El enemigo dentro de las puertas

noviembre 14, 2012

La mayoría de las comunidades cerradas no son más seguras que las abiertas.

A pesar de que la mayoría de las personas quiere vivir en comunidades seguras y los propietarios de viviendas desean  proteger su propiedad y aumentar el valor de las mismas, lo cierto es que la instalación de puertas automáticas de seguridad sólo proporciona una falsa sensación de seguridad, ya que la mayoría de los vandalismos, allanamientos de moradas y robos los cometen individuos en sus propias comunidades. Los ladrones suelen introducirse en casas  que, o bien ya han visitado, o donde conocen a sus ocupantes y su rutina diaria. El malhechor a menudo vive muy cerca de usted. El enemigo contra el cual se supone que las puertas provean protección,  con mayor frecuencia de lo que nos imaginamos, vive dentro de esas puertas. Las estadísticas lo demuestran. Los registros policiales lo confirman. La experiencia de las personas que viven dentro de las puertas lo corrobora.

Muchas personas creen erróneamente que la instalación de puertas de seguridad  incrementará el valor de su propiedad. De hecho, en algunos casos lo contrario puede ser cierto: las puertas disminuyen el valor de las viviendas más cercanas a las mismas. La ubicación, el tamaño del lote, los metros cuadrados de una vivienda y la calidad de la construcción determinan su valor y la medida en que la misma aumenta de precio, pero sobre todo la ubicación. Por ejemplo, si usted vive en una comunidad suburbana donde las viviendas están vendiéndose por un promedio de 120.000 dólares, las puertas de seguridad pueden atraer a algunos compradores, ya que proporcionan una sensación de exclusividad y privacidad, sin embargo, lo más probable es que no contribuyan a aumentar el valor de la propiedad, especialmente si la comunidad no está bien mantenida y en la misma hay varias casas con ejecución hipotecaria.

Lo cierto es que la mayoría de las comunidades cerradas no son más seguras que las abiertas. El acceso restringido provisto por las puertas automáticas puede constituir una barrera psicológica y un elemento disuasorio para algunos, pero el criminal perseverante e innovador encontrará una manera de entrar. Por eso es que instalar una garita con un guardia  24 / 7, a pesar de ser la opción de seguridad más costosa para una comunidad, ofrecerá la mejor protección, ya que las puertas automáticas no son difíciles de franquear, y el criminal puede colarse siguiendo a un residente. Y si el delincuente no vive dentro de esa comunidad, es posible que conozca a algún inquilino de la misma. Puede ser que usted se sorprenda al enterarse de que algunos en su comunidad incluso han vivido durante algún tiempo en un tipo muy exclusivo de comunidad cerrada: la cárcel. Asimismo, los guardias que hacen las rondas en el interior de una comunidad a menudo no proporcionan la protección que la comunidad requiere, porque no están bien entrenados (o no lo están en lo absoluto) y se les paga poco. Una cosa es cierta: la seguridad de una comunidad es tan efectiva como las personas que la proporcionan. Según la policía, la vigilancia vecinal ha demostrado ser uno de los modos más eficaces para disminuir la delincuencia y unir a la comunidad.

Hoy en día muchas personas están hartas de tantas restricciones (las puertas automáticas son sinónimo de restricciones e  inconvenientes principalmente para los residentes, no para los criminales) y cada día hay más compradores que evitan a toda costa adquirir viviendas en comunidades regidas por asociaciones y con puertas automáticas. Las ventajas de vivir en muchas de estas comunidades, donde las viviendas son relativamente baratas y las puertas no pueden interpretarse como un signo de lujo y de estatus social, no son suficientes como para justificar los costos. Con el tiempo, los costos de mantenimiento de las puertas automáticas por sí solos pueden convertirse en una carga financiera demasiado pesada para una comunidad. Por otra parte, las comunidades cerradas de clase alta y media alta proporcionan distinción y constituyen un símbolo de estatus para sus residentes. Como beneficio agregado, las puertas y los guardias pueden proveer cierta protección y una mayor sensación de seguridad, y es probable que aumenten en cierta medida el valor de las viviendas. No ocurre lo mismo con las propiedades de inferior valor de la mayoría de los residentes de una ciudad.

No obstante, en cualquier comunidad cerrada una falsa sensación de seguridad puede convertirse en uno de los peores enemigos de sus residentes. En resumidas cuentas, siempre conviene tener presente que es probable que el criminal viva dentro de las puertas, e incluso que sea su vecino de al lado. Las puertas automáticas y las murallas no ofrecen ninguna protección contra los delitos cometidos por los propios residentes.

Guido F. Castellanos

© Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso escrito del autor.

 

 


La nueva tolerancia

mayo 9, 2012

La nueva tolerancia

El diccionario de la Real Academia Española define la tolerancia como “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. La definición tradicional de tolerancia nunca incluyó la noción de aceptación. El concepto de tolerancia en Estados Unidos proviene de las creencias judeo-cristianas de sus fundadores. Se trata de una tolerancia que promueve el respeto y la protección de los auténticos derechos de los demás, inclusive los de aquellos con quienes estamos en desacuerdo o que son evidentemente diferentes a nosotros. Esta tolerancia tradicional, en la práctica, fue la que permitió que los cristianos, junto con personas que no lo eran, lucharan por la abolición de la trata de esclavos en Inglaterra y Estados Unidos. La puesta en práctica de esta concepción tradicional de tolerancia en la vida cotidiana nos permite vivir en paz con los demás, aceptar a familiares, vecinos, y compañeros de estudio y laborales, a pesar de su raza, creencias, nacionalidad o sexo; y nos permite, además, aprender de otras culturas y de personas de distinto trasfondo religioso y cultural.

En la actualidad, no obstante, la tolerancia ya no es sólo el respeto de las ideas, las opiniones y las prácticas de los demás, sino también la aceptación de las mismas. De manera que la nueva tolerancia trasciende el respeto de los derechos ajenos y exige la alabanza y la aprobación de las  creencias, los valores y el estilo de vida de la otra persona— con la excepción del cristianismo tradicional, al cual se le considera la fuente principal de intolerancia en el mundo. ¿Por qué? Porque se niega a aceptar y a concederles el mismo valor a conceptos, creencias y estilos de vida que no concuerdan con sus enseñanzas. De modo que cualquier persona que se niega a aceptar los conceptos, las creencias y el estilo de vida de otras personas, es señalada como intolerante, prejuiciosa, de mentalidad estrecha, extremista y fanática. Pero hay más: cualquier persona que sencillamente cree que existen verdades absolutas y que hay creencias y comportamientos correctos y otros que no lo son, será  tachada de intolerante. En una cultura donde predomine la nueva tolerancia, se perseguirá la expulsión de la fe cristiana de la vida pública y el confinamiento de la misma a la vida privada del ciudadano.

Debemos respetar y aceptar a nuestros semejantes. Mas esto no significa en modo alguno la aprobación de sus creencias, opiniones y estilo de vida.  Sin embargo, esta aprobación, para sus adeptos, es el distintivo de la “auténtica” tolerancia. Y para que las nuevas generaciones la practiquen sin el menor estorbo, es preciso enseñarles que las verdades absolutas no existen. Lo lamentable es que la persona que no cree en verdades absolutas carece de habilidad para discernir entre el bien y el mal, y por ende termina aceptando la falacia de que cualquier creencia, conducta o actitud, sea de quien sea y venga de donde venga, posee el mismo valor y merece el mismo respeto y aceptación que la de los demás.

En el actual sistema educacional público estadounidense parece que el único concepto religioso que vale la pena recordar es la nueva tolerancia. Por eso no debe sorprendernos que  la misma sea el tema dominante del currículo. La alarmante afirmación de un alto funcionario del capítulo de la Asociación Nacional Educativa de New Hampshire, deja bien en claro el papel que debe jugar la nueva tolerancia en la enseñanza escolar: Si los niños vienen a la escuela con valores diferentes a los que se les enseña en la escuela, los maestros deben alentarlos a descartar las enseñanzas que reciben de sus padres.

¿Qué les parece? No es de extrañar que haya tantos niños confundidos y que estén aprendiendo poco y mal en esta atmósfera enrarecida por la nueva tolerancia. Los maestros ya no son pedagogos sino trabajadores sociales a quienes no se les permite enseñar ninguna asignatura sin pasarla antes por el filtro descafeinante de la corrección política y la nueva tolerancia.  La historia ya no es historia, porque el revisionismo y la corrección política la han convertido en propaganda. La historia se reescribe con una agenda ideológica bien defina de antemano que sirve de pauta, según el momento y las necesidades de un grupo determinado. La verdad no tiene preeminencia en este proceso revisionista y cuando se convierte en un obstáculo de cualquier índole,  se  hace a un lado. Y en este punto preguntamos, ¿en qué país del mundo se enseña una historia nacional que produce un sentimiento negativo en los alumnos acerca de su propia nación? En Estados Unidos. La fallida filosofía educacional imperante en las escuelas públicas estadounidenses, regida por la nueva tolerancia, está causando la frustración y el desencanto de  muchos maestros con vocación, capacidad y experiencia que laboran en el sistema escolar público, lo que trae como lamentable consecuencia la deserción de no pocos de ellos, resultando en mayor perjuicio de la ya empobrecida calidad de la enseñanza escolar.

Una de las consecuencias nefastas de la nueva tolerancia es la pérdida de las convicciones. Para que una persona posea convicciones, es necesario que esté convencida (y valga la redundancia) de que lo que cree es verdad. Pero si esa persona considera que todas las creencias y estilos de vida de los demás son tan válidos como los suyos, ¿qué convicciones podrá tener respecto a sus propias creencias? Por otra parte, aceptar la nueva tolerancia como filosofía de vida significa admitir que lo que uno cree no tiene mayor valor que cualquier otra “verdad”, entonces no existe verdad alguna que valga la pena defender, y ni hablar de morir por la misma. De manera que uno queda a merced de las opiniones personales. Por eso es que, según la nueva tolerancia, todo el que es inflexible en sus creencias y da a conocer sus convicciones es un fanático. Esto pone de manifiesto el problema fundamental de la nueva tolerancia: su propia intolerancia.

En un mundo postmoderno donde cada día hay menos personas que creen en las verdades absolutas y en el que la ambigüedad lingüística y el relativismo moral campean por su respeto, no es de extrañar que se adopte, no sólo una nueva y más conveniente definición de tolerancia, según las nuevas y siempre cambiantes normas morales y éticas, sino que impere el revisionismo histórico, y que a lo bueno se le llame malo y viceversa. Ese es el torcido, políticamente correcto, “tolerante” y peligroso mundo en que nos ha tocado vivir.

Guido F. Castellanos

El Nuevo Herald (Miami, Florida) se negó a publicar este artículo. De más está explicar por qué.

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.


Televisión y decadencia

agosto 11, 2011

Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro.      Groucho Marx 

 La prosperidad material y el avance tecnológico constituyen armas de doble filo que es imperativo saber manejar, de lo contrario pueden arrastrarnos a la decadencia espiritual y cultural, y por ende dar pie al anquilosamiento creativo. Lamentablemente, esta decadencia o desculturización de la sociedad es una realidad actual, gracias, no en pequeña medida, al narcótico más adictivo y de más amplio consumo en Estados Unidos y en todo el mundo: la televisión. La cultura audiovisual de la televisión representa todo lo que la auténtica cultura no es. La persona que busca estímulo intelectual y enriquecimiento cultural, no los hallará en la televisión sino en la buena literatura.

La televisión nos entretiene—y esta es una función válida—y a veces puede hasta instruirnos. Sin embargo, ¿cuánto tiempo pasamos idiotizados por las superfluas y a menudo degradantes tramas televisivas ideadas para nuestro consumo? ¿Somos conscientes de todo el tiempo que hemos perdido hablando de lo que sucede en la televisión, en la mayoría de los casos inconsecuente? ¿Cuántas horas hemos malgastado embobados por una retahíla de culebrones, telenovelas a menudo genéricas,  siempre políticamente correctas y descafeinadas? No en balde al televisor se le llama acertadamente la “caja del idiota”.

La decadencia de la sociedad en todo aspecto y la corrección política han contaminado a la televisión quizá más que a ningún otro medio. Los antihéroes se multiplican como los conejos. La claridad moral ha sido reemplazada por la ambigüedad. En la guerra sin cuartel de los ratings, se apunta a lo más bajo para llegar a mayor número de televidentes. Así, la hedionda marea de vulgaridad continúa su ascenso. Y es que la virtud por excelencia en este espléndido mundo posmoderno— donde las verdades absolutas no tienen cabida, el revisionismo histórico es norma y el razonamiento lógico y el discernimiento fundamentado en el bien y el mal han sido tirados por la borda— es la bendita “tolerancia” de todos y de todo.

Es cierto que no todo lo que nos llega a través de la pantalla chica es nocivo. Sin embargo, quizá uno de los mayores peligros de la televisión es la pasividad de la televidencia, la cual daña la capacidad de abstracción, porque mediante el continuo bombardeo de imágenes, nos lo entrega todo masticado y semidigerido. La televisión es, además, enemiga a muerte de la lectura y la reflexión, ya que nos convierte en espectadores pasivos y nos va formando una coraza de indolencia cada vez más gruesa e impenetrable.

La cultura que debe concernirnos y formarnos es la del libro. La cultura popular de la pantalla chica, superflua y  vulgar, es una agresión continua e inmisericorde contra el pensamiento y contra el conocimiento que verdaderamente enriquece. Aun en el actual mundo en que priman las imágenes televisivas, la cultura está primordialmente ligada a los libros, puesto que las imágenes televisivas no pueden transmitir cultura ya que el sentido de lo comunicado está íntimamente ligado al medio de la comunicación. Esto se debe a que la comunicación de la televisión es parecida a la de la realidad, en la que la voz, los gestos, el lenguaje corporal y las emociones,  junto con otros factores, hacen posible la transmisión del sentido. Sin las imágenes (el medio) la comunicación del significado se hace imposible. De ahí la capital importancia del hábito de la lectura.

El insustituible hábito de la lectura

El mundo está dividido en dos grupos: los que leen y los que no leen. Desafortunadamente, los que leen son una minoría. Las estadísticas recientes sobre la lectura en Estados Unidos, el primer mercado editorial del mundo, no son alentadoras: El 50 por ciento de los adultos carece de la capacidad para leer un libro con nivel de lectura de octavo grado; El 42 por ciento de los graduados universitarios nunca más leyó un libro después de su graduación; Sólo el 5 por ciento de aquellos que se consideran lectores dice haber leído obras exclusivamente de ficción. No en balde en Estados Unidos se han debilitado los vínculos y referencias culturales comunes, y es evidente el empobrecimiento del acervo cultural de la sociedad.

En un hogar donde los adultos no acostumbran a leer, es sumamente difícil que un niño adquiera este insustituible hábito. De manera que quienes no leen o leen sólo cuando están obligados a hacerlo, puestos a escoger, siempre optarán por la pantalla chica. Por eso quien no logra superar su aversión a la lectura jamás podrá ser un buen estudiante, y mucho menos una persona culta, ya que las riquezas de la cultura estarán siempre fuera de su alcance.

Para empeorar aún más las cosas, hoy tenemos el lenguaje escrito en la modalidad del “texteo” telefónico, casi carente de gramática, que no es más que una desintegración del idioma en el que lo único que subsiste es el vocabulario, y para colmo abreviado, en detrimento de la buena ortografía.

El mercado de los libros está en crisis. En Estados Unidos, el decreciente número de librerías en este panorama sombrío continúa librando una valiente batalla para impedir, o al menos retardar, su desaparición. El aumento de la venta de libros electrónicos a nivel mundial y el fácil acceso a las librerías en línea, han agudizado esta crisis, pero no la han causado. Según las estadísticas, la verdad incuestionable es que cada día se venden menos libros y periódicos. El público en su mayoría no recurre a los periódicos y a los libros para informarse e ilustrarse, sino a la televisión y a Internet.

No obstante, la buena literatura nunca pasa de moda, ni es, como algunos piensan, un frívolo pasatiempo de mujeres. La buena literatura ha sido y seguirá siendo la fuente primaria de la verdadera cultura. Por eso es que los libros, cuando hemos aprendido a escogerlos,  a valorarlos y a invertir tiempo y esfuerzo en su lectura, son amigos fieles, pacientes y sabios que enriquecen nuestras vidas como tal vez ninguna otra cosa puede hacerlo.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la reproducción total o parcial sin permiso escrito del autor.

Publicado en El Nuevo Herald el 22 de mayo de 2011,  Televisión y decadencia


La escasez de agua en el sur de Florida

enero 16, 2008

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La escasez de agua en el sur de Florida ha sido frecuentemente tema de primera importancia en los noticieros locales y en la prensa. Ahora se nos han impuesto restricciones más severas en cuanto al uso del agua potable. Y nos preguntamos, ¿qué ocurriría si el Lago Okeechobee no existiera, o en caso real, que por algún motivo no pudieran utilizarse sus aguas? ¿Significaría esto que tendríamos que vernos obligados a soportar restricciones permanentes?

La decisión tomada en 2006 de disminuir los niveles de agua del Lago Okeechobee, en preparación para los huracanes que nunca llegaron, es de hecho una de las causas principales del bajo nivel de agua en el Lago Okeechobee, no la falta de lluvias.

 Sin embargo, según el Distrito de Administración del Agua del Sur de Florida, parece que la culpa de todo la tiene la escurridiza lluvia, que ha decidido no precipitarse sobre el lago Okeechobee. Pero es inútil culpar al tiempo de cualquier crisis de agua en Florida, porque este estado es una de las zonas de mayor abundancia de agua dulce en toda Norteamérica. El promedio anual de precipitación en el estado de  Florida oscila entre 40 pulgadas en los Cayos, hasta cerca de 66 pulgadas en la zona noroeste de la península, para un total de 150 mil millones de galones de precipitación diaria.

Además, el Lago Okeechobee, a pesar de ser el segundo lago más grande de agua dulce en los Estados Unidos continentales, no es el principal abastecedor, sino el “abastecedor secundario” de agua para el sur de Florida. El agua que consumimos se bombea de los mantos acuíferos que se reabastecen de los ríos y por el agua de lluvia que se filtra hasta los mantos. Y estos mantos han recibido abundante precipitación este año para abastecer todas las necesidades de los consumidores.

Otra asunto que sale a la luz es la consideración de otras opciones para solucionar estas crisis, como una mejor administración de los recursos acuíferos. Además, debía tomarse en serio la posibilidad de incluir mercados abiertos para el abastecimiento de agua, lo que podría convertirse en el medio más eficaz para distribución de agua dulce, como lo es para la mayoría de los bienes de consumo.  “El historial de los gobiernos en lo referente al control y el abastecimiento de agua no es bueno”, afirma David Riggs en “Evitando guerras por causa del agua”, en el libro titulado Global Warming and Other Eco-Myths (El calentamiento global y otros mitos ecológicos), editado por Ronald Bailey. Según Riggs, “la experiencia muestra claramente que la mejor forma de distribuir agua es mediante un mercado flexible, en lugar de a través de una burocracia inflexible”.

A pesar de que casi dos terceras partes de los 150 mil millones de galones de precipitación diaria en Florida se evapora o es utilizada por el reino vegetal, después de restarle esta cantidad al total, las lluvias en Florida proporcionan el equivalente de 3076 galones diarios de agua por persona. Por otro lado, el estadounidense promedio consume entre 80 y 100 galones de agua diariamente, según informa el U.S. Geological Service. De manera que debería haber agua potable de sobra sin necesidad de recurrir a restricciones tan prolongadas.

Con la enorme cantidad de precipitación anual en el sur de Florida y la abundancia de lluvias durante los meses de verano y otoño en 2007, a pesar del bajo nivel de agua del Lago Okeechobee, cada vez se torna más difícil tomar en serio el alarmismo tocante a la escasez de agua dulce. El Distrito de Administración del Agua del Sur de Florida debe responder con soluciones sensatas y prácticas, pues nos parece que el problema principal es la deficiente administración de los recursos acuíferos, no la escasez de agua.

Guido F. Castellanos

Se prohíbe la publicación total o parcial sin permiso escrito del autor