Día del Planeta Tierra, calentamiento global y contaminación ambiental

abril 21, 2009

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El ser humano es la única criatura que devuelve muchísimo más de lo que toma de la naturaleza (salvo los parásitos comunistas).

 

Cuando se aproxima la celebración del Día del Planeta Tierra, los liberales, izquierdistas  y políticamente correctos medios noticiosos (por desdicha, casi todos) exhortan  a los ciudadanos a usar menos el automóvil y a montar más bicicleta, para contribuir menos al recalentamiento global y más a la preservación  del planeta. ¿De manera que en Estados Unidos vamos a comenzar a abandonar nuestros automóviles y el transporte público, por inadecuado que éste sea, para ir al trabajo y a otros sitios en bicicleta, o sea, regresar a la época de las volantas? ¡Qué proposición tan infantil y absurda, por no decir risible! La Cuba actual, entonces, debía ser un ejemplo para todo el mundo, pues el uso de las bicicletas se ha proliferado a todo lo ancho de la isla,  porque el país ha retrocedido hasta convertirse en una de las naciones más pobres del mundo. ¿A quién se le ocurriría imitar a los chinos, quienes se están convirtiendo a pasos gigantescos, a pesar de sus millones de usuarios de bicicletas, es uno de los mayores contaminadores ambientales del mundo? ¿Qué otras absurdas ideas proponen los ideólogos ambientalistas para los países desarrollados, las cuales ellos mismos no están dispuestos a cumplir? ¿De veras pensamos que podemos afectar el clima y causar una reducción significativa de temperatura mundial disminuyendo las emisiones de CO2?

 

Es necesario enfrentar con la verdad el alarmismo de los ideólogos ambientalistas y la risible idea de que el calentamiento del planeta es producido por el hombre, especialmente por las emisiones de CO2. El CO2 no es un contaminante, sino un gas esencial para la vida del planeta tierra. Las plantas no podrían subsistir sin CO2 y nosotros tampoco. El clima mundial jamás ha sido estable, sino que siempre ha cambiado por diversos motivos, y ha habido períodos, mucho antes de que el ser humano produjera CO2 mediante la combustión de hidrocarburos, en que el clima ha sido más cálido que ahora, como durante el Imperio Romano y en la Edad Media.

 

Ya se sabe con casi total certeza cuánto va a cambiar el clima durante el próximo siglo (y será bastante poco), pero decir algo así no es noticia sensacionalista de primera plana, ni consigue subsidios millonarios. Además, el que estudie a fondo este tema, llegará a la conclusión de que en la actualidad las aguas (mares, ríos y lagos) están mucho más limpios que en el siglo pasado, la reforestación del planeta continúa, y se plantan más árboles de los que se cortan, las ciudades que típicamente se han caracterizado por la contaminación o el “smog”, cada vez están menos contaminadas (no que no les falte mucho camino por andar), y la población del planeta, aunque ha seguido aumentando, cuenta con la mayor producción de alimentos de toda la historia, en mucha menor cantidad de terrenos cultivables, debido a los adelantos científicos, técnicos y al advenimiento de la era de las computadoras. Hoy en día hay más abundancia de recursos naturales que hace 100 años, pues el ser humano, con el recurso más valioso que existe, su intelecto, ha podido adaptarse a todos los cambios y salir adelante, desmintiendo así a los pesimistas y alarmistas de la ideología ambientalista moderna, que siempre predican destrucción para la humanidad. La historia del hombre siempre ha echado por tierra todas estas predicciones cataclísmicas y teorías falsas de las ideologías ecopolíticas.

 

El ser humano siempre es más importante que todo lo demás

En África, por ejemplo, por la influencia de los ambientalistas, en muchísimas comunidades de las más pobres no hay electricidad, pues no se permite la fabricación de nuevas plantas eléctricas que usan carbón o petróleo. Esta gente se está muriendo no sólo de hambre, pero de contaminación por quemar madera y estiércol para producir calor dentro de la casa. Los niños se mueren envenenados por las emisiones de la medara y el estiércol dentro de las casas. Sin electricidad, estas comunidades jamás podrán aspirar a salir de la miseria, y seguirán cortando árboles y quemando estiércol para cocinar y calentarse.

 

El ser humano siempre es más importante que todo lo demás. Tratar de preservar el medio ambiente perjudicando al ser humano, es tener los valores invertidos. Pero esto no debe extrañarnos, pues el medio ambiente perfecto para  los ideólogos ambientalistas es la naturaleza sin el hombre, no afectada por él. Dios nos puso en esta tierra como corona de la creación, para que administráramos la tierra y sus recursos para bien del hombre y de los animales, y para que la hiciéramos fructificar. El abuso y la destrucción son totalmente inaceptables y deben ser condenados y evitados por todos los medios. El aumento y el uso sabio de todos los recursos deben procurarse siempre, pero jamás en perjuicio del ser humano, especialmente de aquellos que menos tienen en el mundo, que siempre son los que más sufren cuando las ideologías extremistas y falsas se llevan al terreno de la práctica en cualquier parte del mundo.

 

No nos dejemos engañar por estos profesionales del alarmismo y la intimidación, que lo único que persiguen son los subsidios millonarios y el control de la economía estadounidense y por ende mundial, mediante el control de la producción de energía. Si a estos sujetos realmente les interesara la producción más limpia de energía, y les importara el bienestar del ser humano, no vacilarían en respaldar la construcción de plantas nucleares (Francia produce cerca del 80 por ciento de su energía eléctrica con plantas nucleares). Pero como no les interesa, se oponen.

 

En fin, hagamos caso omiso a las perniciosas doctrinas alarmistas de la ideología ambientalista, que al igual que tantos otros mitos que se propagan por ahí, el del recalentamiento global sigue sumando adeptos en gran medida debido al enorme aparato propagandístico que lo respalda, del que forman parte un número considerable de los medios de comunicaciones del mundo. Y si decidimos montar bicicleta, no lo hagamos por amor al planeta sino a nuestra salud, que probablemente será la única que se beneficiará con esa actividad.  

 

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.

 

 

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Los osos polares en peligro de extinción y otras mentiras

marzo 12, 2009

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¿Han visto los comerciales del Fondo Mundial para la Naturaleza sobre la trágica suerte de los osos polares debido a la destrucción de su hábitat por los efectos del calentamiento global producido por el hombre? Bien hechos, conmovedores, efectivos, ¿no es cierto?, sobre todo para recaudar fondos. Pero se trata de una mentira garrafal, de un fraude publicitario (Ver video: Polar Bears WWF).

 

El Fondo Mundial para la Naturaleza es la organización conservacionista más grande del mundo y posiblemente la que dispone de más fondos. Estos comerciales, narrados por diferentes actores conocidos de Hollywood (Sharon Lawrence, Noah Wiley), son una eficaz herramienta para la propagación de su perniciosa ideología ambientalista y para la recaudación de fondos millonarios anualmente.

 

Contrario a lo que afirma el Fondo Mundial para la Naturaleza, que los osos polares están en peligro de extinción, sus poblaciones han aumentado considerablemente. Las estadísticas revelan que el número de osos polares en el mundo es de cuatro a cinco veces mayor de lo que era hace 50 años: de 5.000 ha ascendido a una cifra de cerca de 25.000. De hecho, los habitantes de estas zonas se han visto obligados a cazar osos polares para mantener controlado su crecimiento numérico. El Dr. Michell Taylor, biólogo canadiense, uno de los principales expertos del mundo sobre osos polares, afirma: “Hemos presenciado un aumento sin precedentes en la población de osos polares, y en los lugares donde ha habido una disminución ha sido por la caza, no debido al cambio climático”. El Dr. Taylor explica que “de 13 poblaciones de osos polares, 11 son estables y continúan creciendo” (U.S. Senate Committee on Environment and Public Works). En Canadá habitan dos terceras partes de los osos polares del mundo.

 

¿Por qué es tan importante sacar a la luz estas mentiras del Fondo Mundial para la Naturaleza? Porque el principal objetivo—aparte de la recaudación de fondos para su organización, lo cual es prácticamente imposible sin el alarmismo de su publicidad con el respaldo de la prensa liberal mundial— es detener la campaña de perforación para la extracción de hidrocarburos en Estados Unidos y maniatar a la potencia más grande del mundo con tratados absurdos y perjudiciales como el de Kioto, para combatir el cambio climático. Es decir, que el objetivo final es que los ideólogos ambientalistas controlen la economía estadounidense mediante el control de la producción de energía.
 

La verdad siempre sale a la luz, porque nunca faltan los valientes que salen a defenderla, sin importar lo que les toque afrontar en su defensa. En el presente estas verdades se están dando a conocer con asombrosa rapidez y claridad. El Fondo Mundial para la Naturaleza ha logrado incluir a los osos polares en la lista de especies amenazadas por la extinción (ESA), todo a base de mentiras y propaganda. El calentamiento global provocado por el hombre es un mito. Los osos polares no son una especie amenazada y mucho menos en peligro de extinción. La perforación para la extracción de hidrocarburos no constituye un peligro para el medio ambiente. No obstante lo dicho, el Fondo Mundial para la Naturaleza continúa propagando estas mentiras a lo descarado e infundiendo temor a la población con su irresponsable alarmismo, respaldados por la prensa liberal que les hace el juego en todo el mundo.

 

Es lamentable que la gente se deje engañar por la propaganda de una organización que para promover su agenda y recaudar fondos se vale continuamente de la mentira. ¿Hasta cuando vamos a observar pasivamente la militancia impune de estos ideólogos ambientalistas que dan prioridad a cualquier cosa, incluso a un oso polar, antes que al ser humano y persiguen el control y la destrucción de la economía de la nación más libre y próspera del planeta? ¿Cuánto más vamos a esperar para denunciar sus garrafales mentiras hasta que toda esta descarada e insidiosa propaganda ideológica sea conocida por todos, proscrita y llamada por su verdadero nombre: fraude?
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Guido F. Castellanos
  

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor


Calentamiento global:¿mito o realidad?

enero 9, 2008

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Es necesario que salga a la luz pública la verdad tocante al calentamiento global, supuestamente provocado por el hombre, porque la mayoría de los medios noticiosos del mundo se han unido a la campaña de alarmismo y desinformación llevada a cabo por los ideólogos ambientalistas modernos. El asunto no es si el planeta tierra pasa por cambios climáticos en el presente, sino si estos cambios son provocados por la actividad humana. El cambio climático no es un invento: a través de los siglos ha sido la norma para el globo terráqueo y no la excepción. Lo que sí es un mito es que el ser humano sea el principal causante del calentamiento global. Los expertos en el asunto nos aseguran que el clima del planeta Tierra jamás ha sido estable, aun en épocas en que no existían emisiones de dióxido de carbono (CO2) por la combustión de hidrocarburos. Los ideólogos ambientalistas, no obstante, aseguran que los seres humanos somos en gran parte responsables del supuesto recalentamiento actual de nuestro planeta.

 El actual movimiento ambientalista es una ideología política extremista que sigue adquiriendo auge, y ha llegado a convertirse en una religión para muchos en el mundo. Uno de los principales líderes y exponentes en la nueva ecoteología de la religión ambientalista, con el calentamiento global producido por el hombre como doctrinal cardinal, es el ex vicepresidente de EE.UU., y actualmente convertido en ecoprofeta, Al Gore, quien en octubre de 2007 fuera galardonado con el Premio Nobel de la Paz, compartido con el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU. (Aún no he encontrado quién me explique qué relación puede existir entre la paz mundial y el alarmismo de Al Gore tocante al calentamiento global.)

En un informe del Senado de EE.UU., publicado el pasado 20 de diciembre, más de 400 científicos prestigiosos de varios países expresaron objeciones categóricas a importantes aspectos del llamado “consenso” sobre el calentamiento global provocado por el hombre. Los científicos, muchos actuales y otros antiguos integrantes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC por sus siglas en inglés), criticaron las aseveraciones sobre el clima global pronunciadas por el ex vicepresidente Al Gore y el IPCC. De manera que no existe tal “consenso”, ni ha existido nunca, como los ideólogos ambientalistas y la prensa liberal que les hace el juego quieren hacernos creer.         

El malo de la película

 Como era de esperarse, los ideólogos ambientalistas consideran que EE.UU. es “el malo de esta película”, porque esta gran nación produce una enorme cantidad de CO2 anualmente y además se ha negado a suscribirse al Tratado de Kioto. Es cierto que EE.UU. produce grandes cantidades de CO2. No obstante, con esas emisiones de CO2 EE.UU. produce más del 30 por ciento de las cosas que el resto del mundo desea, y otros artículos que el mundo necesita y que en muchos casos nadie más puede producir, por ejemplo: alimentos, adelantos médicos, tecnologías de toda índole, y capacidades para la defensa de la libertad a nivel mundial.

No es un secreto, sin embargo, que los países socialistas causaron las mayores catástrofes ambientales del siglo XX. Los comunistas soviéticos, durante las décadas de los 50, 60 y 70, fueron probablemente los peores villanos de la historia.

Paul Driessen, geólogo y ecólogo, autor del libro titulado  Eco-Imperialism: Green Power – Black Death,(Ecoimperialismo: poder verde-muerte negra) en un artículo publicado recientemente, titulado Climate Change Rallies, Realities, and Sacrifices (Cambio climático, concentraciones, realidades y sacrificios), afirma lo siguiente:Los hidrocarburos en la actualidad proporcionan el 85 por ciento de la energía utilizada en EEUU. La reducción sólo del 25 por ciento de las emisiones significaría una disminución considerable de la utilización de estos combustibles, tener que pagar mucho más para el control y la captura las emisiones, alterar radicalmente los estilos de vida de los ciudadanos y por ende disminuir considerablemente sus estándares de vida. Las familias se verían obligadas al racionamiento, puesto en vigor por la Agencia de Protección Ambiental, los juzgados, la policía ambiental y los chivatos patrióticos. Una reducción que supere el 25 por ciento exigiría una “transformación radical” de la vida como la conocemos en la actualidad”. ¿Sacrificará EE.UU. siquiera un poco de su soberanía y cometerá suicidio económico para cumplir con un tratado internacional, sea Kioto o cualquier otro convenio que pueda surgir en el futuro, formulado mayormente por burócratas no electos, para obtener en el mejor de los casos resultados casi imperceptibles, basados en teorías dudosas que no harán otra cosa que perjudicar la economía del país y por ende la del mundo entero? Lo dudamos.

 

Dióxido de carbono (CO2): un gas esencial, no un contaminante

En lo que al calentamiento global y el CO2 se refiere, es necesario aclarar que el CO2, como gas de invernadero, representa sólo el 0,037 por ciento de la atmósfera, y los gases de invernadero en total ascienden a cerca del 3 por ciento de la atmósfera. El vapor de agua es el gas de invernadero más abundante en la atmósfera, no el CO2. Ciertamente los niveles de CO2 en la atmósfera han cambiado por diversas razones. Hay estudios que señalan que a lo largo de los siglos, los niveles de CO2 han ascendido o descendido según lo han hecho las temperaturas, no viceversa. El CO2 no es un contaminante, como los ideólogos ambientalistas quieren hacerle creer al mundo y como algunos países lamentablemente ya lo clasifican, sino un gas, como lo es el nitrógeno. El nitrógeno constituye el 80 por ciento de la atmósfera, sin embargo no podríamos vivir con una atmósfera que fuera el 100 por ciento de nitrógeno. El C02 es de hecho esencial para la vida de nuestro planeta. El reino vegetal no podría subsistir sin el CO2, y el aumento de este gas en la atmósfera estimula el desarrollo de las plantas, las cuales a su vez producen mayor cantidad de oxígeno. “Si el reino vegetal (y los animales herbívoros) pudieran votar para premiar a alguien, los productores de CO2 sin duda alguna se llevarían el galardón”, afirma John Christy en Global Warming and Other Eco-Myths (El calentamiento global y otros mitos ecológicos), Editado por Ronald Baily. De manera que, hasta la fecha, no existen pruebas científicas concluyentes de que el CO2 producido por el hombre contribuya de forma significativa al recalentamiento global. 

 La prensa liberal y sensacionalista les hace el juego

 Los ideólogos ambientalistas, respaldados por la prensa liberal y sensacionalista que siempre les hace el juego, adicta a la paralizante e hipócrita corrección política y al alarmismo en la perenne búsqueda de ratings, no cesan de predicar sus infundadas doctrinas, debido a que el alarmismo hace noticias, y consigue subsidios y donaciones millonarias, para realizar estudios sobre el recalentamiento global. De este cuento viven miles de personas, pues los científicos que se benefician de estos subsidios no van en modo alguno a contradecir el paradigma u opinión prevaleciente de la ideología ambientalista, pues se quedarían sin subsidios y por ende sin sustento de vida. ¿Cuántos científicos de estos en busca de subsidios se atreverían a redactar una propuesta en la que afirmen que el calentamiento global es una exageración y que no necesitan el dinero, sobre todo cuando están compitiendo con otros científicos para obtener “un pedazo del pastel”? Sin duda, el cambio climático se ha convertido en un gran negocio. Sin embargo, ya se sabe con casi total certeza cuánto va a cambiar el clima durante el próximo siglo, y será bastante poco. Pero pronunciar algo así no es noticia sensacionalista de primera plana, ni consigue subsidios millonarios. Sin embargo, las continuas décadas de prosperidad, no sólo en EE.UU. sino en gran parte del mundo, no concuerdan con las predicciones ominosas de los fanáticos de la ideología ambientalista. Los ecoprofetas alarmistas de la ideología ambientalista moderna siempre predican destrucción para la humanidad. La historia del hombre, no obstante, ha echado por tierra todas estas predicciones cataclísmicas.  (Ver mi artículo titulado Los falsos profetas de la ideología ambientalista.)
 
Además, los ideólogos ambientalistas no tienen alternativas en cuanto a substitutos para los hidrocarburos, pues los molinos de viento, por ejemplo, no son substitutos viables, porque son muy costosos, ocupan mucho espacio y generar muy poca electricidad, y sólo cuando el viento sopla. La mayor parte de la energía eléctrica en los Estados Unidos viene del carbón extraído de minas. Una opción seria, por ejemplo, son las plantas nucleares. Francia produce el 75 por ciento de su electricidad con plantas nucleares. Pero aquí, en EE.UU., los ambientalistas recalcitrantes se oponen a la fabricación de plantas nucleares seguras, que substituirían a las que queman carbón y petróleo. La energía solar, hasta la fecha, tampoco es un substituto viable, pues no se ha podido utilizar de forma que pueda reemplazar la energía eléctrica producida por las plantas eléctricas modernas que queman carbón, petróleo o gas natural.

 

La adaptación es la respuesta sensata a cualquier cambio climático, particularmente si se trata de un aumento insignificante de temperatura durante un período de cien años. Pero los ideólogos ambientalistas no contemplan la adaptación ni siquiera como una opción, pues la misma pondría fin a su modus vivendi y a la posibilidad de ejercer control político en el mundo.   

Aquellos que repiten como loros esta falsa doctrina de la ideología ambientalista, a saber, que el calentamiento global es principalmente provocado por el ser humano, hacen bien en estudiar concienzudamente este asunto, pues las evidencias y los mejores estudios señalan hacia una fuente distinta del ser humano como causa principal del calentamiento global. En definitivas, echarle la culpa al hombre del cambio climático es tan absurdo como tratar de tapar el sol con un dedo. Pero mientras lo absurdo continúe generando subsidios millonarios y ratings, y además aproxime cada día más a los ideólogos del movimiento ambientalista a un mayor control político de las naciones (principalmente de EE.UU.), mediante la implementación de leyes climáticas draconianas con el pretexto de “salvar al mundo” del desastre ecológico, con la complicidad de la burocrática, antiestadounidense, e inservible ONU y su Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, que no nos quepa la menor duda de que vamos a tener cantaleta propagandística a diestra y siniestra por un largo rato.    

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor

Alhambra Publishing Group se complace en anunciar la publicación del libro titulado Mi patria de papel, obra del escritor cubano Guido Félix Castellanos.


Los falsos profetas de la ideología ambientalista

noviembre 26, 2007

 

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El ex vicepresidente estadounidense, Al Gore, ganó un Óscar por su documental titulado Una verdad incómoda, y hace poco fue galardonado con el Premio Nóbel de la Paz 2007, compartido con el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU. Según el comité de premiación se “les entregó el galardón en reconocimiento a las acciones que han realizado para fomentar y difundir el conocimiento sobre la incidencia de las actividades humanas en el cambio climático, gestiones que han colocado las bases para enfrentarlo”. No pocos de sus seguidores lo consideran como un profeta    moderno, por su campaña contra el llamado calentamiento global provocado por el hombre y sus predicciones sobre las consecuencias catastróficas del mismo si no se detiene a tiempo.

No obstante, nos preguntamos si no estamos realmente frente a otro falso profeta más, ante un alarmista político, cuyas predicciones cataclísmicas jamás se cumplirán, como no se cumplieron las de sus antecesores del movimiento ambientalista moderno.

El ambientalismo práctico, basado en la realidad, es aquel que casi toda persona sensata aprueba y apoya, a saber: la administración sabia de los recursos naturales, la disminución de la contaminación del aire y las aguas, la protección de bosques y selvas y la conservación del reino animal. El ambientalismo político, no obstante, es una ideología supuestamente basada en la ciencia, con una agenda abarcante concebida para transformar radicalmente la forma en que vivimos.

Fantásticas predicciones que nunca se cumplieron

En el caso de la ideología política ambientalista, como ocurre con todas las ideologías políticas, las predicciones de sus ecoprofetas e ideólogos tocantes al futuro de nuestro planeta y de la humanidad, nunca se han hecho realidad. Los fundadores del movimiento ambientalista lanzaron a diestro y siniestro predicciones que nunca se cumplieron. Los tres libros “canónicos” que impulsaron el establecimiento del movimiento ambientalista moderno son: Silent Spring (La primavera silenciosa), escrito por Rachel Carson en 1962, The Population Bomb (La bomba demográfica), escrito en 1968 por Paul R. Ehrlich, biólogo de la Universidad de Stanford, y The Limits to Growth (Los límites del crecimiento), un informe encargado al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) para el Club de Roma, cuya primera edición vio la luz en 1972.

Rachel Carson predijo, con una falta absoluta de fundamentos científicos, que los productos químicos sintéticos modernos, en particular los pesticidas, causarían epidemias y cáncer, y que destruirían enormes cantidades de animales. Este libro constituyó el primer peldaño de una campaña a gran escala concentrada en la prohibición del DDT. Sus fantásticas predicciones, sin embargo, nunca se cumplieron. Ocurrió todo lo contrario, pues la prohibición y no el uso del pesticida DDT, impulsada por la falsa ciencia y la nociva ideología del mencionado libro de Rachel Carson, ha tenido consecuencias catastróficas en muchos países, a pesar de que no existe ningún estudio científico que demuestre concluyentemente que el DDT es perjudicial para el ser humano, y que la propia EPA (Agencia de Protección del Ambiente) en los EE.UU. expresara textualmente que “El DDT no es cancerígeno, mutagénico o teratogénico para el ser humano, y estos usos del DDT no tienen efectos deletéreos sobre peces, pájaros, vida silvestre u organismos estuarianos”.

Después de la introducción del DDT en Sri Lanka, los casos de malaria, de tres millones en 1946, descendieron a sólo 29 en 1964. Ese mismo año se prohibió el uso del DDT en Sri Lanka, y en un corto período de 5 años, los casos de malaria ascendieron hasta medio millón. Y este es sólo uno de los numerosos y lamentables ejemplos de las perniciosas doctrinas de los ideólogos ambientalistas llevadas a la práctica.

En el folleto The Population Bomb, donde entre otras cosas se pone de manifiesto la política antinatalista del autor, Paul Ehrlich predijo que “la batalla para alimentar a la humanidad ha terminado. En los años 70 el mundo padecerá hambres: cientos de millones de personas morirán de hambre, no importa cuantos programas para evitarlo se pongan en marcha en el presente”. Sus predicciones simplistas jamás se hicieron realidad. Y siempre se equivocarán, porque estos ideólogos ambientalistas y ecoprofetas modernos, con creencias maltusianas, invariablemente han subestimado la capacidad innovadora del ser humano y su habilidad para adaptarse a las circunstancias.

El informe titulado The Limits to Growth, incluía la doctrina del agotamiento inminente de los recursos naturales a la luz de la creciente población mundial y el aumento de la contaminación ambiental. Los vaticinios de este informe tampoco se han cumplido, a pesar de que se han realizado dos revisiones del texto original, la última de las cuales se publicó en 2004.  La actual superabundancia de recursos naturales es prueba de que el recurso más valioso con que cuenta la humanidad es el intelecto, pues gracias al ingenio del hombre, siempre se descubren nuevos recursos. Por ejemplo, gracias a la tecnología satelital, a la Internet y a los cables de fibra óptica, utilizados hoy para la transmisión de información, cada día se hace menos necesario el uso de cables de cobre.

El alarmismo de Pollito Pito

La ideología ambientalista, como toda ideología, consta de dos partes: el diagnóstico y el remedio. El diagnóstico en base a los problemas que encara la humanidad es que las sociedades modernas están destruyendo el planeta Tierra y poniendo en peligro a la humanidad. El remedio que los ambientalistas proponen, como mencionamos con anterioridad, es una serie de políticas abarcantes que cambiarían radicalmente la forma de vida del ser humano. “Es necesario que convirtamos el rescate del medio ambiente en el principio organizador central de la civilización”, declara Al Gore en su libro titulado Earth in the Balance (La tierra en la balanza).

Sin embargo, el alarmismo de este Pollito Pito moderno, cuya proverbial “ciruela” es la creciente concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, emitido por la combustión de hidrocarburos, cada día tiene menos apoyo científico, pues cada vez más los estudios científicos serios, y por tanto imparciales, apuntan hacia una causa del actual calentamiento  global ajena al ser humano. No obstante, el mensaje político del ambientalismo moderno sigue siendo: “Hagan lo que decimos o el cielo se va a caer y el mundo se va a acabar”

De lo que abunda en el corazón habla la boca

Los ambientalistas, no obstante lo dicho, son dogmáticos en la creencia de los pronunciamientos extremistas propagados por los ecoprofetas y seudo intelectuales del movimiento, a pesar de que estos pronunciamientos jamás se han hecho realidad. Los fieles de la religión ambientalista aceptan las enseñanzas de        sus sumos sacerdotes y profetas, sin importar lo hiperbólicas y antihumanas que puedan ser las mismas. A continuación citamos varias de las declaraciones descabelladas de los ambientalistas:

 1.  “Los seres humanos, como especie, no tienen más valor que las babosas”, afirma John Davis, editor de la revista Earth First!.

 2.  “Alimentar a un niño que está muriendo de hambre es agravar el problema demográfico mundial”, declara Lamont Cole, profesor de la Universidad de Yale.

 3.  “La única esperanza para el mundo es cerciorarse de que no existan otros Estados Unidos de América”, dice Michael Oppenheimer, jefe científico de la Fundación para la Defensa Ambiental. “No podemos permitir que otros países lleguen a tener la misma cantidad de automóviles y la industrialización de EE.UU. Tenemos que detener el crecimiento de estos países tercermundistas”, agrega Oppenheimer.

 4. Stephen Schneider, colega de Paul Ehrlich en la Universidad de Stanford, es otro lamentable ejemplo de cómo el movimiento ambientalista siempre está dispuesto a traicionar la ciencia verdadera en favor de su causa: “Es necesario presentar escenarios aterradores, hacer afirmaciones simplificadas y dramáticas, y mencionar lo menos posible cualquier duda que podamos tener”. Para ellos, la promoción de la mentira es un medio justificado, mientras que tales mentiras promuevan las causas que ellos consideran correctas.

En la actualidad, las profecías falsas y el alarmismo giran en torno al cambio climático. El tiempo será el juez final, y sospechamos que los alarmistas del movimiento ambientalista actual, como el ecoprofeta Al Gore, que proponen las doctrinas falsas del calentamiento global provocado por el hombre, como ha ocurrido con los falsos profetas que lo han precedido, se equivocarán en sus infundadas predicciones y las supuestas consecuencias desastrosas de hacer caso omiso a las mismas. A fin de cuentas, si hay una verdad que invariablemente la misma historia de este movimiento político nos ha enseñado, es que sus falsos profetas nunca han tenido la razón.

 Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor

 

Alhambra Publishing Group se complace en anunciar la publicación del libro titulado Mi patria de papel, obra del escritor cubano Guido Félix Castellanos.

 

 


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El Premio Nobel de la Paz y la ideología política

noviembre 19, 2007

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Al enteraros de que el comité de premiación ha otorgado el Premio Nobel de la Paz 2007 al ex vicepresidente estadounidense Al Gore y el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, nos preguntamos ¿qué relación puede existir entre la paz mundial y el alarmismo de Al Gore tocante al calentamiento global?

Hace un cuarto de siglo el Premio Nobel de la Paz era un galardón prestigioso. Pero cuando revisamos la lista de premios Nóbel de la Paz otorgados durante los últimos treinta años, y encontramos galardonados como el líder terrorista palestino, Yasser Arafat,  la activista indígena guatemalteca y mentirosa patológica, Rigoberta Menchú, y Jimmy Carter, sin duda uno de los peores presidentes estadounidenses, nos damos cuenta de los pocos méritos que tiene este premio en la actualidad.

El comité de premiación informa que “les entregó el galardón en reconocimiento a las acciones que han realizado para fomentar y difundir el conocimiento sobre la incidencia de las actividades humanas en el cambio climático, gestiones que han colocado las bases para enfrentarlo”. A pesar de haber sido redactado por un pequeño grupo de científicos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, la breve reseña de 21 páginas de los puntos principales que utilizaron los medios noticiosos, llamada Resumen para Establecedores de Políticas, fue de hecho editada y aprobada por un comité integrado por políticos, no científicos.

 Al Gore ha sido uno de los principales líderes y exponentes de la ideología ambientalista moderna. Sin embargo, todo parece indicar que el ex vicepresidente estadounidense predica pero no practica. Una empresa investigativa, el Tennessee Center for Policy Research, dio a conocer que al Gore y su familia han gastado $30.000 anualmente en energía en su mansión urbana en Nashville, y que consumieron 221.000 kilovatios-hora de electricidad el año pasado, es decir, 20 veces más que el promedio nacional. Esto no tiene otro nombre que hipocresía.

  La ideología ambientalista propagada por Al Gore y sus seguidores genera subsidios y donaciones        millonarias por parte de gobiernos y  fundaciones, para los grupos que estudian el fenómeno del calentamiento global. Muchos ideólogos ambientalistas viven de estos subsidios y publican revistas e informes pagados con estos dineros. En otros términos, además de política es un negocio muy lucrativo, y lucharán contra viento y marea para conservar estos subsidios millonarios, aunque en aras de la ideología sacrifiquen la verdad.

El cambio climático no es un invento. Lo que sí es un mito moderno es que el ser humano sea el responsable principal del recalentamiento global. El clima del planeta tierra jamás ha sido estable. Los expertos en la materia informan que en la época del Imperio Romano y durante la Edad Media hubo más calor probablemente que en la actualidad. No obstante, los ideólogos ambientalistas aseguran que nosotros, los seres humanos, somos en gran parte responsables del recalentamiento actual.

 Entre otras cosas, la ideología ambientalista procura el control de las emisiones de gases de invernadero, principalmente el CO2, que supuestamente causan recalentamiento global. Las restricciones que puedan imponer los gobiernos de los países desarrollados del mundo sobre estas emisiones pueden llegar a afectar negativamente la economía mundial, sin proveer resultados positivos perceptibles, de manera que la ideología ambientalista propagada por Al Gore se convierte en una poderosa arma política para controlar las economías de los países desarrollados del mundo, principalmente la de EE.UU.

 A pesar de lo antes dicho, Al Gore sigue repitiendo que “no es un asunto político sino una crisis   mundial”, cuando los mejores estudios apuntan hacia una fuente ajena al ser humano como causa principal del calentamiento global. La ideología ambientalista no es más que otro intento por parte de ideólogos extremistas para controlar la conducta humana y limitar la libertad del hombre, lo que a nuestro juicio     constituye una amenaza para la civilización.

En el caso del Premio Nóbel de la Paz otorgado a Al Gore, nuevamente ha prevalecido una ideología política sobre la verdad, pues no existe ninguna relación entre la paz mundial y el alarmismo sobre el calentamiento global proclamado por el ex vicepresidente estadounidense.

 Guido F. Castellanos

12 de octubre, 2007

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor