El ateísmo: peligroso juego de ruleta rusa con el alma

marzo 21, 2009

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                   Abraham e Isaac, Rembrandt van Rijn

 

Nunca he encontrado un hombre verdaderamente pensador que no creyera en Dios.  

Robert A. Millikan, físico norteamericano

 

 En términos sencillos, ¿qué significa la palabra ateo? ¿Qué cree o no cree un ateo?

 Ateo, en el sentido más amplio de la palabra, es aquel que niega a Dios y vive como si Él no existiera. El vocablo ateo proviene del prefijo griego a (sin o no) y el sustantivo Teos (Dios). El ateo cree que hay pruebas de que Dios no existe. De manera que el mundo,  el universo y todo lo que existe puede explicarse mediante el naturalismo y no a través del súpernaturalismo o la creación especial. El ateo acepta el materialismo como filosofía de vida, y está convencido de que toda creencia, evidencia religiosa y la fe son falsas.

Hay ateos que prefieren que se les llame ateístas o no teístas en vez de ateos, puesto que el vocablo ateo ha tenido históricamente un significado peyorativo.

¿Cuáles son las principales diferencias entre el ateo, el agnóstico y el escéptico?

El agnóstico (del griego a (sin o no) y el sustantivo gnosis (conocimiento, generalmente empírico) cree que no existe suficiente evidencia para probar o descartar la existencia de Dios. Y el escéptico ni afirma ni niega la existencia de Dios. Tampoco niega que sea imposible saber, sin embargo, lo cuestiona todo.

 

¿Qué dice la Biblia sobre el ateo?

No mucho. Pero lo que declara es en extremo significativo y devastador: “Dice el necio en su corazón: no hay Dios” (Salmos 14:1; 53:1). El Dios de La Biblia concibe el ateísmo como idolatría, porque en el sitio que debía corresponderle a Dios queda un vacío que luego ocupa un ídolo, ya sea el ego, otra persona, una profesión, la imagen de un ser humano o de un animal, o cualquier otra cosa. Y a la idolatría sí se le dedica considerable espacio en la palabra de Dios. El ateo entonces, como hemos dicho en anterior artículo, no es tanto aquel que no cree en la existencia de Dios, sino la persona que quiere a Dios fuera de su vida para luego entronizar a un ídolo. Y un ídolo es cualquier persona o cosa que desaloja a Dios de la preeminencia en nuestra vida. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles” (Ro. 1:21-23).  

                                                                                                                

Por otra parte, La Biblia enseña que el principio de la sabiduría es el temor de Dios (Salmos 111:10). La sabiduría va mucho más allá de la acumulación de conocimientos: es la capacidad dada por Dios para utilizar correcta y oportunamente nuestros conocimientos y las experiencias de la vida. El verdadero sabio respeta a Dios y tiene siempre presente los principios expuestos en La Biblia, los cuales rigen su vida. Y dije principios divinos, no reglas y mandamientos de hombres, porque los primeros liberan, los últimos esclavizan.

En este punto es necesario señalar que, de todas las libertades, sin duda la más valiosa es la espiritual. El mismo Jesucristo dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. “Así que si el hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:31, 36). Es esencial comprender que el auténtico cristianismo es una relación personal con Cristo y es a su vez un sistema total de vida que nos permite ver el mundo en que vivimos como realmente es, a la vez que nos enseña a vivir según las leyes y los principios morales establecidos por Dios.

 

¿Constituye el ateísmo una muestra de individualidad e inteligencia, o se arriesga innecesariamente todo el que niega la existencia de Dios?

 

No es muestra de ninguna de las dos. El ateísmo es, en la práctica, un juego de ruleta rusa con el alma. Es necesario señalar que resulta muchísimo menos arriesgado y considerablemente más inteligente tener fe en Dios, en su existencia, que no tenerla. La postura del ateo es una especie de intransigencia, de estulticia (a la que ya dije que la Biblia llama necedad: “Dice el necio en su corazón: no hay Dios”, o más bien: “no, Dios”. Salmos 14:1), la decisión descabellada de jugar a la ruleta rusa con su alma. Sólo los tontos, los faltos de entendimiento, o los desquiciados juegan a la ruleta rusa con un revólver y una bala real. El ateísmo es una necedad, una estupidez, una ruleta rusa infinitamente más peligrosa, porque lo que está en juego es el destino eterno del que la practica. Porque si Dios no existe, el creyente no tiene nada que perder. No obstante, si Dios existe, todo aquel que se ha negado en vida a creen en Él, lo perderá todo. Cristo mismo dijo: “¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).

 

Viene al caso un corito, sencillo pero con un mensaje muy profundo, que frecuentemente cantamos en la iglesia:

 

Perder los bienes es mucho,

Perder la salud es más.

Perder el alma es pérdida tal

Que no se recobra jamás.

 

 

¿Qué lugar ocupa en la ciencia moderna la creencia en un Dios creador del universo?

 

Ninguno. La ciencia moderna fue concebida para que excluyera a un Diseñador y Creador. Está fundamentada en el ateísmo filosófico, en el naturalismo y en el materialismo, es decir, en las doctrinas que enseñan que la realidad natural y material es la única que existe, que la naturaleza es todo lo que hay y que la realidad material es la única realidad.

 

Sin embargo, ni la realidad material ni la verdad científica constituyen toda la verdad. Hay infinidad de verdades y de realidades que están más allá de la razón. El naturalismo y el materialismo no son conclusiones científicas, sino proposiciones o premisas. En otros términos, son artículos de fe. No obstante, la fe en Dios busca una ruta que ha sido vedada para la razón, y prosigue cuando la razón no encuentra más derroteros. El verdadero creyente en Dios jamás acepta la fe “a ciegas”, como equivocadamente suponen muchos incrédulos, sino con “los ojos bien abiertos”. La fe, a pesar de que pisa sobre el abismo, siempre encuentra la roca debajo. 

En el libro titulado The Creation-Evolution Controversy ((La controversia entre la creación y la evolución), Randy L. Wysong, profesor de anatomía humana y fisiología, afirma: “Se puede concebir la evolución como un tipo de religión mágica. La magia es simplemente un resultado sin causa, al menos sin una causa competente. “La casualidad”, “el tiempo” y “la naturaleza” son los tres dioses venerados en los templos evolucionistas. Sin embargo, estos dioses no pueden explicar el origen de la vida: son dioses impotentes. De este modo, la evolución queda sin causa competente y, por ende, es sólo una explicación mágica de la existencia de la vida”.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor

 

 

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La teoría darwiniana de la evolución: ¿auténtica ciencia o hipótesis fallida?

febrero 14, 2009

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 Darwin y la teoría de la evolución (breve análisis)

“Ciertamente hay quienes sostienen que el universo evolucionó a través de un proceso al azar, pero, ¿qué proceso al azar podría producir el cerebro del hombre o el sistema del ojo humano?”.  Wernher von Braun, fundador del programa espacial de la NASA

 

La “gente de derecha” en Estados Unidos, como la denomina Álvaro Vargas Llosa en su artículo titulado Darwin y la derecha, publicado en El Diario Las Américas el 12 de febrero pasado, no menosprecia a Darwin porque lo crea un icono de la izquierda, que de hecho lo ha sido ( el darwinismo ha sido devastador para el mundo por el mensaje fundamental que comunica, las nefandas filosofías que ha engendrado y por los desastrosos efectos que ha tenido dondequiera que se ha arraigado), sino que rechaza sus absurdas teorías de la evolución orgánica porque carecen de auténtica evidencia científica que las sustenten; asimismo constituyen una versión depurada de la mentalidad científica del siglo dieciséis, la cual sustentaba el concepto de la refutada y desacreditada generación espontánea. Además, son irreconciliables con las enseñanzas bíblicas relacionadas con el origen del universo y de la humanidad. A las fallidas teorías de  Darwin no se les puede dar una “segunda oportunidad”, como algunos piden que se les dé, porque para esto es preciso renunciar a las creencias y principios cristianos provenientes de la Palabra de Dios, los cuales constituyen el fundamento inconmovible de nuestras vidas y de la propia sociedad libre y democrática en que aún vivimos. 

Muchos teólogos católicos y de otras denominaciones han abandonado la hermenéutica y prefieren la conveniente interpretación simbólica de la Biblia, lo que deja espacio para acomodar la hipótesis de la evolución. El propio Papa Juan Pablo II publicó una declaración en la que aseveraba que los nuevos conocimientos revelaban que la evolución era “más que sólo una hipótesis”, pero no dio a conocer cuáles eran los nuevos conocimientos a que se refería, ni por qué las milenarias verdades bíblicas relacionadas con el origen del universo y del ser humano habían perdido su validez.

Es lamentable y a su vez vergonzoso que la Iglesia de Inglaterra se haya apartado de la verdad que había creído y proclamado durante siglos al pedirle  disculpas innecesarias e inmerecidas a Carlos Darwin en una carta escrita en el 2008, por haber rechazado en el pasado sus teorías sobre el origen de las especies y del hombre. Con esto, rechazaron el verdadero Evangelio de Cristo, porque la aceptación de una teoría que niega la creación directa y literal de Dios y el pecado original de Adán, es la negación de la eficacia de la obra de Cristo en la cruz. Porque si Dios no creó al ser humano, no hay pecado original, por lo tanto, queda eliminada la necesidad de un Redentor que viene al mundo para rescatar al hombre de las consecuencias del pecado y a concederle la oportunidad del perdón, reconciliarse con Dios y recibir la vida eterna. Al negar esto, la iglesia renuncia a su auténtica razón de ser, a su misión en este mundo.

Carlos Darwin perdió la fe en Dios mucho antes de que se publicara, en 1859, su controvertida obra titulada El origen de las especies. Esto ocurrió, en primer lugar, porque Darwin no podía tolerar la enseñanza cristiana (bíblica) de la condenación eterna. En segundo lugar, se sabe que Darwin padeció enormemente por la muerte de Annie, su hija de diez años. En el caso de Darwin, el abandono de la fe cristiana bien pudo haber sido consecuencia directa de haberse negado a “perdonar” a Dios por la pérdida de su pequeña hija, y de no aceptar sus designios, dos actitudes que luego pueden haberse convertido en un puño de resentimiento y venganza levantado contra Dios mediante su labor científica y sus escritos.

Con la teorías expuestas por Carlos Darwin en El origen de las especies y El origen del hombre, se ha intentado desacreditar el relato bíblico de la creación o, como desdeñosamente lo llama Vicente Echerri en su artículo titulado Doscientos años de Darwin, publicado el pasado 12 de febrero en El Nuevo Herald, “mitos del Edén y visiones de beduinos de hace tres mil años”. No obstante, durante los 150 años transcurridos desde la publicación de la hipótesis darwiniana, no se ha podido probar la veracidad de su teoría. La geología, la paleontología y sobre todo la genética, no han corroborado la teoría de Darwin en modo alguno. Por el contrario, la han desacreditado. 

 

Falsas evidencias

¿Qué evidencias científicas existen de que el hombre desciende de algún primate? Ninguna. Por ejemplo, el Hombre de Piltdown, cuyos restos supuestamente fueron hallados en 1912 en Piltdown, Sussex, Inglaterra, por Charles Dawson, un paleontólogo aficionado, fue construido partiendo de la mandíbula de un antropoide moderno y de un cráneo humano fosilizado. Los paleontólogos del Museo Británico concluyeron que los restos del Hombre de Piltdown tenían quinientos mil años. En 1956 se descubrió el engaño. La revista  Selecciones del Reader’s Digest publicó un artículo abreviado del Popular Science Monthly, titulado “The Great Piltdown Hoax” (El gran engaño de Piltdown). Utilizaron el nuevo método para fechar huesos mediante la absorción de fluoruro y descubrieron que los huesos de Piltdown eran fraudulentos. Las nuevas investigaciones revelaron que la mandíbula pertenecía a un primate que había muerto hacía sólo 50 años. Los dientes habían sido limados. Además, tanto a dientes como a  huesos se les había aplicado bicromato de potasa para descolorarlos y ocultar su auténtica identidad. 

Y como éste hay considerables ejemplos de supuestos eslabones hallados, que resultaron ser fraudulentos, como el Hombre de Neandertal, que no eran más que los restos de un ser humano que había padecido de osteoartritis y raquitismo; y el Hombre–Mono de Java (Pithecanthropus erectus) u hombre mono-erecto, descubierto en 1891 por el evolucionista Eugene Dubois. Se trataba de una pequeña porción de la parte superior del cráneo, un fragmento del fémur y tres molares. Los restos fueron hallados en un área de más de 21 metros, en el transcurso de un año y en el antiguo lecho de un río, mezclados con huesos de animales extintos. Se reunieron 24 científicos europeos para estudiar el hallazgo: 10 de ellos indicaron que los restos provenían de un mono; 7 afirmaron que eran de un hombre; y 7 concluyeron que pertenecían a un eslabón que ya no estaba perdido. La controversia y la división imperaron. El prestigioso profesor Virchow, de Berlín, dijo: “No hay evidencia alguna de que estos huesos hayan formado parte de la misma criatura”.  Más tarde el mismo doctor Dobois cambió de parecer. Concluyó que se trataba de los restos de algún tipo de gibón. A pesar de lo antes dicho, las exhibiciones en museos y los dogmáticos libros de texto universitarios no contienen información en torno a la naturaleza equívoca del Hombre-Mono de Java. Su naturaleza cuestionable, al igual que la de la evolución del hombre, se ignora convenientemente o se oculta tras la máscara de los cacareados  “hechos científicos” de la evolución.

En  este punto es necesario señalar que hace mucho tiempo que los datos empíricos tienen muy poca importancia para la ciencia moderna (que excluye al Diseñador y Creador), sobre todo si los mismos tienden a desacreditar la teoría de la evolución. En la ciencia moderna predomina la teoría sobre los datos. Los evolucionistas interpretan los datos recopilados en términos del paradigma científico prevaleciente. En la actualidad la evolución es el paradigma que predomina y éste es en alto grado inmune a la influencia de los datos empíricos.

 

 Una teoría imposible de probar

La teoría de la evolución sigue siendo una teoría, porque es imposible probar científicamente cualquier hipótesis relativa a los orígenes. Lo único que ha podido verse a todas luces, referente al origen de las especies, es que la propia teoría de la evolución, no las especies, ha evolucionado continuamente, durante la relativa brevedad de su existencia. De manera que no existen discrepancias entre la fe y la verdadera ciencia, porque la teoría de la evolución no es verdadera ciencia comprobada ni comprobable, sino simplemente una hipótesis imposible de probar científicamente, puesto que es imposible observar el origen del universo y realizar experimentos en relación con el mismo. ¿En qué hechos está basada la evolución? En convicción religiosa tal vez, más no en hechos científicos, pues es necesario tener muchísima más fe para creer en la teoría de la evolución que en la declaración bíblica de que Dios creó el universo y todo lo que existe. Si creemos que Dios es Dios, ¿por qué pensamos que hay algo imposible para Él?

El biólogo británico L. Harrison Matthews, en el prefacio de El Origen de las especies de Darwin, edición de 1971, dice: “La evolución es la columna fundamental de la biología; por esa razón la biología está en la particular posición de ser una ciencia fundamentada en una teoría no probada- ¿es entonces ciencia o fe? En este sentido, creer en la teoría de la evolución es exactamente paralelo a creer en la creación- ambos son conceptos cuyos seguidores saben que son verdad, pero ninguno, hasta el momento, ha podido ser probado”.

La teoría de la evolución, después de 38 años de haberse escrito lo anterior, sigue sin ser probada. Por lo tanto, sólo puede ser clasificada como creencia, como filosofía subjetiva de orígenes, y de hecho como la auténtica religión de muchos científicos. Los científicos pueden teorizar tocante al pasado y el futuro, sin embargo sólo el presente puede ser observado. De manera que es falso el concepto generalizado de que la evolución ha sido comprobada científicamente. Durante décadas se ha enseñado en todo el mundo la teoría de la generación espontánea (que la vida proviene de la materia no viviente), a pesar de que esta hipótesis hace tiempo fue desacreditada científicamente por Pasteur, Redi y Spallanzani, quienes demostraron que la vida proviene únicamente de vida pre-existente.

Nos preguntamos, ¿por qué es generalmente aceptada como hecho comprobado una teoría de orígenes desprovista de evidencias científicas reales? La respuesta es obvia: porque la creación especial efectuada por un Dios todopoderoso y eterno es enteramente inaceptable para los científicos ateos y agnósticos. Vale la pena citar lo escrito por George Wald, ganador en 1967 del Premio Nobel de la Paz en el terreno de la ciencia:

“En cuanto al origen de las vida en esta tierra, sólo hay dos posibilidades: creación o generación espontánea (evolución). No hay una tercera forma. La generación espontánea fue refutada hace 100 años, pero eso nos lleva únicamente a otra conclusión: la creación sobrenatural. Esta no podemos aceptarla por razones filosóficas (motivos personales); por tanto, escogemos creer lo imposible: que la vida surgió espontáneamente por casualidad”.

 

Científicos que rechazan la teoría de la evolución

A pesar de esto, no todos los científicos son evolucionistas ateos. Sabemos que numerosos pioneros de la ciencia fueron cristianos devotos que creían en el relato bíblico de la creación, como Luis Pasteur, Isaac Newton, Robert Boyle, Michael Faraday, Lord Kelvin, James Maxwell y Samuel Morse, para citar sólo algunos de lo más conocidos. Y cada día se suman más nombres a la larga lista de científicos que rechazan la evolución y creen en la creación especial.

Ahora surge una pregunta: ¿Por qué es tan importante lo que una persona cree tocante al origen del universo y a su propio origen? Porque lo que una persona cree siempre determina su estilo de vida y, sobre todo, su destino eterno.  Si la evolución es cierta, la vida carece de propósito, de manera que vivamos la vida como mejor nos parezca, porque mañana moriremos y ahí concluirá nuestra existencia. No obstante, si Dios nos creó, la vida no sólo tiene significado sino un propósito eterno. Entonces, lejos de ser un accidente evolutivo, el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, se convierte en la corona de la creación (Génesis 1:26-27).

Aquellos que rechazan y ridiculizan el relato bíblico de la creación y tienen por ignorantes, supersticiosos, anticuados o  “derechistas intransigentes” a los creyentes en Cristo que nos negamos a aceptar una hipótesis de orígenes popular pero fallida, y aceptan por conveniencia moral o arrogancia intelectual la teoría de la evolución como verdad comprobada e irrebatible, es preciso que sepan que el propio peso acumulativo de los hechos científicos y bíblicos ha desacreditado el fraude insostenible y pernicioso de la teoría de la evolución.

Guido F. Castellanos

 Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor 

 

 


¿Qué ocurre cuando el ser humano niega la existencia de Dios?

febrero 2, 2009

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Belsasar, Rembrandt Van Rijn, 1635

Dice el necio en su corazón: no hay Dios (Salmos 14:1; 53:1).

El ateo no es tanto aquel que no cree en la existencia de Dios, sino la persona que quiere a Dios fuera de su vida para luego entronizar a un ídolo.

 

                     

Karl Marx afirmó que el propósito del comunismo era desentronizar a Dios y destruir el capitalismo. Marx creía que la religión era una engañosa invención humana de los ricos, para controlar a la clase obrera. Por eso aseveró, comentando las obras de Hegel, que “la religión es el opio de los pueblos” (aforismo proveniente de Heine), queriendo señalar que la religión es una forma de escapismo. El mismo Lenin afirmó lo siguiente: “La base filosófica del Marxismo, como repetidamente lo declaran Marx y Engels, es el materialismo dialéctico…un materialismo que es absolutamente ateo y determinadamente hostil a toda religión”.

Es necesario subrayar que el número de genocidios de los regímenes ateos y comunistas de la antigua Unión Soviética y europeos, China, Corea del Norte y Cuba, asciende a más de cien millones.

Hay personas que afirman no creer en Dios porque no es posible probar su existencia ni demostrar su inexistencia mediante los métodos científicos modernos. Sin embargo, esto ocurre primordialmente porque la ciencia moderna ha sido diseñada para que excluya al Diseñador y Creador del universo. De lo que sí hay pruebas definitivas es respecto a lo que ocurre cuando el ser humano niega la existencia de Dios y vive como si él no existiera. ¿Ha pensado alguna vez en esto el ateo?

Enumeremos algunas.

1) Si Dios no existe, tampoco existen el bien y el mal. De modo que el ser humano sólo posee opiniones subjetivas respecto a aquello que considera “bueno” o “malo”. Sin una autoridad moral suprema, ¿con qué autoridad determinaremos el bien y el mal? Las opiniones, como acertadamente ha dicho alguien, son como el ombligo: todos tenemos uno pero ninguno sirve para nada.

2) Si Dios no existe la vida carece de significado. Como pretende explicar la teoría de la evolución, somos entonces producto del azar y la selección natural, y nuestra existencia no posee mayor valor y significado que un grano de arena.

3) Si Dios no existe, el sufrimiento humano no tiene el menor sentido. Además, las más benévolas e inocentes víctimas del abuso, la tortura y el asesinato no tienen mejor destino después de la muerte que los más brutales y sanguinarios verdugos y asesinos de la historia. Sólo si existe un Dios misericordioso y justo, quien ha provisto en Cristo la solución para el dilema de la raza humana, es que Billy Graham y Fidel Castro tienen destinos diametralmente opuestos.

4)   Si Dios no existe, en última instancia, la vida humana es una descomunal tragedia. El ser humano nace, vive, sufre (muchos desmedida e injustamente), muere (algunos horriblemente y no pocos prematuramente) y después sólo le espera la inconsciencia eterna, la nada, el olvido.

5) Si Dios no existe, el ser humano carece de libre albedrío y es un autómata cuyos pensamientos, decisiones y conducta los determinan los genes y el medio ambiente. El ser humano sólo puede ser libre en todo aspecto cuando existe un Dios soberano quien lo ha creado a su imagen y semejanza moral y espiritual y le proporciona la capacidad de trascender los genes y su entorno.

6) Si Dios no existe, lo santo desaparece y el decoro carece de valor. Por ejemplo, la persona que cree en Dios y conoce su palabra sabe que hay una forma correcta de expresarse y una manera reprochable de hablar. La vulgarización de las artes, particularmente de la literatura, es mayormente fruto del relativismo moral, el cual se origina en el ateísmo y el humanismo secular. Los escritores ateos y seculares ridiculizan la misma noción de la expresión vulgar y desvergonzada y rinden culto al mal gusto, porque para ellos todo lenguaje, por procaz que sea, es admisible para expresarse “libremente”. Y esto para ellos es lo más importante. De manera que el término vulgarización, en lo que a la literatura se refiere, es inaceptable para estos literatos. Sin embargo, la marcada vulgarización de una sociedad, como la cubana bajo el régimen marxista y ateo de La Habana, es innegable síntoma del avanzado grado de relajamiento y decadencia de una cultura que ha sido brutal y sistemáticamente destruida. Los artistas no hacen más que reflejar en su obra esa destrucción.Y si para ellos Dios no existe, ¿de dónde provendrá la inspiración para crear un arte de elevado vuelo, ennoblecedor, que realmente inspire? ¿Del nihilismo, del relativismo moral, del feísmo, del empobrecimiento y la vulgarización cultural? Por eso es que en tantos museos y en galerías de arte contemporáneo cada día se exhiben más “obras de arte” en las que se celebra lo chabacano, lo escatológico, lo chocante lo grotesco y lo vulgar.

7) Si Dios no existe, todos los que a través de los siglos han tenido fe en el Dios verdadero, han vivido engañados; ninguna oración, en ninguna parte del mundo, ha sido escuchada y mucho menos contestada, y jamás ha ocurrido ni un solo milagro. El propio apóstol Pablo afirmó que si la resurrección de Cristo y de los muertos es un embuste, la fe del cristiano carece totalmente de valor y el propio cristianismo no sirve para nada: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (1 Corintios 15:16-19, 32b).

8 ) Si Dios no existe no hay derechos humanos inalienables. La evolución no confiere derechos a nadie. La materia y la energía no están interesadas en los derechos individuales. Si Dios no existe, nadie tiene derecho de reclamar derechos personales ni de ninguna índole, porque los derechos provienen de un dador, y ese dador es Dios.

9) Si Dios no existe, el ser humano se convierte en la medida de todas las cosas, y el sitio que debía corresponderle a Dios lo ocupa el ego, otra persona, una profesión, la imagen de un ser humano o de un animal, o cualquier otra cosa. El ateo, entonces, no es tanto aquel que no cree en la existencia de Dios, sino la persona que quiere a Dios fuera de su vida para luego entronizar a un ídolo.

10 ) Si Dios no existe, la afirmación de Dostoievski de que “sin Dios todo es permitido”, se convierte en realidad. De hecho, se convirtió en una trágica realidad en la historia de la URSS, su nación. En Cuba, el fallido experimento marxista de Castro también ha destruido la familia, la sociedad, la cultura y la economía, y la desesperanza y la pobreza de un pueblo en todo aspecto, sobre todo el espiritual, son el horrendo legado de este macabro experimento. El ilustre escritor inglés y profesor de literatura medieval de la Universidad de Oxford, C.S. Lewis, dijo: “Ten como objetivo el cielo y recibirás también la tierra. Ten como objetivo la tierra y perderás ambas cosas”. Tanto el experimento soviético como el cubano ilustran claramente la segunda parte de esta fórmula.

La ciencia moderna excluye al Diseñador y Creador, sin embargo, el Dios invisible se manifiesta al hombre a través de su creación visible: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

De manera que el verdadero opio de los pueblos es creer que la existencia del ser humano termina con la muerte física, que después viene la nada para todos, que no hay vida eterna o infierno después de la muerte. Se trata de la falsa esperanza de que el ser humano jamás rendirá cuentas a Dios por sus mentiras, crímenes, hipocresía, cobardía, envidia, traición, egoísmo, codicia, promiscuidad… y, sobre todo, por haber rechazado la solución provista por Dios para librar al ser humano de la condenación y el infierno y proporcionarle vida eterna, a saber: la muerte y resurrección de Cristo.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor


¿Concuerda la evolución con lo que enseña la Biblia?

febrero 15, 2008

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A menudo me preguntan si existen discrepancias entre la Biblia y la ciencia, si la teoría de la evolución  concuerda con lo que enseña la Biblia, si el relato de la creación de Adán y Eva en Génesis es literal o simbólico y si los años en el Antiguo Testamento son literalmente de 365 días o simbolizan períodos extensos o eras. Aquí van las escuetas respuestas a manera de introito, para picar la curiosidad del lector. Sobre estos asuntos abundaremos pronto en otras entradas.

Cuando me formulan cualquiera de estas preguntas lo primero que hago es averiguar si mi interrogador alguna vez ha leído la Biblia en su totalidad, desde el primer capítulo de Génesis hasta el capítulo final de Apocalipsis. En poquísimas ocasiones tengo que formular la segunda pregunta, a saber, ¿cuántas veces la ha leído?, porque, salvo raras excepciones, nadie me responde que ha leído la Biblia de pasta a pasta ni siquiera una vez.

La Biblia se terminó de escribir hace muchos siglos (hace cerca de 2000 años, para ser más exactos). Sin embargo, a pesar de su antigüedad, no ha perdido ni un ápice de veracidad ni de vigencia. La Biblia no es un libro científico, no obstante cada vez que trata sobre cualquier asunto relacionado con la ciencia, lo hace con exactitud inequívoca. Por ejemplo, mucho antes de que el hombre descubriera la redondez de la tierra, ya la Biblia, en el libro de Isaías, setecientos años antes de Cristo, la declaraba como globo terráqueo (Isaías 40:22). Alguien ha dicho que a la Biblia, al igual que a los leones, no hace falta defenderla: sólo basta con abrirle la jaula.

En la Biblia abunda el leguaje figurado, las alegorías y los simbolismos, pero la mayor parte de su contenido no es simbólico, sino claro, directo y perfectamente comprensible. La palabra de Dios no se escribió para que el lector individual la interpretara caprichosamente. Es necesario aplicar principios fundamentales de hermenéutica o interpretación bíblica para lograr su correcta interpretación. Y la correcta interpretación de cualquier texto bíblico tomará en cuenta su contexto (el texto que lo precede y que le sigue), la historia, el asunto en cuestión, a quiénes se escribió originalmente y otros elementos que arrojarán luz sobre su preciso significado.

De manera que sí es fácil confirmar que los años que la Biblia cita son literalmente de 365 días. Y el relato de Génesis sobre Adán y Eva no es simbólico sino literal, según los principios de hermenéutica correctamente aplicados. Las parábolas de Cristo son historias utilizadas por Jesús para comunicar a sus oyentes una verdad espiritual. Y cuando digo una, es porque las parábolas comunican una sola verdad espiritual, por eso se llaman parábolas. 

Es inútil revolver las cosas para encontrar diferencias entre la fe y la verdadera ciencia, pues no las hay. Sin embargo, la teoría de la evolución no es verdadera ciencia comprobada ni comprobable, sino simplemente una hipótesis imposible de probar científicamente, pues la esencia misma del método científico se basa en la observación y la experimentación, por lo que es imposible observar el origen del universo y realizar experimentos al respecto. ¿En qué hechos está basada la evolución? En convicción religiosa tal vez, más no en hechos científicos, pues es necesario tener muchísima más fe para creer en la teoría de la evolución que en la declaración bíblica de que Dios creo el universo y todo lo que existe en seis días literales. Si creemos que Dios es Dios, ¿por qué pensamos que hay algo imposible para Él? De manera que la teoría de la evolución, enseñada como verdad indiscutible, es totalmente contraria a lo que claramente enseña la Biblia. Sus diferencias son irreconciliables, pues la evolución es una religión atea que entroniza al hombre como dios y lo convierte en la medida de todas las cosas. No obstante la Biblia afirma que “los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos”, y enseña que el hombre, a pesar de ser la corona de la creación, no es la medida de nada.  El ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, característica fundamental que no comparte con ninguna otra criatura en la tierra.

A continuación cito al biólogo británico L. Harrison Matthews, en el prefacio de El Origen de las Especies de Darwin, edición de 1971:

“La evolución es la columna fundamental de la biología; por esa razón la biología está en la particular posición de ser una ciencia fundamentada en una teoría no probada- ¿es entonces ciencia o fe? En este sentido, creer en la teoría de la evolución es exactamente paralelo a creer en la creación- ambos son conceptos cuyos seguidores saben que son verdad, pero ninguno, hasta el momento, ha podido ser probado”.

La teoría de la evolución, después de 37 años de haberse escrito lo anterior, sigue sin ser probada. Por lo tanto, la evolución sólo puede ser clasificada como creencia, como filosofía subjetiva de orígenes, y como la verdadera religión de muchos científicos (entronizada en el actual sistema de enseñanza pública o gubernamental en EE.UU., cada día más parecido al de los socialistas y comunistas del mundo), pero jamás como hecho comprobado. De manera que dejemos de tratar de reconciliarla con la Biblia, pues dos enseñanzas tan diametralmente opuestas no pueden ser reconciliadas jamás.

Guido F. Castellanos

 Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor