Give Peace a Chance? What about Truth?

mayo 8, 2009

JohnLennon

Give Peace a Chance? What about Truth?

Desde mis once años, cuando escuché por primera vez una canción de Los Beatles, titulada Twist and Shout, cantada por John Lennon, he sido fiel entusiasta del famoso cuarteto de Liverpool. A lo largo de los años he tenido toda su música. Pero hablemos de John Lennon, en particular de su filosofía, de su cosmovisión, expresada a través de su música. Por lo general le prestamos poca atención a la letra de las canciones. Nos agrada la melodía, la aprendemos, y la cantamos a menudo sin pensar en su mensaje. Porque la música se siente, no se piensa. La popularísima canción Imagine de John Lennon, quizá su tema más popular, lanzada al mercado en 1971, es un clásico ejemplo. Examinémosla brevemente:

Imagine there’s no heaven
It’s easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people
Living for today…

Esta canción bien puede ser el himno de los ateos y también de los comunistas: sin cielo y sin infierno, “viviendo sólo para hoy”, para el presente, porque, en definitivas, si Dios no existe, el ser humano no tiene futuro y mucho menos un destino eterno, con Dios o sin Él. Con la muerte acaba todo y viene la nada, la inconsciencia. Cierra los ojos, imagínatelo, desecha la realidad y la verdad, frota la lámpara y tu genio te lo concederá. Así de fácil será, como coser y cantar.

Imagine there’s no countries
It isn’t hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace

Ni países, nada que defender ni causas nobles por las que podamos estar dispuestos incluso a dar la vida. Sin religiones. ¿Si pudiera lograrse, la eliminación de fronteras acabaría con el crimen, la guerra, la injustica y el hambre? Wishful thinking! Pura retórica humanista secular, utopía irrealizable, porque no toma en cuanta la falible y engañosa naturaleza humana. Sin religión, o más bien, sin las religiones tradicionales, porque el comunismo, el socialismo, el humanismo secular y el ateísmo son también religiones, con credos, templos y un número cada vez mayor de discípulos. Aquí, nuevamente, salen a la luz las ideas comunistas de John Lennon. Porque los comunistas consideran que la religión es el opio de los pueblos; por eso, según ellos, debemos evitarlas como la peste (nuevamente, las religiones tradicionales, especialmente el cristianismo).

Imagine no possessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
A brotherhood of man
Imagine all the people
Sharing all the world

John Lennon y su esposa, Yoko Ono, eran millonarios. Es más, Yoko era y sigue siendo más acaudalada que lo que fue John. ¿De manera que un mundo sin posesiones? ¡Por favor! Hasta en los países comunistas se tienen algunas posesiones, aunque en verdad pertenecen al estado, cuyos gobernantes son los únicos ricos y privilegiados en estos regímenes totalitarios. ¿Un multimillonario predicando lo que no estaba dispuesto a practicar? ¿Cómo se llama esto, me podrían decir? Porque jamás se le ocurrió irse a vivir a Cuba, China o la URRS, a compartir el igualitarismo—allí nadie tiene nada—con estos sometidos, maniatados y amordazados pueblos, víctimas del totalitarismo comunista del que inconcebiblemente aún hay tantos simpatizantes en el mundo, particularmente en Latinoamérica, nuestro gran solar tercermundista, tan acostumbrado al caudillismo. Las comunidades hippies de los 60 no existen hace muchísimo tiempo. La mayoría de ellos hoy son empresarios, muchos acaudalados y con innumerables posesiones. ¿Qué pasó con la idea utópica de “imagine no possessions”? Ciertamente, como dije al principio, no analizamos la letra de las canciones. ¿O es que el lector es tan joven o tan babieca que todavía cree en cuentos de hadas y concuerda con las simplezas y desvaríos, por no decir otra cosa, de Lennon en esta canción? ¿Estaría el lector dispuesto a despojarse de toda posesión terrenal, a no poseer absolutamente nada? ¡Imagínese a las mujeres, sobre todo a las latinoamericanas, sin cosméticos, sin ropa de última moda, sin carteras y sin tacones—se acaban las heroínas de las telenovelas latinas. ¡Qué crimen, caballeros! Betty la fea sería reina en este mundo: “A mí no me asustan, Jeje”. Claro, claro, tantos patitos feos y los hombres se verían obligados a conformarse con “la belleza interior”: ¿Nicolás sin la foto de Patricia Fernández? ¡Cómo así, Betty! Y esto sí que es difícil de concebir—, y a los hombres sin desodorante, sin un automóvil, sin buena ropa, y sin chicle para el mal aliento! ¿Se imaginan a todas las mujeres parecidas a Yoko Ono? ¡Se acaba el mundo por falta de procreación! ¡Y todos sin poder decir lo que realmente piensan de todo esto! ¡Todos comiendo en un comedor público, como los indigentes, o peor aún, con libreta de racionamiento, y usando trapos gastados, en vez de ropa de marca! Un momento, yo conozco un sitio idílico donde se disfrutan todos estos “logros” y muchos más, porque son realidades cotidianas: Cuba. ¡No, no, no: no es posible que a estas alturas del juego el lector aún crea en el mito de los logros de la revolución cubana! Continuemos con la canción…

You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope someday you’ll join us
And the world will be as one

No, John, no eras un soñador sino un iluso. El comunismo europeo y ruso se desmoronó. Sólo quedan China, Cuba y Corea del Norte, y algunas naciones, con sus serviles payasos a la cabeza lamiéndole las ensangrentadas botas al rojo fantoche de La Habana,   jugando con la fracasada filosofía socialista, como Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, además de todos los profesores universitarios izquierdistas en sus torres de marfil en el mundo, con su rebaño de fieles y obnubilados seguidores en las aulas, donde se les enseñan las “virtudes” del ateísmo, del relativismo moral, del globalismo, del antipatriotismo, de la corrección política, del multiculturalismo, del desprecio al capitalismo y el odio a Estados Unidos, del pacifismo (que no es otra cosa que debilidad y no hace más que envalentonar a los enemigos de la paz en vez de derrotarlos), y donde el revisionismo histórico campea por su respeto.

No obstante, lo cortés no quita lo valiente. Por eso es que digo: John, me encanta la música de Los Beatles, pero ahí paro de contar. El resto de tu legado, te lo regalo. Tus ideas, tu cosmovisión y tu ejemplo los quiero a cien años luz de mí.

Hoy, más que nunca, hay que cuestionarlo todo, especialmente si proviene de la cultura popular (particularmente música, cine y cualquier programa televisivo) y de las asignaturas de humanidades y ciencias sociales de las universidades. Es necesario examinarlo todo y retener lo bueno. Pero, ¿cómo podremos desechar lo inservible y retener lo bueno sin tener bien afilado el cuchillo del discernimiento, es decir, sin haber aprendido la diferencia entre lo uno y lo otro? Ya esto es tema para otra entrada. Sin embargo, concluyamos señalando que, sobre todas las cosas, es necesario buscar la verdad, aunque su descubrimiento nos obligue a cambiar de parecer y hasta de rumbo, y aferrarse a la misma como si nuestra vida dependiera de ella, porque en realidad depende de ella. Lamentablemente cada día hay menos personas interesadas en la verdad, sin embargo, ésta es la que nos hace verdaderamente libres, sobre todo intelectual y espiritualmente.

GIVE TRUTH A CHANCE!

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.


Influencia del ateísmo y el humanismo secular en el arte contemporáneo

enero 21, 2009

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Colorful Glass Reflection, arte digital

Guido F. Castellanos

 

 

 

 

El verdadero artista siempre ha empleado su arte para hallarle sentido al mundo en que le ha tocado vivir. Su arte, ya sea la literatura, la poesía, la pintura, la escultura, la música, o la actuación, es tanto su herramienta para el continuo descubrimiento, como el medio para la transmisión de sus descubrimientos al público, pues la obra artística se destina a los demás. El artista no sólo comparte tales develamientos con el mundo, sino que él mismo se convierte en vehículo de cultura.

 

 

Gabriel García Márquez, galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1982, en su libro de memorias titulado Vivir para contarla, con mucho acierto dice: “La vocación artística es la más misteriosa de todas, a la cual se consagra la vida íntegra sin esperar nada de ella”. Dicho esto, es necesario señalar que, lamentablemente, el arte contemporáneo, regido mayormente por un código humanista secular, ateo, materialista, y políticamente correcto, ha asumido un papel central como medio de autorrealización y de libre expresión. Y digo “autorrealización y libre expresión” porque éstas no son equivalentes de auténtico arte. En la actualidad innumerables “artistas” emplean la pintura, la escultura, la poesía, la literatura, la música, la actuación, como vehículos para exteriorizar un ser íntimo y recóndito que con harta frecuencia, aun después de una reiterada exteriorización, es incomprensible para los demás.

 

 

Hace poco leí la entrevista de una poetisa, quien declaró sin el menor reparo que su único dios es la poesía. Supongo que estos “poetas ateos” concuerdan con el bardo inglés Shelley cuando éste afirma que “la poesía, con su servidora la imaginación y su ambiente natural la libertad, constituyen el trípode sobre el que se apoyan la civilización y la ética”. Este renombrado poeta e intelectual inglés fue uno de los fervientes discípulos del trastocado intelectual Juan Jacobo Rousseau, sustentaba principios socialistas y perseguía una transformación política que incluía la destrucción de la religión organizada. Lamentablemente, hay artistas que tienen fe en muchas cosas menos en el verdadero Dios. Ciertamente si Dios no existiera, cualquier dios podría ser bueno, si se entiende por “dios” cualquier persona o cosa que tiene la preeminencia en nuestra vida; el arte sería posiblemente uno de los mejores. Pero como que Dios sí existe, ningún substituto satisface plenamente, ninguno es bueno aparte del Dios verdadero; todos se convierten en simples ídolos con pies de barro, y con harta frecuencia en tiranos. No es de extrañar que el arte contemporáneo haya sustituido en gran medida a la religión organizada.

 

 

La influencia demoledora del ateísmo y el humanismo secular en el arte contemporáneo se pone de manifiesto en la creciente y desafortunada tendencia de empequeñecer al ser humano y despojarlo de su dignidad. Se ha ido colando el concepto humanista secular y ateo de que no somos más que carne, huesos y fluidos corporales, que no tenemos un espíritu que trascenderá a nuestros cuerpos mortales, limitados por la materia, el espacio y el tiempo, por lo que muchos artistas se han obsesionado con la miseria, la degradación, la decadencia y la vulgaridad. Estos temas son ensalzados y recurrentes en sus obras. Y muchos, si no se han adherido de lleno al feísmo, al menos incursionan en el terreno de esta tendencia artística y literaria que se empeña en defender lo antiestético y lo vulgar.

 

 

Como acertadamente ha expresado Pedro Carrero Eras, profesor de literatura de la Universidad de Alcalá de Henares, en España, “el arte, en cualquiera de sus manifestaciones y recursos temáticos, está obligado a distanciarse de la vulgaridad”. La vulgarización de las artes, particularmente de la literatura, es mayormente fruto del relativismo moral, el cual se origina en el ateísmo y el humanismo secular. Hay escritores que ridiculizan la misma noción de la expresión vulgar y desvergonzada y rinden culto al mal gusto, porque para ellos todo lenguaje, por procaz y ofensivo que sea, es válido para expresarse libremente. Porque lo que estos artistas llaman “libertad de expresión” a menudo no es otra cosa que un conveniente pretexto para el egoísmo, la irrespetuosidad y la desvergüenza. Con frecuencia esa “libertad de expresión” que tanto exigen, cacarean y defienden no es más que burdo libertinaje. De manera que el concepto de vulgarización, en lo que a la literatura se refiere, es inaceptable para estos literatos modernos. Sin embargo, la marcada vulgarización de una sociedad, como la cubana bajo el régimen marxista y ateo de La Habana, es innegable síntoma del avanzado grado de relajamiento y decadencia de una cultura que ha sido brutal y sistemáticamente destruida. Los artistas no hacen más que reflejar en su obra esa destrucción. Y si para ellos Dios no existe, si impera el relativismo moral, y lo procaz y degradante es plausible como legítima expresión artística, ¿de dónde provendrá la inspiración para crear un arte de elevado vuelo, ennoblecedor, que realmente inspire y edifique? ¿Del nihilismo, del relativismo moral, del feísmo, del empobrecimiento y la vulgarización cultural?

 

 

Lo antes dicho tiene poco o nada que ver con la creación de “arte religioso”, porque el elemento religioso con harta frecuencia está presente en el arte de los ateos y humanistas seculares, aunque el mismo sea hostil al Dios verdadero y al cristianismo. Por eso es que en tantos museos y galerías de arte contemporáneo, al igual que en librerías, cada día se exhiben y se ponen a la venta mayor número de “obras de arte” y “literarias” en las que se celebra lo chabacano, lo escatológico, lo chocante, lo grotesco y lo vulgar.

 

 

Para concluir, citemos como ejemplo las obras de dos pintores franceses afamados de siglos pasados: George Rouault y Henri de Toulouse-Lautrec. El artista católico Georges Rouault pintó prostitutas, como también lo hicieron numerosos de sus contemporáneos. Sin embargo, vale la pena notar la diferencia entre la obra de Rouault y la de Tolouse-Lautrec. El influyente crítico de arte francés Louis Vauxcelles, a quien se atribuyen los vocablos denominativos de dos estilos artísticos, Fauvismo y Cubismo, notó la diferencia en la obra de Rouault: “A diferencia de Toulouse-Lautrec, cuando Rouault pinta una prostituta no existe el deleite cruel de presenciar la exaltación del vicio por parte de una criatura. Él sufre y además llora”. En esto, precisamente, radica uno de los grandes males que aquejan al arte contemporáneo, fruto primordialmente de la perniciosa influencia del ateísmo y el humanismo secular.

 

 

Guido F. Castellanos

 

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor