Did Jesus Christ Really Exist?

diciembre 7, 2009

 

 

I sometimes get questions about the existence of Jesus from dishonest and ignorant people. Often I feel those questions should not be dignified with a reply.  However, I believe in giving people the benefit of the doubt, and the opportunity to know the true and only Savior, because that is exactly what Christ himself would have done.

People even with the most rudimentary knowledge of history know that at the very least there are, not hundreds, but millions of books written about Christ. History would be almost incomprehensible without Christ. Western culture and American democracy would not have been possible without the influence of Jesus and his words in the Bible. Therefore, doubting the existence of Jesus is equal to saying that history and western culture are based on a myth.

Proving that Christ was a real person is not an issue to any thinking person with a general knowledge of history. However, Christ was much more than a historic figure. He was God in the flesh, the Savior sent by the Father to die for the sins of humanity. He claimed to be the Creator of the universe, the one who can forgive sins. The totality of the prophesies concerning his life and work came true when he came to this world. He also said the Bible is the word of God. Now, if the Bible is not the word of the only true God, Christ was a liar. But if he told the truth, as we believe he did, then the Bible is the word of the living God, and the Bible says that Christ is the only way to heaven, the only Savior. You see, truth is not relative to the individual. Truth is absolute. The law of gravity is an absolute truth. Even if you deny it’s true, if you jump from a ten story building, you will surely pay the consequences. Fundamental biblical truths about Christianity are the same. You may choose to reject them, but you will surely pay the consequences of your decision, and not invalidate those truths at all.

No theologian or serious Bible scholar worth its salt would even dare to challenge the divinity of Christ, much less his existence.

I recommend reading the great little book More Than a Carpenter, by Josh MacDowell, and The Case for Chirst, by Lee Strobel.  Last but not least, read the Gospel of John. You must be warned- reading the Bible could lead to a radical transformation in your own life. Remember, we  cannot both be right about this issue. This is the law of non-contradiction: the opposite of true is false. However, if I am wrong, I have nothing to lose, but you would have everything to lose, because Christ said that he is the only way to heaven, and the only ticket out of hell. What you believe or not will not change these biblical truths; however it will affect your eternal destiny.

 May the historical Jesus, the Christ of the Bible, the Savior of the world, give you understanding and humility to believe and accept these truths and know the Savior personally, not because I say so, but because they are fundamental truths for all humans.

“For God so loved the world, that He gave his only Son, that whoever believes in Him, should not perish but have everlasting life (John 3:16).”

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.

 

Anuncios

El mito de la separación de la iglesia y el estado

junio 22, 2009

First Amendment Blog

Lo que a menudo se repite, aunque sea una garrafal mentira, llega a creerse como verdad inapelable.

La mítica y trillada frase—separación de la iglesia y el estado—ha sido empleada tantas veces en los juzgados estadounidenses y repetida hasta la saciedad por la prensa que hay millones de estadounidenses convencidos de que forma parte de la primera enmienda a la constitución. La frase, sin embargo, no aparece en ninguna parte de la constitución, de sus enmiendas, ni de ningún documento fundacional. La primera enmienda jamás tuvo como objetivo desalojar a Dios del gobierno y sus instituciones. Inequívocamente, la primera enmienda establece que ninguna religión ha de tener carácter estatal. Punto.

La Carta de Derechos, conocida en inglés como Bill of Rights, denomina las diez primeras enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos de América. Estas diez enmiendas tienen una doble finalidad: limitar el poder del gobierno federal y garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos.

La primera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos forma parte de la Carta de Derechos de este país. ¿Cuál es su propósito? Muy sencillo y fundamental: prohibir que la legislatura estadounidense apruebe  cualquier ley relacionada con la adopción de una religión o ratifique cualquier ley que prohíba la libertad de culto, de expresión, de prensa, de reunión o de petición. A continuación citamos íntegramente la primera enmienda a la Constitución de Estados Unidos:

El Congreso no aprobará ley alguna por la que adopte una religión oficial del estado o prohíba el libre ejercicio de la misma, o que restrinja la libertad de expresión o de prensa, o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedir al gobierno la reparación de agravios.

