El ferrocarril y la locomotora de vapor en Cuba

septiembre 1, 2009

 

 1530 Baldwin 1925 Low

Locomotora Baldwin 1530, configuración 2-6-0, fabricada en 1925 en Estados Unidos. Central José Smith Comas, antiguo Central Progreso, cerca de Cárdenas, Matanzas. Foto cortesía de Rob Dickinson. Todos los derechos reservados.

 

El ferrocarril cubano: el primero en Latinoamérica

El ferrocarril llegó a Cuba diez años antes que a España. La primera línea, entre La Habana y Bejucal, se inauguró en 1837. El ferrocarril cubano, el primero en Latinoamérica, fue también el primero del mundo consagrado al transporte de azúcar y melaza. La vía férrea llegaba hasta los mismos puertos de embarque. La máquina de vapor fue inventada por el inglés James Watts en 1775. Sin embargo, la locomotora de vapor se mantuvo en una etapa experimental hasta septiembre de 1825, en que se construyó la primera línea de ferrocarril, entre Stockton y Darlington, en Durham. Una de las locomotoras fabricadas por un inglés, George Stephenson, participó en una competencia realizada en 1829, organizada por la compañía ferroviaria Liverpool-Manchester. La locomotora de Stephenson, llamada “Rocket”, ganó la competencia y alcanzó una velocidad máxima de casi cincuenta kilómetros por hora.

Las primeras locomotoras de vapor en Cuba

Las primeras locomotoras de vapor que llegaron a Cuba provenían de Inglaterra. Fueron cuatro locomotoras Braithwaite, parecidas al modelo “Rocket” de Stephenson. El primer ferrocarril cubano fue inaugurado el 19 de noviembre de 1837, y el primer tren oficial partió hacia Bejucal a las ocho de la mañana del mismo día, convirtiendo a Cuba en el séptimo país del mundo en tener ferrocarril. Los pasajeros pagaban dos pesos y cuatro reales por el viaje entre La Habana y Bejucal en primera clase, un peso y dos reales en segunda clase, y cinco reales en tercera clase. El ferrocarril en Matanzas llegó primero a Cárdenas, donde la sección inicial, entre Cárdenas y Contreras, se inauguró el 25 de mayo de 1840, y el resto de la vía férrea, hasta Bembas, se completó en diciembre del mismo año.

Predominio de las locomotoras estadounidenses

Las locomotoras estadounidenses comenzaron a llegar a Cuba en 1838, enviadas por Baldwin, fabricante que con su primer pedido del extranjero se inicia en el mercado de exportación. Las máquinas de vapor estadounidenses, fabricadas por Baldwin Locomotive Works, ALCO, Vulcan Iron Works, Davenport y Rogers, como las que funcionaban en el Central Limones en mi pueblo natal  (Limonar, Matanzas) hasta su desmantelamiento en la década del 90,  predominaron en la industria azucarera  durante el siglo veinte. Un reducido número de locomotoras provenía de países europeos, marcas Henschel, Borsig y Orenstein & Koppel (O&K). La gran mayoría de las locomotoras han sido de configuraciones de 2-6-0 (2 ruedas guías delanteras y 6 ruedas motrices), 4-6-0 y 2-8-0, además de dos enormes 2-8-2. Las locomotoras fueron reenumeradas en la década del 70, partiendo de su fuerza nominal de tracción. Así se reenumeraron desde las más pequeñas (1100) hasta las de mayor tamaño y potencia (1900). La mayoría de los centrales son (o eran) de carrilera estándar (4’ 8-1/2”). No obstante, había centrales de carrilera estrecha, entre las que predominaba la de 2 pies 6 pulgadas de ancho. Algunas líneas eran de 3 pies de ancho  y otras, más estrechas, de 2 pies 3-3/4 pulgadas.

La fabricación de locomotoras de vapor concluyó a principios de la década del cincuenta, cuando las empresas ferroviarias estadounidenses dejaron de comprar locomotoras de vapor, reemplazándolas con locomotoras diesel-eléctricas. La línea que se inauguró en 1843 entre Regla y Guanabacoa fue una de las primeras de su clase, y 57 años más tarde (1900) se convirtió en el primer ferrocarril eléctrico de Cuba.

Destrucción de la industria azucarera y fin de la era del vapor en Cuba

En la década del sesenta dejaron de funcionar comercialmente las últimas locomotoras de vapor en Estados Unidos. Sin embargo, los 161 centrales azucareros en Cuba continuaron dependiendo del vapor para mover su maquinaria y para el transporte de la caña, hasta la eventual destrucción de la industria azucarera por el gobierno comunista imperante en la isla. En la actualidad, funcionan muy pocas fábricas de azúcar en toda Cuba. Existen más de quinientas locomotoras de vapor en la isla, de las cuales sólo unas pocas se mantienen en funcionamiento. Numerosas de las mismas se conservan en museos en La Habana y en algunos centrales clausurados, convertidos en museos. Varias locomotoras de vapor han sido restauradas y funcionan en la industria del turismo.

Guido F. Castellanos

Para mayor información, comprar mi libro titulado Mi patria de papel

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.


Concerning Socialized Healthcare in America

agosto 21, 2009

Obama Joker 

I was born and raised in Cuba, a country that, like all communist countries, had and still has government controlled healthcare. Many today still believe in the myth of the achievements of the Cuban Revolution, including the so called “free” healthcare. When government took over the Healthcare System, everything started to fall apart. Doctors and nurses started to leave the country (there’s very little incentive to study and practice medicine, when a taxi driver makes as much or more than a doctor. As a matter of fact, many doctors became full time or part time taxi drivers, that is why in Cuba we have the best educated taxi drivers in the world!), the quality of healthcare went on a steep downward spiral and for the past three decades Cubans in the island don’t even have access to the most basic over the counter medications, like an aspirin or an antihistamine, except for the ones that relatives and friends send them from America.

When a country has a single-payer system, like Canada, that nation has subscribed to the least effective way to achieve universal health insurance coverage. It’s a myth that Canadians enjoy universal healthcare coverage while receiving the same quality and quantity of medical goods and services as Americans today. Americans spend more on healthcare than Canadians do; however, they get faster access to more and better medical resources. Brett Skinner, in the Journal of the American Enterprise Institute, says: “Healthcare appears to cost less in Canada than in the United States partly because Canadian government health insurance does not cover many advanced medical treatments and technologies that are commonly available to Americans. If Canadians had access to the same quality and quantity of healthcare resources that Americans enjoy, Canada’s government health insurance monopoly would cost much more than it currently does.” Mr. Skinner ads: Our recent study comparing healthcare in the United States and Canada shows that the public-private U.S. system outperforms the Canadian system on almost all the key indicators of available healthcare resources. The United States even performs nearly as well as Canada in terms of providing “effective” health insurance coverage for its population.”

Our healthcare system is flawed, like any other human system, but the Canadian model of socialized medicine is far worse. Emulating an unsuccessful healthcare system is not only foolish but perilous. What we are witnessing today in America is a president and an administration with an agenda they want to push through no matter what the people have to say, even if the majority is against it. Townhall meetings all over America and all the latest polls reveal a general frustration and discontent on the part of the people because of the fact that many politicians (mostly ultra liberal democrats) don´t want to hear and don´t care about what voters have to say about healthcare. What I see today is not debate that involves, as someone told me,  “the exchange of honest information grounded in fact, in knowledge, in education, in research, in search of the greater good” on the part of the politicians. I see rude, patronizing and condescending political ideologues looking down and putting down honest voters just because they disagree with them vehemently on this issue.

Socialized healthcare, and for that matter “socialized anything”, is never the right answer to any problem facing a nation, particularly the United States of America. Socialism is an ideology and a pretty destructive one at that. I should know. I not only experienced it first hand for many years, but have also studied the subject thoroughly during the past four decades. And the fact that some form of it may be working in certain small European countries, with populations of only a few millions, doesn’t mean that we should follow suit. Our country is too large (not only in square miles but also in population), too rich, too diverse and too complex for our government to start experimenting with simplistic and failed formulas at this stage of the game. We didn’t become the greatest country on the face of the Earth by emulating failed regimes and implementing destructive ideologies. Government tentacles are already too long and intrusive in our lives in America. Mostly because of that, our economy is not the freest in the world (According to the Index of Economic Freedom of the Heritage Foundation/Wall Street Journal). The formula is simple and it works: the smaller the government and the less control it has the better for the people and for the country as a whole, and the freer we are. We already have too much control and intrusion from the government and it has only been detrimental to the wellbeing of our nation and to personal freedom. For example, if parents who value freedom and parental authority over their offspring, want to find out how free they are to make decisions concerning the education of their children, let them go to the public school and tell the administration that their children will no longer be coming to school. They will soon receive an unpleasant surprise from school authorities, and find out the hard way how deep the tentacles of the U.S. government penetrate into the citizen’s private life, gradually leaving less room for decisions that should be made only by parents, not government bureaucrats. I want the government controlling less, not more of the decisions concerning healthcare in my life. Always keep in mind that government is a terrible servant and a fearful master.

Concerning socialism, Winston Churchill said it best: “Socialism is a philosophy of failure, the creed of ignorance, and the gospel of envy, its inherent virtue is the equal sharing of misery.”  

 Guido F. Castellanos

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Los osos polares en peligro de extinción y otras mentiras

marzo 12, 2009

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¿Han visto los comerciales del Fondo Mundial para la Naturaleza sobre la trágica suerte de los osos polares debido a la destrucción de su hábitat por los efectos del calentamiento global producido por el hombre? Bien hechos, conmovedores, efectivos, ¿no es cierto?, sobre todo para recaudar fondos. Pero se trata de una mentira garrafal, de un fraude publicitario (Ver video: Polar Bears WWF).

 

El Fondo Mundial para la Naturaleza es la organización conservacionista más grande del mundo y posiblemente la que dispone de más fondos. Estos comerciales, narrados por diferentes actores conocidos de Hollywood (Sharon Lawrence, Noah Wiley), son una eficaz herramienta para la propagación de su perniciosa ideología ambientalista y para la recaudación de fondos millonarios anualmente.

 

Contrario a lo que afirma el Fondo Mundial para la Naturaleza, que los osos polares están en peligro de extinción, sus poblaciones han aumentado considerablemente. Las estadísticas revelan que el número de osos polares en el mundo es de cuatro a cinco veces mayor de lo que era hace 50 años: de 5.000 ha ascendido a una cifra de cerca de 25.000. De hecho, los habitantes de estas zonas se han visto obligados a cazar osos polares para mantener controlado su crecimiento numérico. El Dr. Michell Taylor, biólogo canadiense, uno de los principales expertos del mundo sobre osos polares, afirma: “Hemos presenciado un aumento sin precedentes en la población de osos polares, y en los lugares donde ha habido una disminución ha sido por la caza, no debido al cambio climático”. El Dr. Taylor explica que “de 13 poblaciones de osos polares, 11 son estables y continúan creciendo” (U.S. Senate Committee on Environment and Public Works). En Canadá habitan dos terceras partes de los osos polares del mundo.

 

¿Por qué es tan importante sacar a la luz estas mentiras del Fondo Mundial para la Naturaleza? Porque el principal objetivo—aparte de la recaudación de fondos para su organización, lo cual es prácticamente imposible sin el alarmismo de su publicidad con el respaldo de la prensa liberal mundial— es detener la campaña de perforación para la extracción de hidrocarburos en Estados Unidos y maniatar a la potencia más grande del mundo con tratados absurdos y perjudiciales como el de Kioto, para combatir el cambio climático. Es decir, que el objetivo final es que los ideólogos ambientalistas controlen la economía estadounidense mediante el control de la producción de energía.
 

La verdad siempre sale a la luz, porque nunca faltan los valientes que salen a defenderla, sin importar lo que les toque afrontar en su defensa. En el presente estas verdades se están dando a conocer con asombrosa rapidez y claridad. El Fondo Mundial para la Naturaleza ha logrado incluir a los osos polares en la lista de especies amenazadas por la extinción (ESA), todo a base de mentiras y propaganda. El calentamiento global provocado por el hombre es un mito. Los osos polares no son una especie amenazada y mucho menos en peligro de extinción. La perforación para la extracción de hidrocarburos no constituye un peligro para el medio ambiente. No obstante lo dicho, el Fondo Mundial para la Naturaleza continúa propagando estas mentiras a lo descarado e infundiendo temor a la población con su irresponsable alarmismo, respaldados por la prensa liberal que les hace el juego en todo el mundo.

 

Es lamentable que la gente se deje engañar por la propaganda de una organización que para promover su agenda y recaudar fondos se vale continuamente de la mentira. ¿Hasta cuando vamos a observar pasivamente la militancia impune de estos ideólogos ambientalistas que dan prioridad a cualquier cosa, incluso a un oso polar, antes que al ser humano y persiguen el control y la destrucción de la economía de la nación más libre y próspera del planeta? ¿Cuánto más vamos a esperar para denunciar sus garrafales mentiras hasta que toda esta descarada e insidiosa propaganda ideológica sea conocida por todos, proscrita y llamada por su verdadero nombre: fraude?
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Guido F. Castellanos
  

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Libertad económica = prosperidad

febrero 28, 2008

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El exitoso experimento estadounidense demuestra la estrecha relación que existe entre la libertad económica y la prosperidad. Si en lugar de los gobiernos, los ciudadanos de una nación pueden controlar la economía y el curso de sus vidas, no cabe duda de que no hay límite en cuanto a lo que pueden lograr. No obstante, si a un pueblo se le restringe con planificación centralizada, excesivas regulaciones, e impuestos elevados, se destruye su iniciativa y se arruina la economía.  

El Índice de libertad económica 2008, publicado hace poco por The Heritage Foundation y The Wall Street Journal, pone muy en claro lo antes dicho. Este estudio demuestra inequívocamente la estrecha relación que existe entre la libertad y la prosperidad. En términos sencillos, mientras más libre es un pueblo, mayor es su crecimiento económico, y mayor es el beneficio para todos.

Por ejemplo, las economías mundiales más restringidas, reprimidas o “mayormente sin libertad”, tienen ingresos económicos promedio de cerca de $4.000.00 por persona anualmente. En economías “moderadamente libres”, los ingresos se elevan al triple: $12.830. Si una economía es “mayormente libre”, la cifra anterior se duplica: $26.630.00. Y en las economías “libres” asciende a $33.579.00, es decir, más de ocho veces lo que gana una persona promedio en un país donde no hay libertad económica. Mientras más libertad económica, menor tasa de desempleo.

De los 157 países estudiados (sección de Impacto de libertad económica del Índice), la economía cubana es la 156, superada en falta de libertad sólo por la de Corea del Norte. Nada extraño, ¿no es cierto? Para sorpresa de muchos, EE.UU. no es la economía más libre del mundo, pues ocupa el quinto lugar. Las economías más libres del mundo son: Hong Kong, Singapur, Irlanda y Australia, seguidas de EE.UU., Nueva Zelanda y Canadá.

¿Qué significa economía “libre”? Según los expertos, una economía auténticamente libre tiene seis aspectos fundamentales: 1) Bajos impuestos e inflación; 2) El gobierno no gasta mucho y no controla la banca; 3) Protección de derechos de propiedad; 4) Facilidad para establecer un negocio; 5) Los juzgados-libres de casi toda corrupción- hacen cumplir los contratos; 6) Bajas tarifas, mínimas regulaciones e inversiones extranjeras son bienvenidas.

Sólo 7 países recibieron calificación de “libres” por parte de los editores del informe (los que mencionamos arriba). La mayoría de las economías del mundo caen en las categorías de “moderadamente libres” (51 países) o “mayormente sin libertad” (52 países). El resto de las economías son catalogadas como “mayormente libres” (23 países) y “reprimidas” (24 países. Cuba es una de éstas). Todo lo anterior significa que la mayor parte del mundo no es muy libre que digamos, en lo que a economía se refiere.

La estrecha relación entre la libertad y la prosperidad económica, por supuesto, no es nada nuevo. Este índice recién publicado por The Heritage Foundation, no hace otra cosa que probar una antigua verdad. Los editores del informe de 2008 afirman: “Teorías económicas tan antiguas como la de Adam Smith, titulada Las riquezas de las naciones y publicada en 1776, hacen hincapié en el hecho de que las instituciones básicas que protegen la libertad individual para desarrollar sus propios intereses económicos, producen la mayor prosperidad para la sociedad en general”.

No obstante, la economía es mucho más que ganancias económicas. Cuando el ser humano es verdaderamente libre, logra muchísimo más en todo aspecto de la vida.

El citado estudio lo demuestra inequívocamente: la fórmula para una Cuba esclavizada por el comunismo durante medio siglo no puede ser otra que una auténtica democracia: libertad política, religiosa, económica y social, las cuales conducirán a la prosperidad en todo aspecto de la vida.

 Índice de libertad económica 2008


Calentamiento global:¿mito o realidad?

enero 9, 2008

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Es necesario que salga a la luz pública la verdad tocante al calentamiento global, supuestamente provocado por el hombre, porque la mayoría de los medios noticiosos del mundo se han unido a la campaña de alarmismo y desinformación llevada a cabo por los ideólogos ambientalistas modernos. El asunto no es si el planeta tierra pasa por cambios climáticos en el presente, sino si estos cambios son provocados por la actividad humana. El cambio climático no es un invento: a través de los siglos ha sido la norma para el globo terráqueo y no la excepción. Lo que sí es un mito es que el ser humano sea el principal causante del calentamiento global. Los expertos en el asunto nos aseguran que el clima del planeta Tierra jamás ha sido estable, aun en épocas en que no existían emisiones de dióxido de carbono (CO2) por la combustión de hidrocarburos. Los ideólogos ambientalistas, no obstante, aseguran que los seres humanos somos en gran parte responsables del supuesto recalentamiento actual de nuestro planeta.

 El actual movimiento ambientalista es una ideología política extremista que sigue adquiriendo auge, y ha llegado a convertirse en una religión para muchos en el mundo. Uno de los principales líderes y exponentes en la nueva ecoteología de la religión ambientalista, con el calentamiento global producido por el hombre como doctrinal cardinal, es el ex vicepresidente de EE.UU., y actualmente convertido en ecoprofeta, Al Gore, quien en octubre de 2007 fuera galardonado con el Premio Nobel de la Paz, compartido con el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU. (Aún no he encontrado quién me explique qué relación puede existir entre la paz mundial y el alarmismo de Al Gore tocante al calentamiento global.)

En un informe del Senado de EE.UU., publicado el pasado 20 de diciembre, más de 400 científicos prestigiosos de varios países expresaron objeciones categóricas a importantes aspectos del llamado “consenso” sobre el calentamiento global provocado por el hombre. Los científicos, muchos actuales y otros antiguos integrantes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC por sus siglas en inglés), criticaron las aseveraciones sobre el clima global pronunciadas por el ex vicepresidente Al Gore y el IPCC. De manera que no existe tal “consenso”, ni ha existido nunca, como los ideólogos ambientalistas y la prensa liberal que les hace el juego quieren hacernos creer.         

El malo de la película

 Como era de esperarse, los ideólogos ambientalistas consideran que EE.UU. es “el malo de esta película”, porque esta gran nación produce una enorme cantidad de CO2 anualmente y además se ha negado a suscribirse al Tratado de Kioto. Es cierto que EE.UU. produce grandes cantidades de CO2. No obstante, con esas emisiones de CO2 EE.UU. produce más del 30 por ciento de las cosas que el resto del mundo desea, y otros artículos que el mundo necesita y que en muchos casos nadie más puede producir, por ejemplo: alimentos, adelantos médicos, tecnologías de toda índole, y capacidades para la defensa de la libertad a nivel mundial.

No es un secreto, sin embargo, que los países socialistas causaron las mayores catástrofes ambientales del siglo XX. Los comunistas soviéticos, durante las décadas de los 50, 60 y 70, fueron probablemente los peores villanos de la historia.

Paul Driessen, geólogo y ecólogo, autor del libro titulado  Eco-Imperialism: Green Power – Black Death,(Ecoimperialismo: poder verde-muerte negra) en un artículo publicado recientemente, titulado Climate Change Rallies, Realities, and Sacrifices (Cambio climático, concentraciones, realidades y sacrificios), afirma lo siguiente:Los hidrocarburos en la actualidad proporcionan el 85 por ciento de la energía utilizada en EEUU. La reducción sólo del 25 por ciento de las emisiones significaría una disminución considerable de la utilización de estos combustibles, tener que pagar mucho más para el control y la captura las emisiones, alterar radicalmente los estilos de vida de los ciudadanos y por ende disminuir considerablemente sus estándares de vida. Las familias se verían obligadas al racionamiento, puesto en vigor por la Agencia de Protección Ambiental, los juzgados, la policía ambiental y los chivatos patrióticos. Una reducción que supere el 25 por ciento exigiría una “transformación radical” de la vida como la conocemos en la actualidad”. ¿Sacrificará EE.UU. siquiera un poco de su soberanía y cometerá suicidio económico para cumplir con un tratado internacional, sea Kioto o cualquier otro convenio que pueda surgir en el futuro, formulado mayormente por burócratas no electos, para obtener en el mejor de los casos resultados casi imperceptibles, basados en teorías dudosas que no harán otra cosa que perjudicar la economía del país y por ende la del mundo entero? Lo dudamos.

 

Dióxido de carbono (CO2): un gas esencial, no un contaminante

En lo que al calentamiento global y el CO2 se refiere, es necesario aclarar que el CO2, como gas de invernadero, representa sólo el 0,037 por ciento de la atmósfera, y los gases de invernadero en total ascienden a cerca del 3 por ciento de la atmósfera. El vapor de agua es el gas de invernadero más abundante en la atmósfera, no el CO2. Ciertamente los niveles de CO2 en la atmósfera han cambiado por diversas razones. Hay estudios que señalan que a lo largo de los siglos, los niveles de CO2 han ascendido o descendido según lo han hecho las temperaturas, no viceversa. El CO2 no es un contaminante, como los ideólogos ambientalistas quieren hacerle creer al mundo y como algunos países lamentablemente ya lo clasifican, sino un gas, como lo es el nitrógeno. El nitrógeno constituye el 80 por ciento de la atmósfera, sin embargo no podríamos vivir con una atmósfera que fuera el 100 por ciento de nitrógeno. El C02 es de hecho esencial para la vida de nuestro planeta. El reino vegetal no podría subsistir sin el CO2, y el aumento de este gas en la atmósfera estimula el desarrollo de las plantas, las cuales a su vez producen mayor cantidad de oxígeno. “Si el reino vegetal (y los animales herbívoros) pudieran votar para premiar a alguien, los productores de CO2 sin duda alguna se llevarían el galardón”, afirma John Christy en Global Warming and Other Eco-Myths (El calentamiento global y otros mitos ecológicos), Editado por Ronald Baily. De manera que, hasta la fecha, no existen pruebas científicas concluyentes de que el CO2 producido por el hombre contribuya de forma significativa al recalentamiento global. 

 La prensa liberal y sensacionalista les hace el juego

 Los ideólogos ambientalistas, respaldados por la prensa liberal y sensacionalista que siempre les hace el juego, adicta a la paralizante e hipócrita corrección política y al alarmismo en la perenne búsqueda de ratings, no cesan de predicar sus infundadas doctrinas, debido a que el alarmismo hace noticias, y consigue subsidios y donaciones millonarias, para realizar estudios sobre el recalentamiento global. De este cuento viven miles de personas, pues los científicos que se benefician de estos subsidios no van en modo alguno a contradecir el paradigma u opinión prevaleciente de la ideología ambientalista, pues se quedarían sin subsidios y por ende sin sustento de vida. ¿Cuántos científicos de estos en busca de subsidios se atreverían a redactar una propuesta en la que afirmen que el calentamiento global es una exageración y que no necesitan el dinero, sobre todo cuando están compitiendo con otros científicos para obtener “un pedazo del pastel”? Sin duda, el cambio climático se ha convertido en un gran negocio. Sin embargo, ya se sabe con casi total certeza cuánto va a cambiar el clima durante el próximo siglo, y será bastante poco. Pero pronunciar algo así no es noticia sensacionalista de primera plana, ni consigue subsidios millonarios. Sin embargo, las continuas décadas de prosperidad, no sólo en EE.UU. sino en gran parte del mundo, no concuerdan con las predicciones ominosas de los fanáticos de la ideología ambientalista. Los ecoprofetas alarmistas de la ideología ambientalista moderna siempre predican destrucción para la humanidad. La historia del hombre, no obstante, ha echado por tierra todas estas predicciones cataclísmicas.  (Ver mi artículo titulado Los falsos profetas de la ideología ambientalista.)
 
Además, los ideólogos ambientalistas no tienen alternativas en cuanto a substitutos para los hidrocarburos, pues los molinos de viento, por ejemplo, no son substitutos viables, porque son muy costosos, ocupan mucho espacio y generar muy poca electricidad, y sólo cuando el viento sopla. La mayor parte de la energía eléctrica en los Estados Unidos viene del carbón extraído de minas. Una opción seria, por ejemplo, son las plantas nucleares. Francia produce el 75 por ciento de su electricidad con plantas nucleares. Pero aquí, en EE.UU., los ambientalistas recalcitrantes se oponen a la fabricación de plantas nucleares seguras, que substituirían a las que queman carbón y petróleo. La energía solar, hasta la fecha, tampoco es un substituto viable, pues no se ha podido utilizar de forma que pueda reemplazar la energía eléctrica producida por las plantas eléctricas modernas que queman carbón, petróleo o gas natural.

 

La adaptación es la respuesta sensata a cualquier cambio climático, particularmente si se trata de un aumento insignificante de temperatura durante un período de cien años. Pero los ideólogos ambientalistas no contemplan la adaptación ni siquiera como una opción, pues la misma pondría fin a su modus vivendi y a la posibilidad de ejercer control político en el mundo.   

Aquellos que repiten como loros esta falsa doctrina de la ideología ambientalista, a saber, que el calentamiento global es principalmente provocado por el ser humano, hacen bien en estudiar concienzudamente este asunto, pues las evidencias y los mejores estudios señalan hacia una fuente distinta del ser humano como causa principal del calentamiento global. En definitivas, echarle la culpa al hombre del cambio climático es tan absurdo como tratar de tapar el sol con un dedo. Pero mientras lo absurdo continúe generando subsidios millonarios y ratings, y además aproxime cada día más a los ideólogos del movimiento ambientalista a un mayor control político de las naciones (principalmente de EE.UU.), mediante la implementación de leyes climáticas draconianas con el pretexto de “salvar al mundo” del desastre ecológico, con la complicidad de la burocrática, antiestadounidense, e inservible ONU y su Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, que no nos quepa la menor duda de que vamos a tener cantaleta propagandística a diestra y siniestra por un largo rato.    

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor

Alhambra Publishing Group se complace en anunciar la publicación del libro titulado Mi patria de papel, obra del escritor cubano Guido Félix Castellanos.


Los falsos profetas de la ideología ambientalista

noviembre 26, 2007

 

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El ex vicepresidente estadounidense, Al Gore, ganó un Óscar por su documental titulado Una verdad incómoda, y hace poco fue galardonado con el Premio Nóbel de la Paz 2007, compartido con el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU. Según el comité de premiación se “les entregó el galardón en reconocimiento a las acciones que han realizado para fomentar y difundir el conocimiento sobre la incidencia de las actividades humanas en el cambio climático, gestiones que han colocado las bases para enfrentarlo”. No pocos de sus seguidores lo consideran como un profeta    moderno, por su campaña contra el llamado calentamiento global provocado por el hombre y sus predicciones sobre las consecuencias catastróficas del mismo si no se detiene a tiempo.

No obstante, nos preguntamos si no estamos realmente frente a otro falso profeta más, ante un alarmista político, cuyas predicciones cataclísmicas jamás se cumplirán, como no se cumplieron las de sus antecesores del movimiento ambientalista moderno.

El ambientalismo práctico, basado en la realidad, es aquel que casi toda persona sensata aprueba y apoya, a saber: la administración sabia de los recursos naturales, la disminución de la contaminación del aire y las aguas, la protección de bosques y selvas y la conservación del reino animal. El ambientalismo político, no obstante, es una ideología supuestamente basada en la ciencia, con una agenda abarcante concebida para transformar radicalmente la forma en que vivimos.

Fantásticas predicciones que nunca se cumplieron

En el caso de la ideología política ambientalista, como ocurre con todas las ideologías políticas, las predicciones de sus ecoprofetas e ideólogos tocantes al futuro de nuestro planeta y de la humanidad, nunca se han hecho realidad. Los fundadores del movimiento ambientalista lanzaron a diestro y siniestro predicciones que nunca se cumplieron. Los tres libros “canónicos” que impulsaron el establecimiento del movimiento ambientalista moderno son: Silent Spring (La primavera silenciosa), escrito por Rachel Carson en 1962, The Population Bomb (La bomba demográfica), escrito en 1968 por Paul R. Ehrlich, biólogo de la Universidad de Stanford, y The Limits to Growth (Los límites del crecimiento), un informe encargado al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) para el Club de Roma, cuya primera edición vio la luz en 1972.

Rachel Carson predijo, con una falta absoluta de fundamentos científicos, que los productos químicos sintéticos modernos, en particular los pesticidas, causarían epidemias y cáncer, y que destruirían enormes cantidades de animales. Este libro constituyó el primer peldaño de una campaña a gran escala concentrada en la prohibición del DDT. Sus fantásticas predicciones, sin embargo, nunca se cumplieron. Ocurrió todo lo contrario, pues la prohibición y no el uso del pesticida DDT, impulsada por la falsa ciencia y la nociva ideología del mencionado libro de Rachel Carson, ha tenido consecuencias catastróficas en muchos países, a pesar de que no existe ningún estudio científico que demuestre concluyentemente que el DDT es perjudicial para el ser humano, y que la propia EPA (Agencia de Protección del Ambiente) en los EE.UU. expresara textualmente que “El DDT no es cancerígeno, mutagénico o teratogénico para el ser humano, y estos usos del DDT no tienen efectos deletéreos sobre peces, pájaros, vida silvestre u organismos estuarianos”.

Después de la introducción del DDT en Sri Lanka, los casos de malaria, de tres millones en 1946, descendieron a sólo 29 en 1964. Ese mismo año se prohibió el uso del DDT en Sri Lanka, y en un corto período de 5 años, los casos de malaria ascendieron hasta medio millón. Y este es sólo uno de los numerosos y lamentables ejemplos de las perniciosas doctrinas de los ideólogos ambientalistas llevadas a la práctica.

En el folleto The Population Bomb, donde entre otras cosas se pone de manifiesto la política antinatalista del autor, Paul Ehrlich predijo que “la batalla para alimentar a la humanidad ha terminado. En los años 70 el mundo padecerá hambres: cientos de millones de personas morirán de hambre, no importa cuantos programas para evitarlo se pongan en marcha en el presente”. Sus predicciones simplistas jamás se hicieron realidad. Y siempre se equivocarán, porque estos ideólogos ambientalistas y ecoprofetas modernos, con creencias maltusianas, invariablemente han subestimado la capacidad innovadora del ser humano y su habilidad para adaptarse a las circunstancias.

El informe titulado The Limits to Growth, incluía la doctrina del agotamiento inminente de los recursos naturales a la luz de la creciente población mundial y el aumento de la contaminación ambiental. Los vaticinios de este informe tampoco se han cumplido, a pesar de que se han realizado dos revisiones del texto original, la última de las cuales se publicó en 2004.  La actual superabundancia de recursos naturales es prueba de que el recurso más valioso con que cuenta la humanidad es el intelecto, pues gracias al ingenio del hombre, siempre se descubren nuevos recursos. Por ejemplo, gracias a la tecnología satelital, a la Internet y a los cables de fibra óptica, utilizados hoy para la transmisión de información, cada día se hace menos necesario el uso de cables de cobre.

El alarmismo de Pollito Pito

La ideología ambientalista, como toda ideología, consta de dos partes: el diagnóstico y el remedio. El diagnóstico en base a los problemas que encara la humanidad es que las sociedades modernas están destruyendo el planeta Tierra y poniendo en peligro a la humanidad. El remedio que los ambientalistas proponen, como mencionamos con anterioridad, es una serie de políticas abarcantes que cambiarían radicalmente la forma de vida del ser humano. “Es necesario que convirtamos el rescate del medio ambiente en el principio organizador central de la civilización”, declara Al Gore en su libro titulado Earth in the Balance (La tierra en la balanza).

Sin embargo, el alarmismo de este Pollito Pito moderno, cuya proverbial “ciruela” es la creciente concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, emitido por la combustión de hidrocarburos, cada día tiene menos apoyo científico, pues cada vez más los estudios científicos serios, y por tanto imparciales, apuntan hacia una causa del actual calentamiento  global ajena al ser humano. No obstante, el mensaje político del ambientalismo moderno sigue siendo: “Hagan lo que decimos o el cielo se va a caer y el mundo se va a acabar”

De lo que abunda en el corazón habla la boca

Los ambientalistas, no obstante lo dicho, son dogmáticos en la creencia de los pronunciamientos extremistas propagados por los ecoprofetas y seudo intelectuales del movimiento, a pesar de que estos pronunciamientos jamás se han hecho realidad. Los fieles de la religión ambientalista aceptan las enseñanzas de        sus sumos sacerdotes y profetas, sin importar lo hiperbólicas y antihumanas que puedan ser las mismas. A continuación citamos varias de las declaraciones descabelladas de los ambientalistas:

 1.  “Los seres humanos, como especie, no tienen más valor que las babosas”, afirma John Davis, editor de la revista Earth First!.

 2.  “Alimentar a un niño que está muriendo de hambre es agravar el problema demográfico mundial”, declara Lamont Cole, profesor de la Universidad de Yale.

 3.  “La única esperanza para el mundo es cerciorarse de que no existan otros Estados Unidos de América”, dice Michael Oppenheimer, jefe científico de la Fundación para la Defensa Ambiental. “No podemos permitir que otros países lleguen a tener la misma cantidad de automóviles y la industrialización de EE.UU. Tenemos que detener el crecimiento de estos países tercermundistas”, agrega Oppenheimer.

 4. Stephen Schneider, colega de Paul Ehrlich en la Universidad de Stanford, es otro lamentable ejemplo de cómo el movimiento ambientalista siempre está dispuesto a traicionar la ciencia verdadera en favor de su causa: “Es necesario presentar escenarios aterradores, hacer afirmaciones simplificadas y dramáticas, y mencionar lo menos posible cualquier duda que podamos tener”. Para ellos, la promoción de la mentira es un medio justificado, mientras que tales mentiras promuevan las causas que ellos consideran correctas.

En la actualidad, las profecías falsas y el alarmismo giran en torno al cambio climático. El tiempo será el juez final, y sospechamos que los alarmistas del movimiento ambientalista actual, como el ecoprofeta Al Gore, que proponen las doctrinas falsas del calentamiento global provocado por el hombre, como ha ocurrido con los falsos profetas que lo han precedido, se equivocarán en sus infundadas predicciones y las supuestas consecuencias desastrosas de hacer caso omiso a las mismas. A fin de cuentas, si hay una verdad que invariablemente la misma historia de este movimiento político nos ha enseñado, es que sus falsos profetas nunca han tenido la razón.

 Guido F. Castellanos

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Alhambra Publishing Group se complace en anunciar la publicación del libro titulado Mi patria de papel, obra del escritor cubano Guido Félix Castellanos.

 

 


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