Did Jesus Christ Really Exist?

diciembre 7, 2009

 

 

I sometimes get questions about the existence of Jesus from dishonest and ignorant people. Often I feel those questions should not be dignified with a reply.  However, I believe in giving people the benefit of the doubt, and the opportunity to know the true and only Savior, because that is exactly what Christ himself would have done.

People even with the most rudimentary knowledge of history know that at the very least there are, not hundreds, but millions of books written about Christ. History would be almost incomprehensible without Christ. Western culture and American democracy would not have been possible without the influence of Jesus and his words in the Bible. Therefore, doubting the existence of Jesus is equal to saying that history and western culture are based on a myth.

Proving that Christ was a real person is not an issue to any thinking person with a general knowledge of history. However, Christ was much more than a historic figure. He was God in the flesh, the Savior sent by the Father to die for the sins of humanity. He claimed to be the Creator of the universe, the one who can forgive sins. The totality of the prophesies concerning his life and work came true when he came to this world. He also said the Bible is the word of God. Now, if the Bible is not the word of the only true God, Christ was a liar. But if he told the truth, as we believe he did, then the Bible is the word of the living God, and the Bible says that Christ is the only way to heaven, the only Savior. You see, truth is not relative to the individual. Truth is absolute. The law of gravity is an absolute truth. Even if you deny it’s true, if you jump from a ten story building, you will surely pay the consequences. Fundamental biblical truths about Christianity are the same. You may choose to reject them, but you will surely pay the consequences of your decision, and not invalidate those truths at all.

No theologian or serious Bible scholar worth its salt would even dare to challenge the divinity of Christ, much less his existence.

I recommend reading the great little book More Than a Carpenter, by Josh MacDowell, and The Case for Chirst, by Lee Strobel.  Last but not least, read the Gospel of John. You must be warned- reading the Bible could lead to a radical transformation in your own life. Remember, we  cannot both be right about this issue. This is the law of non-contradiction: the opposite of true is false. However, if I am wrong, I have nothing to lose, but you would have everything to lose, because Christ said that he is the only way to heaven, and the only ticket out of hell. What you believe or not will not change these biblical truths; however it will affect your eternal destiny.

 May the historical Jesus, the Christ of the Bible, the Savior of the world, give you understanding and humility to believe and accept these truths and know the Savior personally, not because I say so, but because they are fundamental truths for all humans.

“For God so loved the world, that He gave his only Son, that whoever believes in Him, should not perish but have everlasting life (John 3:16).”

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.

 


El significado de la Navidad

diciembre 1, 2008

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 La adoración de los magos, Rembrandt Harmenszoon van Rijn

 

 

 

 ¿Cual es el verdadero significado de la Navidad? En cierta ocasión formulé esta pregunta a una joven, y sin pensarlo mucho me respondió: “La Navidad es un tiempo de reunión familiar, de festejos, de intercambio de regalos y de música alegre de la temporada”.

 

 La Navidad comercial está a las puertas y, lamentablemente, para la  mayoría de los latinoamericanos, su celebración no trasciende las decoraciones, regalos, comidas, fiestas y otras cosas por el estilo, por muy importantes y significativas que las mismas puedan ser. Esto, por supuesto, dista mucho de expresar cuál es el verdadero significado de la Navidad. Entonces preguntamos: ¿Qué significa realmente la Navidad? La respuesta correcta no es un secreto: la encontramos en el libro que contiene la historia de la Navidad: La Biblia.

 

 La palabra Navidad significa natividad o nacimiento. Cuando hablamos de la Navidad nos referimos, única y exclusivamente, al nacimiento virginal y sobrenatural del Señor Jesucristo, en Belén de Judea. Este nacimiento es singular e incomparable. Ningún otro nacimiento se le asemeja en toda la historia de la humanidad, pues Dios, al traer a su Hijo amado al mundo, quebrantó la extensa cadena de la generación humana. Un ser   sobrenatural vino al mundo por un acto creador de Dios.

 

 En las Escrituras leemos que María, la madre de Jesús, concibió sin haber conocido a un hombre en la intimidad. Fue un acto divino del Espíritu Santo, para preparar una naturaleza humana que fuera pura para el nacimiento de Jesús. El relato del nacimiento nos dice que antes que José y María se juntasen “se halló que había concebido del Espíritu Santo”. En el Evangelio según San Mateo, leemos que el ángel le dice a José, referente a María, lo siguiente: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Y el relato bíblico prosigue, diciendo: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. 1     

                                                                                 

 La palabra de Dios nos dice que le pusieron por nombre Jesús. Este nombre quiere decir Salvador. El nombre “Jesús” le identifica con la humanidad. Él, al nacer de una mujer, como nacen todos los hombres, se asemejó a nosotros en todo.

 

 Sin embargo, hay otro nombre que el Señor recibió. Le llamaron Emanuel, que significa “Dios con nosotros”. Quiere decir que Dios se hizo hombre, que se manifestó o reveló en la carne. Este nombre tiene que ver, muy en particular, con su naturaleza    divina.

 

 Nos hallamos ante dos nombres que nos hablan especialmente de la naturaleza de Jesucristo y nos revelan claramente cuál habría de ser el propósito de su venida a este mundo, a saber: salvar del castigo perpetuo y dar vida eterna a todo aquel que en él creyera. El Señor Jesucristo, cuando caminó sobre esta tierra, fue plenamente hombre, pero también fue plenamente Dios. No cometió pecado, mas fue un ser humano. Sin embargo, siendo hombre, toda la plenitud de Dios habitaba en su cuerpo humano.

 

 Ahora bien, si hacemos un alto en el nacimiento o en la vida misma de Jesucristo, perderemos de vista el propósito de su venida a este mundo, es decir, el verdadero significado de la Navidad. Debemos proseguir hasta arribar a la cruz del Calvario. Dios había trazado un plan, desde tiempos antiguos, para que su Hijo amado lo llevara a cabo en esta tierra. Jesucristo debía morir y derramar su sangre, para que se hiciera realidad el plan de Dios en favor de la salvación del hombre. Sí, el nacimiento de Jesús fue milagroso, su vida fue ejemplar y sin pecado, pero el niño que envolvieron en pañales y acostaron en un pesebre en Belén, era Dios mismo hecho hombre, que venía a la tierra con el solo propósito de morir clavado en una cruz, para pagar la deuda que todo ser humano tiene con Dios; una deuda que sólo Jesús podía pagar.

 

El Señor mismo, momentos antes de morir, expresó que había terminado su obra aquí en la tierra, al decir: “Consumado es”. 2  Y Dios el Padre confirmó, ante los ángeles y los hombres, que la obra de su Hijo había sido aprobada por él, al resucitarle de entre los muertos al tercer día.

 

¿Qué significa, entonces, la Navidad? Significa que Dios nos amó tanto, que extendió su mano de gracia y misericordia y nos dio a su Hijo Jesucristo. ¿Para qué? “Para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”. 3

 

  

¡Feliz Navidad!

 

Guido F. Castellanos

 

 

 Mateo 1:21-23; Juan 19:30; 3 Juan 3:16           

 

 


El regalo del perdón

diciembre 10, 2007

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  El hijo pródigo, Rembrandt Harmenszoon van Rijn

“El perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó”. Mark  Twain 

En cierta ocasión, uno de los discípulos se le acercó a Jesús y le preguntó: “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mat. 18:21-22). Perdonar puede definirse como no volver a tomarles en cuenta a otras personas las ofensas o el daño que nos han hecho. A menudo pensamos que el perdón es un regalo que otorgamos a los demás, sin comprender que el que perdona es probablemente el que recibe el mayor beneficio. El perdón es esencialmente una expresión de amor. La persona que ama sabe perdonar aun a aquellos que no le aman a ella. Tener un espíritu no perdonador es como padecer de un cáncer que nos va minando el alma día tras día, hasta destruirnos.  

El perdón, al igual que la gratitud, es una experiencia liberadora, pues como manifestación de amor tiene el poder de sanar nuestras heridas y contribuir poderosamente a curar las ajenas, porque tiene su origen en el mismo Dios. Además, el perdón produce un inmenso gozo, pues nos trae paz y nos libera del enorme peso del rencor y el enojo que nos agobiaba y nos carcomía a diario. El que perdona se libera del dominio que ejerce sobre él la persona que lo ha herido, pues el rencor y el espíritu no perdonador se convierten en un cruel amo que lo esclaviza y lo va destruyendo paulatinamente. No debemos jamás negarle el perdón a aquellos que nos lo han pedido, pues nuestra sanidad emocional, y a menudo física, depende del perdón a nuestros ofensores. Galileo Galilei dijo: “Los beneficios deben escribirse en bronce y las injurias en el aire” (Galileo Galilei, Opere, IX, 198).            

Aquellos que se han criado en un hogar disfuncional, haya el mismo terminado en divorcio o no, a menudo no saben perdonar, pues, en primer lugar, no se han perdonado a sí mismos por no tener culpa de los problemas o el desenlace de sus padres; en segundo lugar, a menudo están resentidos y no han perdonado al padre, a la madre, o a ninguno de los dos. Una persona proveniente de un hogar así, para poder perdonar, primero debe reconocer que tiene tanto valor como los demás seres humanos y que sus necesidades cuentan. Sin respeto a sí misma primero, la persona no podrá perdonar auténticamente.           

El perdón es también una decisión, lo mismo que el amor. No se ama por casualidad o fortuna, como si el amor que podamos prodigarle a otra persona lo determinara la suerte o el destino. Se ama porque se decide amar, de igual manera que se toma la decisión de perdonar.           

El cristiano verdadero, es decir, aquel que ha experimentado el perdón de Dios por haber invitado a Cristo a entrar en su corazón, debe más que nadie perdonar a sus semejantes, de la misma forma en que Dios le ha perdonado a él todas sus ofensas: pasadas, presentes y futuras.            

¿Por qué en esta Navidad no hacemos memoria de las personas con quienes tenemos enemistad o no estamos en el mejor de los términos por una ofensa no perdonada, y las perdonamos auténtica y definitivamente? ¡Acudamos a ellas, ofrezcámosles nuestro perdón y, si es posible, reconciliémonos con ellas! No, probablemente no vamos a olvidar las ofensas, pero no se las vamos a tomar en cuenta nunca más, ni nos causarán más dolor y amargura. Pidamos a Dios el valor y la fortaleza para hacerlo. Y recordemos: Dios nos perdonará en la medida en que nosotros perdonemos a los demás: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial” (Mat. 6:14). Cristo mismo nos habla con su ejemplo. Cuando fue crucificado, dijo de sus enemigos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.           

En esta Navidad, sobre todos los regalos, ofrezcamos la dádiva del perdón, y descubriremos que, a fin de cuentas, nosotros seremos los que recibiremos los mayores beneficios. Recordemos que Cristo nació en este mundo para que nosotros tuviéramos la oportunidad de ser perdonados mediante su muerte en la cruz. 

¡Feliz  Navidad!                                                                                      

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor

Este artículo fue publicado en El Nuevo Herald, en diciembre de 2006


The Yearly Assault on Christmas

diciembre 7, 2007

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  “For unto you is born this day in the city of David a Saviour, which is Christ the Lord” (Luke 2:11).

 

  

The policy of turning Christmas into a secular Holiday Season is another unfortunate example of the assault on Christmas and Christianity, which every year comes in many forms, in the public square and by businesses who “embrace any form of cultural, religious, secular and ethnic diversity”, but are offended by almost any representation of Christianity. 

 

 We know all too well that Jesus, Mary  and Joseph, the Wise Men, the Angels and the animals, have been replaced by the money making parade and show of reindeer, elves, and Santa Claus. The message of salvation and eternal life through the Son of God, who came down from heaven and became Man, has been lost. There was no room in the inn for Mary, Joseph and the baby Jesus. Today, there is no room in so many hearts for the Savior, but the same people always manage to find room for their cars in the full parking lots of the malls all across the country. The Real Christmas has been replaced by the commercially motivated and meaningless “Holiday Season”. 

 

 Many businesses across the nation have taken the politically correct road, eliminating the word Christmas from their stores and instructing employees to say “Happy Holidays” instead of Merry Christmas to customers. They have become one more Christmas stealing Grinch in the politically correct anti-Christian wasteland in our country. It matters very little how diverse our community or any community is in America. The great majority of customers buying at these stores celebrate Christmas, the birth of Jesus Christ. We are celebrating Christmas, not “the season”, as they say. Such expressions as “Season’s Greetings” are empty phrases that have very little to do with the celebration and true meaning of Christmas. 

 

 We are a nation founded on Judeo-Christian principles, not on secular humanist teachings, which produced the failed Socialist and Marxist-Leninist totalitarian forms of government. If other groups do not celebrate Christmas or choose to celebrate their own Holidays, that is perfectly fine and we respect that. However, here, in the United States of America, to offend and penalize the majority, in the name of “cultural diversity”, and to eliminate any vestige of Christianity not to offend other groups who, for the most part don’t even mind our Christmas celebration and are not offended by it, is not only absurd but downright unfair to the majority of their customers who are, indeed, multi-cultural, but mostly Christian, at least in name and tradition. That is not the way to bring people together. Political correctness is a hypocritical, anti-Christian and, for the most part, failed secular humanistic way of trying to “bring people together in peace and love”.  

There would be no “Holiday” without Christmas. What in the world would we be celebrating without it at this time of the year? May I ask what would be the reason for the Season without Christ? Even in the word Holiday (Holy Day) we can’t get away from the historical fact of the birth of Jesus in Bethlehem, more than 2000 years ago, which was indeed the Holy-Day: “For unto you is born this day in the city of David a Saviour, which is Christ the Lord” (Luke 2:11). This is the original Christmas, the Biblical one, the “Real Celebration”, with Christ at the center, with its message of true peace, hope and salvation, offered to all who are willing to receive it.  

The true meaning of Christmas is summed up perhaps in the best known and loved verse in the entire Bible, John 3:16: “For God so loved the world, that He gave His only begotten Son, that whosoever believeth in Him should not perish, but have everlasting life.” This is why we exchange gifts on Christmas day, because God the Father gave first, and He did not give us a mere material gift, but His only Son, the very best of Heaven, to provide salvation for all who would believe in Him. 

Merry Christmas!  

Guido F. Castellanos  

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor


La agresión anual a la Navidad

diciembre 1, 2007

 

 

 

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“Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11).

 

  La política de convertir la Navidad en una simple “Época Festiva” secular es un lamentable ejemplo más de la agresión a la Navidad y al cristianismo. Estos ataques se manifiestan cada año en los EE.UU. con diversos matices, tanto en el ámbito público de nuestras ciudades, como en el privado de negocios locales y nacionales, los cuales declaran en sus  filosofías y objetivos corporativos  que “aceptan cualquier manifestación de diversidad cultural, religiosa, secular y étnica”, sin embargo, se ofenden casi por cualquier representación del cristianismo.

 

  Sabemos de sobra que Jesús, María, José, los magos, los ángeles y los animales del establo, han sido substituidos por el desfile lucrativo y espectacular de renos, duendes y Santa Claus. El mensaje de salvación y vida eterna mediante el Hijo de Dios, quien descendió del cielo y se hizo Hombre, se ha perdido. No había espacio en el mesón para María, José y el niño Jesús. Hoy no hay espacio para Él en infinidad corazones, mas los estacionamientos de los grandes centros comerciales están repletos. La verdadera Navidad ha sido reemplazada por una vertiginosa  “Época Festiva” de carácter comercial y carente de significado.

 

  Muchos negocios a lo ancho de la nación han optado por la corrección política, eliminando así la palabra Navidad de su vocabulario y sus entornos y dando instrucciones precisas para que sus empleados saluden a sus clientes con un simple “Happy Holidays” o “Felices Fiestas”, en vez de desearles Feliz Navidad. Estos grandes comercios y tiendas por departamentos se han convertido en censores y aguafiestas seculares del público que mayormente les provee sus ganancias, al unirse a las filas de la corrección política de nuestro país.

Poco importa cuán diversas sean nuestras comunidades culturalmente en EE.UU. Estas empresas afirman que los clientes son de primordial importancia para ellos, sin embargo, hacen caso omiso al deseo y la voluntad de la mayoría para no ofender, según ellos, a otros grupos, etnias y culturas. No obstante, la mayoría de los clientes que compran en sus comercios celebran la Navidad, el nacimiento de Jesucristo. Además, en esta época, eso es precisamente lo que celebramos, la Navidad, no una simple “Fiesta de la Época”. Tales expresiones son frases huecas que no tienen nada que ver con la celebración y el verdadero significado de la Navidad.

Somos una nación establecida en base a principios judeocristianos, no a enseñanzas humanistas seculares, las cuales han producido los horrendos regímenes socialistas y marxista-leninistas, entre otros. Si otros grupos no celebran la Navidad o desean celebrar sus propios días festivos, no nos oponemos en modo alguno y los respetamos. No obstante, aquí, en los EE.UU., ofender y castigar a la mayoría, en nombre de la “diversidad cultural”, y eliminar todo vestigio de cristianismo, para no ofender a otros grupos quienes, de todos modos no se sienten ofendidos porque nosotros celebremos la Navidad, no sólo es absurdo sino también injusto para la mayoría de los clientes, quienes de hecho forman parte de una sociedad multicultural pero mayormente cristiana, al menos por tradición y nombre.

No habría “Época Festiva” sin Navidad. ¿Qué celebraríamos en estos días del año sin la Navidad? ¿Cuál sería el motivo del tiempo festivo sin Cristo? Jesús nació en Belén de Judea hace ya más de 2000 años: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11). Esta es la historia bíblica, la auténtica “Celebración”, con Cristo como figura central. ¿No es precisamente el nacimiento del Salvador lo que debemos estar celebrando en esta época anualmente, con su mensaje de esperanza, salvación y genuina paz? 

El verdadero significado de la Navidad se resume probablemente en uno de los versículos más conocidos y amados de toda la Biblia, Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. De hecho, por eso es que intercambiamos regalos en la Navidad, porque Dios dio primero. Y no nos dio un simple regalo material, sino a su propio Hijo, lo mejor del cielo, para salvación de todo aquel que cree en Él. 

¡Feliz Navidad!   

Guido F. Castellanos 

 Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor