderson recibió varios premios de diseño “Good Design”, del Museo de Arte Moderno, en la ciudad de Nueva York.

Con la partida de Winslow Anderson, Blenko contrató a su segundo director de diseño. Wayne Husted, recién graduado como ceramista, también de Alfred University, fue el sucesor de Anderson. Al igual que éste, Husted carecía de experiencia para el diseño de piezas de vidrio soplado. Husted fue director de diseño de Blenko Glass desde abril de 1952 hasta enero de 1963. Con la llegada de Husted, los diseños de las piezas de vidrio soplado se tornaron aún más extraordinarios, radicales, esculturales, artísticos y menos funcionales.  A Husted se le conoce principalmente por sus enormes botellas y jarrones de tamaños esculturales. Sus monumentales y pesadas obras de arte en vidrio, muchas de las cuales Husted mismo denominaba como “arquitectónicas”, llegan a alcanzar hasta un metro de altura, y constituyen, tanto para historiadores como para coleccionistas, sus obras distintivas. 

Las fantásticas y esculturales creaciones de vidrio soplado de intenso colorido, diseñadas por Husted durante toda una década, se han convertido en iconos modernistas y en símbolos de una era en EE.UU. Wayne. Husted, quizás como ningún otro director de diseño en la historia de la compañía, le aseguró a Blenko un sitio en la historia del vidrio. Sus diseños figuran entre los más codiciados por los coleccionistas, junto con los de Joel Philip Myers, quien le sucedió como director de diseño. Después de su partida de Blenko, Husted diseñó obras de vidrio para Viking y Anchor Hocking, además de diseñar productos de metal, goma y plástico. 

En 1963 Joel Philip Myers tomó las riendas del diseño, hasta 1971. Myers, al igual que sus predecesores, se graduó de Alfred University y además estudió en Parsons School of Design, también en Nueva York.  No obstante, a diferencia de ellos, aprendió el arte de soplar vidrio. De modo que no sólo diseñaba, sino que además participaba en la creación física de sus obras. Myers fue uno de los pioneros del movimiento llamado Studio Glass en la década del 60. Durante su estadía en Blenko, Myers siguió hasta cierto punto los pasos de Husted y diseñó numerosas piezas esculturales de enormes proporciones. Sin embargo, a diferencia de los dos diseñadores anteriores, él fue un innovador en otros aspectos, como en la utilización de espirales de vidrio aplicados, el diseño de botellas con tapas de vidrio macizo y transparente, con diseños y colores interiores y botellas altas y muy delgadas, para mencionar sólo algunos ejemplos. Myers es uno de los diseñadores-artistas de vidrio soplado más prolíficos de todas las épocas, además de ser hoy por hoy uno de los artistas más reconocidos y figurar entre los que más exposiciones han tenido de su obra en todo el mundo. 

Después de la partida de Myers, Blenko continuó con la exitosa tradición, iniciada con Winslow Anderson, de contratar directores de diseño.  Muchos de los singulares diseños de Blenko forman parte de las colecciones permanentes de diversos museos en los EE.UU., como el Museo de Huntington, en West Virginia y el Corning Glass Museum. Durante los últimos ocho años se han publicado varios libros sobre Blenko Glass Company y se han televisado dos documentales acerca de la historia de la compañía y de los tres primeros directores de diseño de la época de oro de la empresa. Numerosas revistas y periódicos en EE.UU. han publicado artículos (incluso uno escrito por el autor de este artículo, publicado en la revista Casa & Estilo, y una entrevista al autor en El Nuevo Herald, sobre el arte del vidrio soplado y su colección) sobre la producción de vidrio soplado de Blenko de sus tres décadas más importantes. Durante la última década el número de coleccionistas ha aumento considerablemente. Blenko Glass Company, sin duda, se está asegurando el sitio que tan merecido tiene en la historia del arte moderno.    

Guido F. Castellanos  

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor     

Blenko Glass Company

Blenko Museum