Es decir, que la primera enmienda a la Constitución de Estados Unidos prohíbe el establecimiento de una religión patrocinada por el gobierno federal. Se procuraba impedir a toda costa lo que ocurría en Inglaterra y su iglesia estatal, a saber, que el gobierno manejara los asuntos de la iglesia y que interfiriera con las prácticas religiosas de los ciudadanos.  Sin embargo, no tenía nada que ver con que el gobierno pudiera ayudar equitativamente a todas las denominaciones religiosas.

La institucionalización de la mentira: el mito del “muro de separación entre la iglesia y el estado”

 ¿Cuál es la procedencia de la frase “muro de separación entre la iglesia y el estado”? La mítica frase se pronunció por primera vez en el caso histórico Everson v. Board of Education (Everson versus la Junta Escolar) de la Corte Suprema. El juez Hugo Black dio a conocer un inaudito principio jurídico: “La Primera Enmienda ha levantado un muro entre la iglesia y el estado. Ese muro debe mantenerse alto e infranqueable. No podríamos aprobar la más mínima violación”.  

Desde entonces, el poder judicial estadounidense, paulatina e implacablemente,  ha ido eliminando de la propiedad pública toda huella de cristianismo, ya sea lenguaje, simbolismo, o imágenes. Durante la década del sesenta se aprobaron leyes que prohibieron la oración y la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Más tarde surgieron los inconcebibles litigios en torno a si los alumnos de las escuelas públicas debían emplear la frase “bajo Dios” en el juramento de fidelidad a la bandera. En la actualidad, el poder judicial interpreta la primera enmienda de manera radicalmente distinta o como lo hicieron sus antecesores durante el primer siglo y medio de la república estadounidense. ¿Por qué, si el significado de la constitución estadounidense y sus enmiendas es extremadamente claro? No se trata de un documento complejo y extenso, cuya interpretación requiere de expertos descifradores, poseedores de claves y secretos de los que el ciudadano promedio no dispone. La constitución estadounidense no es como el libro de Apocalipsis en la Biblia u otros escritos difíciles de descifrar. Se trata de un documento breve, claro y de redacción bastante reciente.  De manera que el problema fundamental radica en la pérdida del compromiso que tenían los jueces de la corte suprema estadounidense con los encumbrados principios  fundacionales de la nación.

Lo que a menudo se repite, aunque sea una garrafal mentira, llega a creerse como verdad inapelable. Y el mito de la “separación de la iglesia y el estado” es una de esas mentiras que muchos se han tragado, como carnada con anzuelo, sin por lo menos haberse tomado el trabajo de leer la constitución y las enmiendas. La primera enmienda es, clara e indiscutiblemente, una prohibición dirigida al gobierno federal estadounidense. De hecho, si cuando se ratificó la enmienda los trece estados originales de la Unión hubiesen interpretado (por su claridad, sencillez y brevedad, no había nada que interpretar) que la prohibición incluía a los gobiernos estales, la hubieran rechazado. ¿Por qué? Porque cerca de la mitad de los  trece estados originales habían establecido religiones estatales. De manera que, durante el primer siglo y medio de la república estadounidense, tomando en cuenta el contexto del la primera enmienda, la frase, “por la que adopte una religión oficial del estado”, significaba, simple y llanamente, que el gobierno federal no apoyaría ni impondría una iglesia nacional o denominación en particular. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? Debido a debilitamiento del cristianismo en Estados Unidos y a la creciente hostilidad hacia éste, el significado de la primera enmienda ha sido radicalmente alterado. En la actualidad, adoptar “una religión oficial del estado”, inconcebiblemente, incluye pronunciar en público el nombre de Dios y de Cristo, y citar la Biblia y los Diez Mandamientos. Sin embargo, los fundadores de esta gran nación jamás tuvieron la intención de que el gobierno estuviera aislado de Dios o que dejara de reconocer su existencia. Mas debido a la prevaleciente y errónea interpretación de la primera enmienda y el consiguiente levantamiento de un  anticonstitucional “muro de separación entre la iglesia y el estado”, el gobierno estadounidense se ha tornado tan secular como los regímenes comunistas  de Cuba, China y de la antigua Unión Soviética (leer entrada titulada Estados Unidos: la rana en la olla).

Una constitución cambiada (excepto por enmienda), tergiversada o reinterpretada, como de hecho no pocos jueces nos quieren entregar hoy caprichosa y arbitrariamente,  es una constitución anulada e inservible. Logrado esto, quedan destruidos los fundamentos jurídicos de la nación. No obstante, la constitución estadounidense y sus enmiendas, interpretadas según los designios originales, posee auténticos valor y vida. El juez de la corte suprema estadounidense, William Renquist, dijo: “La metáfora del “muro de separación” constituye mala historia y peor ley. Ha caotizado totalmente los fallos judiciales. Debería abandonarse definitivamente”.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.


Día del Planeta Tierra, calentamiento global y contaminación ambiental

abril 21, 2009

vallecamajuani

 

El ser humano es la única criatura que devuelve muchísimo más de lo que toma de la naturaleza (salvo los parásitos comunistas).

 

Cuando se aproxima la celebración del Día del Planeta Tierra, los liberales, izquierdistas  y políticamente correctos medios noticiosos (por desdicha, casi todos) exhortan  a los ciudadanos a usar menos el automóvil y a montar más bicicleta, para contribuir menos al recalentamiento global y más a la preservación  del planeta. ¿De manera que en Estados Unidos vamos a comenzar a abandonar nuestros automóviles y el transporte público, por inadecuado que éste sea, para ir al trabajo y a otros sitios en bicicleta, o sea, regresar a la época de las volantas? ¡Qué proposición tan infantil y absurda, por no decir risible! La Cuba actual, entonces, debía ser un ejemplo para todo el mundo, pues el uso de las bicicletas se ha proliferado a todo lo ancho de la isla,  porque el país ha retrocedido hasta convertirse en una de las naciones más pobres del mundo. ¿A quién se le ocurriría imitar a los chinos, quienes se están convirtiendo a pasos gigantescos, a pesar de sus millones de usuarios de bicicletas, es uno de los mayores contaminadores ambientales del mundo? ¿Qué otras absurdas ideas proponen los ideólogos ambientalistas para los países desarrollados, las cuales ellos mismos no están dispuestos a cumplir? ¿De veras pensamos que podemos afectar el clima y causar una reducción significativa de temperatura mundial disminuyendo las emisiones de CO2?

 

Es necesario enfrentar con la verdad el alarmismo de los ideólogos ambientalistas y la risible idea de que el calentamiento del planeta es producido por el hombre, especialmente por las emisiones de CO2. El CO2 no es un contaminante, sino un gas esencial para la vida del planeta tierra. Las plantas no podrían subsistir sin CO2 y nosotros tampoco. El clima mundial jamás ha sido estable, sino que siempre ha cambiado por diversos motivos, y ha habido períodos, mucho antes de que el ser humano produjera CO2 mediante la combustión de hidrocarburos, en que el clima ha sido más cálido que ahora, como durante el Imperio Romano y en la Edad Media.

 

Ya se sabe con casi total certeza cuánto va a cambiar el clima durante el próximo siglo (y será bastante poco), pero decir algo así no es noticia sensacionalista de primera plana, ni consigue subsidios millonarios. Además, el que estudie a fondo este tema, llegará a la conclusión de que en la actualidad las aguas (mares, ríos y lagos) están mucho más limpios que en el siglo pasado, la reforestación del planeta continúa, y se plantan más árboles de los que se cortan, las ciudades que típicamente se han caracterizado por la contaminación o el “smog”, cada vez están menos contaminadas (no que no les falte mucho camino por andar), y la población del planeta, aunque ha seguido aumentando, cuenta con la mayor producción de alimentos de toda la historia, en mucha menor cantidad de terrenos cultivables, debido a los adelantos científicos, técnicos y al advenimiento de la era de las computadoras. Hoy en día hay más abundancia de recursos naturales que hace 100 años, pues el ser humano, con el recurso más valioso que existe, su intelecto, ha podido adaptarse a todos los cambios y salir adelante, desmintiendo así a los pesimistas y alarmistas de la ideología ambientalista moderna, que siempre predican destrucción para la humanidad. La historia del hombre siempre ha echado por tierra todas estas predicciones cataclísmicas y teorías falsas de las ideologías ecopolíticas.

 

El ser humano siempre es más importante que todo lo demás

En África, por ejemplo, por la influencia de los ambientalistas, en muchísimas comunidades de las más pobres no hay electricidad, pues no se permite la fabricación de nuevas plantas eléctricas que usan carbón o petróleo. Esta gente se está muriendo no sólo de hambre, pero de contaminación por quemar madera y estiércol para producir calor dentro de la casa. Los niños se mueren envenenados por las emisiones de la medara y el estiércol dentro de las casas. Sin electricidad, estas comunidades jamás podrán aspirar a salir de la miseria, y seguirán cortando árboles y quemando estiércol para cocinar y calentarse.

 

El ser humano siempre es más importante que todo lo demás. Tratar de preservar el medio ambiente perjudicando al ser humano, es tener los valores invertidos. Pero esto no debe extrañarnos, pues el medio ambiente perfecto para  los ideólogos ambientalistas es la naturaleza sin el hombre, no afectada por él. Dios nos puso en esta tierra como corona de la creación, para que administráramos la tierra y sus recursos para bien del hombre y de los animales, y para que la hiciéramos fructificar. El abuso y la destrucción son totalmente inaceptables y deben ser condenados y evitados por todos los medios. El aumento y el uso sabio de todos los recursos deben procurarse siempre, pero jamás en perjuicio del ser humano, especialmente de aquellos que menos tienen en el mundo, que siempre son los que más sufren cuando las ideologías extremistas y falsas se llevan al terreno de la práctica en cualquier parte del mundo.

 

No nos dejemos engañar por estos profesionales del alarmismo y la intimidación, que lo único que persiguen son los subsidios millonarios y el control de la economía estadounidense y por ende mundial, mediante el control de la producción de energía. Si a estos sujetos realmente les interesara la producción más limpia de energía, y les importara el bienestar del ser humano, no vacilarían en respaldar la construcción de plantas nucleares (Francia produce cerca del 80 por ciento de su energía eléctrica con plantas nucleares). Pero como no les interesa, se oponen.

 

En fin, hagamos caso omiso a las perniciosas doctrinas alarmistas de la ideología ambientalista, que al igual que tantos otros mitos que se propagan por ahí, el del recalentamiento global sigue sumando adeptos en gran medida debido al enorme aparato propagandístico que lo respalda, del que forman parte un número considerable de los medios de comunicaciones del mundo. Y si decidimos montar bicicleta, no lo hagamos por amor al planeta sino a nuestra salud, que probablemente será la única que se beneficiará con esa actividad.  

 

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.

 

 


El significado de la Navidad

diciembre 1, 2008

la-adoracion-de-los-magos-rembrandt-harmenszoon-van-rijn

 

 

  

 

 La adoración de los magos, Rembrandt Harmenszoon van Rijn

 

 

 

 ¿Cual es el verdadero significado de la Navidad? En cierta ocasión formulé esta pregunta a una joven, y sin pensarlo mucho me respondió: “La Navidad es un tiempo de reunión familiar, de festejos, de intercambio de regalos y de música alegre de la temporada”.

 

 La Navidad comercial está a las puertas y, lamentablemente, para la  mayoría de los latinoamericanos, su celebración no trasciende las decoraciones, regalos, comidas, fiestas y otras cosas por el estilo, por muy importantes y significativas que las mismas puedan ser. Esto, por supuesto, dista mucho de expresar cuál es el verdadero significado de la Navidad. Entonces preguntamos: ¿Qué significa realmente la Navidad? La respuesta correcta no es un secreto: la encontramos en el libro que contiene la historia de la Navidad: La Biblia.

 

 La palabra Navidad significa natividad o nacimiento. Cuando hablamos de la Navidad nos referimos, única y exclusivamente, al nacimiento virginal y sobrenatural del Señor Jesucristo, en Belén de Judea. Este nacimiento es singular e incomparable. Ningún otro nacimiento se le asemeja en toda la historia de la humanidad, pues Dios, al traer a su Hijo amado al mundo, quebrantó la extensa cadena de la generación humana. Un ser   sobrenatural vino al mundo por un acto creador de Dios.

 

 En las Escrituras leemos que María, la madre de Jesús, concibió sin haber conocido a un hombre en la intimidad. Fue un acto divino del Espíritu Santo, para preparar una naturaleza humana que fuera pura para el nacimiento de Jesús. El relato del nacimiento nos dice que antes que José y María se juntasen “se halló que había concebido del Espíritu Santo”. En el Evangelio según San Mateo, leemos que el ángel le dice a José, referente a María, lo siguiente: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Y el relato bíblico prosigue, diciendo: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. 1     

                                                                                 

 La palabra de Dios nos dice que le pusieron por nombre Jesús. Este nombre quiere decir Salvador. El nombre “Jesús” le identifica con la humanidad. Él, al nacer de una mujer, como nacen todos los hombres, se asemejó a nosotros en todo.

 

 Sin embargo, hay otro nombre que el Señor recibió. Le llamaron Emanuel, que significa “Dios con nosotros”. Quiere decir que Dios se hizo hombre, que se manifestó o reveló en la carne. Este nombre tiene que ver, muy en particular, con su naturaleza    divina.

 

 Nos hallamos ante dos nombres que nos hablan especialmente de la naturaleza de Jesucristo y nos revelan claramente cuál habría de ser el propósito de su venida a este mundo, a saber: salvar del castigo perpetuo y dar vida eterna a todo aquel que en él creyera. El Señor Jesucristo, cuando caminó sobre esta tierra, fue plenamente hombre, pero también fue plenamente Dios. No cometió pecado, mas fue un ser humano. Sin embargo, siendo hombre, toda la plenitud de Dios habitaba en su cuerpo humano.

 

 Ahora bien, si hacemos un alto en el nacimiento o en la vida misma de Jesucristo, perderemos de vista el propósito de su venida a este mundo, es decir, el verdadero significado de la Navidad. Debemos proseguir hasta arribar a la cruz del Calvario. Dios había trazado un plan, desde tiempos antiguos, para que su Hijo amado lo llevara a cabo en esta tierra. Jesucristo debía morir y derramar su sangre, para que se hiciera realidad el plan de Dios en favor de la salvación del hombre. Sí, el nacimiento de Jesús fue milagroso, su vida fue ejemplar y sin pecado, pero el niño que envolvieron en pañales y acostaron en un pesebre en Belén, era Dios mismo hecho hombre, que venía a la tierra con el solo propósito de morir clavado en una cruz, para pagar la deuda que todo ser humano tiene con Dios; una deuda que sólo Jesús podía pagar.

 

El Señor mismo, momentos antes de morir, expresó que había terminado su obra aquí en la tierra, al decir: “Consumado es”. 2  Y Dios el Padre confirmó, ante los ángeles y los hombres, que la obra de su Hijo había sido aprobada por él, al resucitarle de entre los muertos al tercer día.

 

¿Qué significa, entonces, la Navidad? Significa que Dios nos amó tanto, que extendió su mano de gracia y misericordia y nos dio a su Hijo Jesucristo. ¿Para qué? “Para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”. 3

 

  

¡Feliz Navidad!

 

Guido F. Castellanos

 

 

 Mateo 1:21-23; Juan 19:30; 3 Juan 3:16           

 

 


Resultados de la resurrección de Cristo

marzo 19, 2008

caravaggiotomas.jpg

Caravaggio, Tomás el incrédulo

 

 

“Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. El Apóstol Pablo, en 1 Corintios 15:19

 

 

 

Un escéptico francés llamado Renán dijo: “Vosotros los cristianos vivís rodeados de la fragancia de un sepulcro vacío”. Un enemigo de la resurrección afirmó lo siguiente: “Si la resurrección tuvo realmente lugar, tenemos que admitir que el cristianismo es lo que reclama ser, es decir, una revelación directa del mismo Dios”. El apóstol Pablo, habiendo visto al Cristo resucitado y habiendo escuchado su voz, afirmó con gozo y plena certeza: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20).

 

 

Aunque todos vamos a morir un día, jamás he conocido a alguien que afirme que ha venido a este mundo con el propósito de morir. No obstante, Cristo vino al mundo precisamente para morir en sacrificio por los pecados de cada persona: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). Jesucristo murió para resucitar al tercer día. Sin la resurrección, su muerte en la cruz carece de totalmente de valor. La resurrección de Cristo es la piedra angular del cristianismo. Negar este hecho histórico es destruir el fundamento del cristianismo. La fe cristiana tiene como base la resurrección de Cristo. Por eso el verdadero cristianismo es la fe del Resucitado. En otras palabras, no hay cristianismo sin resurrección.

 

Ahora bien, ¿cuáles son los resultados de la resurrección de Cristo? Es decir, ¿qué efectos ha tenido la resurrección de Cristo en este mundo?

 

 

 Resultados de la resurrección en relación con el creyente

Creyente en Cristo es aquel que ha aceptado la palabra, la persona y la obra de Cristo en su favor. Creer no es simple asentimiento intelectual o simpatía, sino plena confianza en lo que Cristo dijo, lo que es y lo que hizo. Cristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Auténtico cristiano es aquel que ha creído o depositado su confianza en el hecho de que Jesucristo es el único camino que conduce a Dios, la única verdad revelada sobre la salvación del hombre, y la única persona capaz de darnos vida eterna, como resultado de su propia resurrección física de entre los muertos.

De manera que la resurrección de Cristo nos da seguridad de que Dios ha aceptado a todo aquel que ha depositado su confianza en lo que Cristo dijo, en lo que es y en lo que hizo. Dios ha declarado justo a todo aquel que ha creído en su Hijo Jesucristo: “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

 

La resurrección de Cristo es, además, el sello de aprobación del Padre sobre el sacrificio del Hijo en la cruz. La resurrección no sólo demuestra que Cristo venció la muerte sino también el pecado. Si Cristo no hubiera resucitado, la fe de todo creyente carecería de valor, seríamos falsos testigos, porque predicamos que Jesús resucitó, y aún estaríamos en nuestros pecados, perdidos irremediablemente. Porque si Cristo murió por nuestros pecados y no pudo levantarse de entre los muertos al tercer día, entonces el pecado lo venció. Y si el pecado venció a Cristo, todavía los creyentes en él son pecadores perdidos. Además, todos los que creyeron en Cristo y murieron, jamás se levantarán de la tumba, si no hay resurrección. Si el cristianismo es sólo para esta vida, no sirve para nada, porque no existe cristianismo ni vida eterna sin la resurrección de Cristo (1 Corintios 15:12-19). Si Cristo no resucitó y los muertos no resucitan, hagamos todo lo que nos venga en gana, porque no habrá que rendirle cuentas a nadie después de la muerte. De manera que la resurrección de Cristo provee a los creyentes seguridad de su propia resurrección e inmortalidad: “Sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús” (2 Corintios 4:14).

 

 

 

Resultados de la resurrección en relación con el resto de la humanidad

 

La resurrección de Cristo proporciona la certeza, la garantía de una resurrección para toda la humanidad: “Y vi a los muertos, grades y pequeños, de pie ante Dios, y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” (Apocalipsis 20:12).

La resurrección de Cristo, finalmente, es la prueba irrefutable de Dios de que habrá un día de juicio para todo ser humano que le rechazó en esta vida: “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20:13). La Biblia afirma que Dios es Dios de vivos, no de muertos (Lucas 20:38), de manera que todo el que no creyó en Cristo ni aceptó el remedio divino para el problema del pecado, no está inscrito en el libro de la vida, pues éste es un libro de vivos espiritualmente, no de muertos.

 Estamos celebrando un año más de la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Hagamos una pausa para hacer memoria de lo que Él hizo por nosotros, porque su muerte y resurrección constituyen el evento más importante en toda la historia de la humanidad. Cristo se humilló por nosotros. En la cruz Él cargó con el peso del pecado de toda la humanidad y venció a Satanás, el enemigo de las almas. Al resucitar, venció a la muerte y ahora está “coronado de gloria y de honra” y está sentado “a la diestra de la Majestad en las alturas”. Cristo se convirtió en el Hijo del Hombre para que nosotros pudiéramos ser hijos de Dios. Él vino a esta tierra para que nosotros pudiéramos ir al cielo. En la cruz, Él murió por nuestros pecados, para que nosotros pudiéramos participar de su justicia. Cristo participó de nuestra naturaleza para que nosotros pudiéramos hacernos partícipes de la suya. Él resucitó, y mediante su resurrección nos da la seguridad de que Dios ha aceptado a todo el que ha creído en Él y nos garantiza nuestra propia resurrección y vida eterna.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor


El regalo del perdón

diciembre 10, 2007

hijoprodigo-copy.jpg

  El hijo pródigo, Rembrandt Harmenszoon van Rijn

“El perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó”. Mark  Twain 

En cierta ocasión, uno de los discípulos se le acercó a Jesús y le preguntó: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mat. 18:21-22). Perdonar puede definirse como no volver a tomarles en cuenta a otras personas las ofensas o el daño que nos han hecho. A menudo pensamos que el perdón es un regalo que otorgamos a los demás, sin comprender que el que perdona es probablemente el que recibe el mayor beneficio. El perdón es esencialmente una expresión de amor. La persona que ama sabe perdonar aun a aquellos que no le aman a ella. Tener un espíritu no perdonador es como padecer de un cáncer que nos va minando el alma día tras día, hasta destruirnos.  

El perdón, al igual que la gratitud, es una experiencia liberadora, pues como manifestación de amor tiene el poder de sanar nuestras heridas y contribuir poderosamente a curar las ajenas, porque tiene su origen en el mismo Dios. Además, el perdón produce un inmenso gozo, pues nos trae paz y nos libera del enorme peso del rencor y el enojo que nos agobiaba y nos carcomía a diario. El que perdona se libera del dominio que ejerce sobre él la persona que lo ha herido, pues el rencor y el espíritu no perdonador se convierten en un cruel amo que lo esclaviza y lo va destruyendo paulatinamente. No debemos jamás negarle el perdón a aquellos que nos lo han pedido, pues nuestra sanidad emocional, y a menudo física, depende del perdón a nuestros ofensores. Galileo Galilei dijo: “Los beneficios deben escribirse en bronce y las injurias en el aire” (Galileo Galilei, Opere, IX, 198).            

Aquellos que se han criado en un hogar disfuncional, haya el mismo terminado en divorcio o no, a menudo no saben perdonar, pues, en primer lugar, no se han perdonado a sí mismos por no tener culpa de los problemas o el desenlace de sus padres; en segundo lugar, a menudo están resentidos y no han perdonado al padre, a la madre, o a ninguno de los dos. Una persona proveniente de un hogar así, para poder perdonar, primero debe reconocer que tiene tanto valor como los demás seres humanos y que sus necesidades cuentan. Sin respeto a sí misma primero, la persona no podrá perdonar auténticamente.           

El perdón es también una decisión, lo mismo que el amor. No se ama por casualidad o fortuna, como si el amor que podamos prodigarle a otra persona lo determinara la suerte o el destino. Se ama porque se decide amar, de igual manera que se toma la decisión de perdonar.           

El cristiano verdadero, es decir, aquel que ha experimentado el perdón de Dios por haber invitado a Cristo a entrar en su corazón, debe más que nadie perdonar a sus semejantes, de la misma forma en que Dios le ha perdonado a él todas sus ofensas: pasadas, presentes y futuras.            

¿Por qué en esta Navidad no hacemos memoria de las personas con quienes tenemos enemistad o no estamos en el mejor de los términos por una ofensa no perdonada, y las perdonamos auténtica y definitivamente? ¡Acudamos a ellas, ofrezcámosles nuestro perdón y, si es posible, reconciliémonos con ellas! No, probablemente no vamos a olvidar las ofensas, pero no se las vamos a tomar en cuenta nunca más, ni nos causarán más dolor y amargura. Pidamos a Dios el valor y la fortaleza para hacerlo. Y recordemos: Dios nos perdonará en la medida en que nosotros perdonemos a los demás: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial” (Mat. 6:14). Cristo mismo nos habla con su ejemplo. Cuando fue crucificado, dijo de sus enemigos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.           

En esta Navidad, sobre todos los regalos, ofrezcamos la dádiva del perdón, y descubriremos que, a fin de cuentas, nosotros seremos los que recibiremos los mayores beneficios. Recordemos que Cristo nació en este mundo para que nosotros tuviéramos la oportunidad de ser perdonados mediante su muerte en la cruz. 

¡Feliz  Navidad!                                                                                      

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor

Este artículo fue publicado en El Nuevo Herald, en diciembre de 2006


The Yearly Assault on Christmas

diciembre 7, 2007

nativity01.jpgnativity01.jpg

nativity01.jpg

 

  “For unto you is born this day in the city of David a Saviour, which is Christ the Lord” (Luke 2:11).

 

  

The policy of turning Christmas into a secular Holiday Season is another unfortunate example of the assault on Christmas and Christianity, which every year comes in many forms, in the public square and by businesses who “embrace any form of cultural, religious, secular and ethnic diversity”, but are offended by almost any representation of Christianity. 

 

 We know all too well that Jesus, Mary  and Joseph, the Wise Men, the Angels and the animals, have been replaced by the money making parade and show of reindeer, elves, and Santa Claus. The message of salvation and eternal life through the Son of God, who came down from heaven and became Man, has been lost. There was no room in the inn for Mary, Joseph and the baby Jesus. Today, there is no room in so many hearts for the Savior, but the same people always manage to find room for their cars in the full parking lots of the malls all across the country. The Real Christmas has been replaced by the commercially motivated and meaningless “Holiday Season”. 

 

 Many businesses across the nation have taken the politically correct road, eliminating the word Christmas from their stores and instructing employees to say “Happy Holidays” instead of Merry Christmas to customers. They have become one more Christmas stealing Grinch in the politically correct anti-Christian wasteland in our country. It matters very little how diverse our community or any community is in America. The great majority of customers buying at these stores celebrate Christmas, the birth of Jesus Christ. We are celebrating Christmas, not “the season”, as they say. Such expressions as “Season’s Greetings” are empty phrases that have very little to do with the celebration and true meaning of Christmas. 

 

 We are a nation founded on Judeo-Christian principles, not on secular humanist teachings, which produced the failed Socialist and Marxist-Leninist totalitarian forms of government. If other groups do not celebrate Christmas or choose to celebrate their own Holidays, that is perfectly fine and we respect that. However, here, in the United States of America, to offend and penalize the majority, in the name of “cultural diversity”, and to eliminate any vestige of Christianity not to offend other groups who, for the most part don’t even mind our Christmas celebration and are not offended by it, is not only absurd but downright unfair to the majority of their customers who are, indeed, multi-cultural, but mostly Christian, at least in name and tradition. That is not the way to bring people together. Political correctness is a hypocritical, anti-Christian and, for the most part, failed secular humanistic way of trying to “bring people together in peace and love”.  

There would be no “Holiday” without Christmas. What in the world would we be celebrating without it at this time of the year? May I ask what would be the reason for the Season without Christ? Even in the word Holiday (Holy Day) we can’t get away from the historical fact of the birth of Jesus in Bethlehem, more than 2000 years ago, which was indeed the Holy-Day: “For unto you is born this day in the city of David a Saviour, which is Christ the Lord” (Luke 2:11). This is the original Christmas, the Biblical one, the “Real Celebration”, with Christ at the center, with its message of true peace, hope and salvation, offered to all who are willing to receive it.  

The true meaning of Christmas is summed up perhaps in the best known and loved verse in the entire Bible, John 3:16: “For God so loved the world, that He gave His only begotten Son, that whosoever believeth in Him should not perish, but have everlasting life.” This is why we exchange gifts on Christmas day, because God the Father gave first, and He did not give us a mere material gift, but His only Son, the very best of Heaven, to provide salvation for all who would believe in Him. 

Merry Christmas!  

Guido F. Castellanos  

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor